¡Bájenle cinco!

Natalia Barrera Güezguán, Comunicación Social y Periodismo
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¿Cuándo las hembristas van a dejar de creer que todo está en contra suya? 

No es de asombro que en un movimiento, en el que se supone que se lucha por la igualdad de derechos, exista una minoría que se vaya a los extremos. Pasó con aquellos que estaban en contra del racismo y la supremacía blanca; el feminismo no iba a ser una excepción. No quiero que se malinterprete mi posición hacia él; yo también pienso que debe haber igualdad en derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, pero, como todo movimiento con éxito y popularidad, hay personas que lo llevan al límite, ridiculizándolo. 

 

100 años atrás, las mujeres no éramos más que creadoras de seres humanos, cocineras y sirvientas. Aunque aún este pensamiento sigue vigente entre algunas personas de la sociedad, hemos ganado espacio en el terreno de la igualdad, pero no el que quisiéramos. Fue hasta 1920 que Betsabé Espinal, una humilde campesina paisa de 24 años, logró armar la primera huelga sindicalista en la historia de Colombia; reclamando igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Y, solo hasta hace 60 años, a las mujeres se nos fue reconocido el derecho al voto. Pero la lucha debe acabar cuando hombres y mujeres tengamos los mismos derechos, posibilidades y estatus en la sociedad. Ninguno de los géneros debe entrar en una posición de superioridad, eso es la igualdad. 

 

La Real Academia de la Lengua Española define el feminismo como “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”, todos lo tenemos claro. Por otro lado, Manuel Alvar Ezquerra, catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid, aporta la siguiente definición del término hembrismo: “Discriminación sexual, de carácter dominante, adoptada por las mujeres”. Se puede decir que aquellas que no solo buscan equidad en los derechos entre ambos sexos, sino que, además, buscan una posición de superioridad, no son feministas, si no hembristas. 

 

Todo extremo es malo y el feminismo tiene el suyo, el hembrismo. No hay ninguna duda del impulso que le han dado las redes sociales a cualquier persona con una idea. Sin embargo, esto puede ser contraproducente a la hora de revisar la veracidad de la información. Cuando estamos en internet o redes sociales, la mitad de las publicaciones o son memes sin sentido o personas que hablan de política como si de su vida misma se tratara.  

 

No sobra decir que ninguna hembrista considera que ha llegado a este extremo y sigue respaldando sus actos y pensamientos bajo la ideología feminista. Es por esto que cuando nos topamos con cosas como las siguientes, se hace necesario reflexionar: el 19 de marzo de 2017, una cuenta en twitter llamada @insumsiones twitteó que, si un hombre rechaza estar sexualmente con una mujer porque su cuerpo no cumple con los cánones estéticos es una “violación inversa”, lo preocupante acá no es solo lo fuerte de sus palabras, sino la cantidad de apoyo que recibió. El ejercicio que se hace necesario es voltear la arepa, si yo como mujer no quiero estar con un hombre gordito, ¿lo estoy violando inversamente también?

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Tenemos un ejemplo más claro y cercano. El 30 de junio de 2009, el Concejo de Bogotá aprobó el Acuerdo número 381 en el que se promovía el “uso del lenguaje incluyente”; este obligaba a todas las entidades distritales a utilizarlo en los documentos y actos públicos oficiales, refiriéndose a utilizar términos como bogotanos y bogotanas. 

 

En este orden de ideas, el lema de gobierno del actual alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, debía cambiar de “Bogotá para todos” a “Bogotá para todos y todas”. Los comentarios y las discusiones no dieron espera. Tal fue la polémica que La Real Academia de la Lengua intervino mediante un tuit en el que respondía que está totalmente correcto utilizar el término “todos” y allí ya venía implícita la inclusión de ambos sexos; ¿cuándo las hembristas van a dejar de creer que todo está en contra suya? 

 

No fue sino hasta la semana pasada cuando El Tribunal de Cundinamarca tumbó el fallo que ordenaba el cambio del slogan, ¿cuánto tiempo se requiere para darse cuenta de que la expresión “todos” representa a los diferentes sectores y que con todo este espectáculo solo se le están cumpliendo los caprichos a las hembristas? 

 

La posición de inferioridad y de debilidad que tenemos las mujeres nos la debemos en parte a nosotras mismas, y el término feminicidio es un claro ejemplo. Y es que hacemos marchas, ponemos el país de cabeza y creamos nuevas leyes como la 1761 (Ley Rosa Elvira Cely) cuando una mujer es asesinada violentamente por su pareja sentimental, pero no hacemos pancartas diciendo “NO MÁS MASCULINICIDIOS” por los 69 hombres que murieron violentamente y los 13.213 que resultaron heridos a mano de sus compañeras sentimentales en 2017. En parte lo atribuyo a los estereotipos tan marcados que tenemos: la mujer es débil y el hombre es fuerte; él no debe llorar porque una mujer le pega o se convierte en una niñita, porque de paso es un insulto. 

 

Lo que intento explicar es que no son necesarios ni necesarias los extremos ni las extremas, indignémonos e indignémonas cuando cualquier ser humano y humana mata violentamente a otro o a otra, cuando se discrimina a alguno o alguna y cuando no se nos respetan los derechos o las derechas. Todos y todas somos iguales… ¿No?  

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