La historia detrás de quienes aspiran a alcaldías
Gobernación en Cundinamarca

Sebastián Martínez, Comunicación Social y Periodismo

El aspirante por el Centro Democrático a la alcaldía de Guasca develó aspectos de su vida que durante el ajetreo de la campaña política no siempre son escuchados.

Foto: Sebastián Martínez

“La siembra de la semilla de los valores es lo más importante para mí”: Omar Cifuentes

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Mientras esperaba en su sede de campaña, llamó a mi teléfono celular y dijo que se demoraría: eran las 10:15 a.m. Era un lugar pequeño, con baldosín pecoso, que se asemejaba a una oficina. A mi costado se encontraba colgado un gran afiche de campaña. Gracias a él, obtuve un vistazo de la persona con la que conversaría: Omar Javier Cifuentes Romero. 

Habíamos acordado encontrarnos quince minutos antes, pero llegó justo antes de que el minutero del reloj de la entrada rozara el número 6. Al llegar, noté que lucía como en el afiche: tenía ojos cafés, su tez era blanca y su cabello era corto, peinado hacia la izquierda. También noté que era alto, acuerpado y de tez blanca. 

Su tono de voz era bajo. Llevaba un jean, una camisa con líneas de colores acordes a la gama cromática de su partido y una chaqueta. En ella se encontraba el logo del Centro Democrático a un lado, y una etiqueta con su nombre escrito en el otro. Sus gafas negras eran cuadradas, con bordes redondeados. Su barba era corta, afeitada hace no más de 2 semanas. 

Resultó elegido como candidato a la alcaldía de su municipio por su partido para el periodo 2020-2023. En vísperas del 27 de octubre, este hombre ha estado bastante ocupado. Lo acompañan Sebastián, candidato al Concejo; su novia, Karen Avellaneda, y su padre, Carlos. Se presenta hablando de su pueblo: “Guasca en lengua chibcha significa «Cercado de Cerros»”, me explica. En este lugar ha vivido casi toda su vida.  

En ocasiones parece no mirar a los ojos mientras habla. Sonríe muy pocas veces. Sus manos al hablar se encuentran entrecruzadas, con sus dedos danzando en un movimiento circular aparentemente ansioso. Cuando no se encuentran así, está de brazos y piernas cruzadas, y esta dicotomía de conductas en su lenguaje corporal se mantiene durante toda la entrevista. 

El Catastro, Galán y la oratoria en su vida 

Luego de hablarme del lugar en que nació, habla de su carrera. Es ingeniero catastral y geodesta, con dos especializaciones. Pero llegar ahí no fue fácil: ser estudiante de pregrado de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas fue el momento más difícil que ha tenido que enfrentar en su vida. Su padre resalta que algo duro para Omar fue la distancia con su familia mientras estudiaba. “Los primeros semestres fueron difíciles, adelgazó. No podía ni comer”. 

Mientras hace un ligero e inconsciente movimiento con su pie, me explica las implicaciones del catastro en la vida común. “Todo se cierra en el arte de servir. Es una carrera netamente social y ambiental, preocupada por la persona: desde el campesino hasta el empresario”. Según me cuenta, las ganas de estudiar esa carrera estuvieron paralelas con las intenciones políticas desde un principio: “Antes de formarme, ya tenía esa meta proyectada de algún día ser alcalde del municipio y este año fue cuando tomé la decisión”. 

Le encanta leer de ciencia política, historia y oratoria. Siguiendo el rumbo dictado por esta última, me da a entender que una de las figuras que más “le mueve el piso” es la de Luis Carlos Galán; lo ve como un ídolo. Coincidentemente, el mismo día de la entrevista, 18 de agosto, se cumplían 30 años del magnicidio de este líder del Nuevo Liberalismo.  

De Galán destaca su afán por actuar con transparencia, su liderazgo y su hablar. Tanto así, que parte de sus discursos son inspirados en él. “Fue un gran ejemplo para el país. Su calidad de oratoria era inconfundible”. Resulta importante para Omar que cada discurso contenga ideas claras y planteadas que se pueden ejecutar. “La oratoria es fundamental para llegar al corazón de las personas y mover masas”, es algo que repite varias veces.  

 

“La política como ciencia” y su legado familiar 

Según Sebastián Sánchez, un amigo cercano y candidato al Concejo, la gente de Guasca está cansada de lo mismo y, para muchos, Omar representa un cambio. A pesar de las dos corrientes en el pueblo (los que ven en el candidato un joven con proyección, y los que le critican su inexperiencia en cargos públicos) va punteando por ahora en la intención de voto. “No tiene ningún escándalo. Ha cuidado bien su imagen”, expresa Sánchez.  

Su familia es guasqueña, de herencia campesina. Su papá, Carlos José Cifuentes Pedraza, es pensionado y tiene 63 años. Fue alcalde del municipio en 2 ocasiones por el Partido Conservador. Sus periodos administrativos fueron 1992-1994, y 1998-2000. Su madre, cabeza de hogar, tiene 55 años. Tiene dos hermanos: uno mayor, de 32, y uno menor, de 23. 

Omar explica que su padre, debido a sus antecedentes en la administración ejecutiva, “apalanca” su candidatura. Incluyendo esto, la familia de Omar siempre ha sido unida, y en este seno se le han infundido los valores que él rezuma hoy día. Omar define este proceso como “la siembra de la semilla”, analogía muy acorde al campo que rodea a su municipio.  

Su hogar, el linaje conservador y su campaña  

A la hora de preguntar por el carácter ideológico de su familia, él responde que “siempre ha sido católica, conservadora y reservada, pero no en el sentido radical”, al igual que Omar y el pueblo. “Guasca es la cuna del conservador por trayectoria cultural. El Partido Conservador en Colombia nació aquí con Mariano Ospina Rodríguez”. Pero, al margen de todo eso, Omar cree que es intrascendente. “La gente ya no se identifica con un partido, se identifica con personas y sus ideas”. Él, en el espectro político, se establece en el centro.  

En cuanto a su plan de gobierno, este se centra en las obras sociales, la educación y el combate contra las drogas. “Estar enfocados en el tema social resulta fundamental, porque si la familia y el individuo están estables, juegan un gran papel en el desarrollo de un ente territorial”. Su eslogan de campaña es “Guasca renace”. Lo explica con las siguientes palabras: “Aquí hay mucha corrupción, estamos endeudados. Como el ave fénix, debemos renacer de las cenizas”.  

Violencia, exilio y su partido 

Algo que llamó especialmente la atención fue el hecho de que, Carlos, su padre, sufrió de violencia en el año 2000: la guerrilla lo amenazó durante su segunda alcaldía, según lo cuenta su familia. “Fue un tema fuerte. Guasca era un municipio que estaba catalogado como «zona roja». Estaba, si no estoy mal, el frente 54 de las FARC. Entonces, a mi papá, cuando era alcalde, le tocó asumir este tema. A nosotros nos tocó irnos. Somos víctimas de la violencia”. Según Carlos, esta experiencia cruel hizo que Omar madurara biche. “Eso fue una vaina que lo marcó y lo va a marcar pa’ toda la vida. A él y al mismo pueblo”, explica su padre. 

La violencia sufrida por la familia guarda cierta relación aparente con el motivo por el cual Cifuentes es miembro de este partido con ideales uribistas. “Uribe trajo la tranquilidad para Colombia. A veces las últimas generaciones no conocen la tranquilidad y seguridad que vivió el país”, dice Omar. A pesar de esto, Karen complementa con que Omar “comparte ideas, pero no es uribista acérrimo. A final de cuentas el partido no es el que hace el candidato”. 

Resulta curioso pensar que para esas fechas, según lo afirma el diario El Tiempo en el artículo “Renunció alcalde de Guasca”, del 22 de abril del 2000, “un fallo de la Corte confirmó la sentencia de segunda instancia que declara culpable a Carlos J. Cifuentes P, primer mandatario de Guasca, por el delito de abuso de la función pública”. Según esta noticia, el padre de Omar tuvo que presentar la renuncia de su cargo 3 días antes de la publicación citada. Esto ocurrió durante su segundo período como alcalde del municipio, precisamente el año en que dicen que fueron exiliados del pueblo por amenazas contra su integridad por parte de la guerrilla de las FARC-EP. Dicho escándalo se debió a un presunto proceso de destitución irregular de una funcionaria pública. 

Su oculto humor y sus proyectos a futuro 

Omar dice ser amante de los animales y del senderismo. Respondiendo a la pregunta ¿ha tenido mascotas?, jocosamente dice “sí, claro. Perros... perras... (Risas)”. Precisamente esta respuesta me sorprendió porque fue de las pocas veces en que sonrió durante la entrevista, sacudiendo la patente frialdad de la conversación. Tal gesto contrasta con algo dicho por Carlos, que en forma de anécdota recalca sus ocasionales chistes ocurrentes. “A veces sale con una barrabasada que lo hace a uno reír”. Según su padre, Omar es una persona muy animada, pero dicha actitud jovial estuvo en su mayoría ausente durante toda la entrevista.  

Pregunté a Omar por el caso alternativo de que no resultara vencedor en las elecciones. En este escenario diferente, remata con esta afirmación: “Seguir trabajando por la comunidad y desempeñar mi carrera. Obvio uno no vive del aire, entonces tocaría seguir con ella”. 

Cifuentes no tiene hijos. Además, por el momento, no tiene planes de casarse o de organizar un hogar. Esto se debe a que, por ahora, sus esfuerzos están volcados en un 100% hacia el ejercicio político. Sin embargo, este empeño por ocupar el cargo más importante del municipio contrasta con su débil tono de voz. Pero, aunque el discurso de Omar en ocasiones peque de flaqueza y debilidad, su ambición trasciende esta condición porque tiene aspiraciones son claras y certeras. 

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