La historia detrás de quienes aspiran a alcaldías
Gobernación en Cundinamarca

David Suárez, Comunicación Social y Periodismo

Su mayor aspiración es hacer de Tabio el municipio del que espera ser alcalde, un espacio en el que los jóvenes puedan emprender a través de proyectos digitales.

Foto: David Suárez

Cesar Mauricio García, un hombre del hogar
 

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“Tabio es mi casa”, afirmó César Mauricio García Montaño, candidato a la alcaldía de dicho municipio, justo antes de cortar la entrevista por primera vez. No lo hizo de mala manera, ni mucho menos buscando mi salida de su oficina. Al contrario, el candidato realizó esto para ayudarme. O bueno, realmente, para ayudarnos a ambos. 

No quiero imaginar cómo es un horario caótico para el hombre de 38 años. Entraron, salieron y volvieron personas una y otra vez. Todos buscaban a mi entrevistado, por una u otra razón, sofocándolo de información y llevándolo de reunión en reunión. Por ello, García aprovechó la presencia de sus amigos y compañeros para mantenerme ocupado mientras atendía a alguien más. No dudó en presentármelos y acercarlos a la mesa, siendo él mismo quien le solicitó a cada uno de ellos colaborarme con un testimonio. Nadie se negó. 

Sin saberlo, esta situación ejemplificó y corroboró las palabras de Luis Alberto Forero, trabajador independiente, quien conoce a García desde que este último tenía 8 años de edad. “Él como persona tiene el carisma de escuchar a la gente, de decirles ‘bueno, voy a bregar y hacer lo que me está diciendo usted’. Por ejemplo, el plan de gobierno lo hizo escuchando a  la gente, a todas las veredas, a todos los sectores”, aseguró. Sin embargo, tanto carisma entorpeció no sólo mi entrevista, sino todas sus reuniones.  

Fue fácil hallar su sede de campaña. Infinidad de posters con la frase Mauricio García #UnidosPorTabio eran visibles desde la ventana del bus a más de una cuadra del sitio y me dieron la seguridad de estar en el lugar correcto. 

Un gran muro enladrillado, de aproximadamente dos metros de altura, pintado de amarillo y con decoraciones azul cielo, separaba la calle de la casa en la que García trabajaba con su equipo. En esta pared se encontraban los afiches que tantas veces había visto en su página de Facebook y que me dieron la seguridad de que al cruzar la puerta azul metálica en la mitad del paredón conocería al hombre cuya cara se repetía constantemente a lo largo de la cuadra. 

Desde la entrada, se sentía al pueblo. Un corto camino de piedras me guio a una casa rústica, en la que en las paredes de afuera habían más afiches de García junto a pequeñas frases motivacionales en recuadros azules, con objetivos que busca cumplir en su campaña. Al interior, la edificación se mostraba un poco oscura, con paredes blancas y piso de madera. Parecía estar sacada de una película norteamericana desarrollada en el campo, en donde el protagonista mantiene los pies en la tierra gracias a la humildad de sus raíces.  

Su seriedad 

Al entrar, a la primera que vi fue a su secretaria, Yolanda Zárate.  Cuando me vio, se levantó de su silla, me saludó y me dijo que García se encontraba ocupado. Ella no había terminado de decir lo anterior cuando volteé mi cabeza y lo vi venir hacia mí. Yo había llegado antes de tiempo, por lo que me pidió que lo esperara mientras atendía otra cita. Se veía sereno y parecía tener el tiempo cuadrado perfectamente. Sin embargo, poco a poco empezaron a llegar sus compañeros.   

Aproximadamente a las 3:05 de la tarde pasé a su oficina. Lo primero que noté fue el tono brillante, e incluso chillón de las comunes y coloridas sillas Rimax.  Dos de ellas (una verde y una roja) estaban pegadas contra un escritorio de madera rústica alargada en donde habían muchos más posters del candidato. Tras la escribanía había, pegado a la pared blanca, un pliego de papel periódico con muchas manos pintadas, aparentemente de niños, uno de sus afiches, uno de una señora llamada Constanza –La palabra más grande y legible del poster–, un tablero y, en diagonal, un mapa de Tabio al que iluminaba perfectamente la ventana del lado contrario. 

César García entró después de mí. Él era una persona seria, muy cordial, tal vez en extremo, y por eso mismo se afanaba tanto por atender y hacer sentir como en casa a quienes lo visitaron. Su aspecto frío y calculador, probablemente, lo podían hacer ver como alguien cerrado y un tanto antipático, así como a un hombre obsesionado por mantener las cosas bajo control. Era calmado y pausado en su hablar y no tenía reparo en cortar sus ideas mientras yo tomaba mis apuntes, además de que se notó bastante atento a las preguntas, sin temor de tomarse su tiempo para contestar. 

“Es una persona amable, sencilla, con bastante carisma, es noble y ante todo es un gran amigo y sigue haciendo amigos”, sentenció Pablo Emilio Alarcón, quien conoce al candidato desde la niñez. Esta fue, para mí, la explicación perfecta al porqué de su actitud frente a la entrevista y sus invitados. Esta forma de actuar está en él desde hace mucho tiempo.  

Hijo de la vida 

A diferencia de lo que la imaginación recrea al mencionar la palabra “político”, César García no vestía de traje ni corbata. Usó una chaqueta de cuero café que mantuvo abierta toda la tarde, de tal forma que dejó entrever una camiseta tipo Polo blanca cuyo contraste era notorio con el ancho pantalón negro, y sus tenis del mismo color, que llevaba. Además, fue imposible obviar sus gafas rectangulares de marco negro y lentes largos.  

 

Sin embargo, nada en su outfit ha de ser tan importante para él como su anillo matrimonial. Dorado, redondo, reluciente,  fácil de poner y quitar y puesto en el dedo anular de la mano derecha. La argolla de Mauricio García resaltaba, no por su exuberancia, sino por un pequeño juego que tenía el candidato con ella mientras escuchaba mis preguntas en el que con su pulgar intentaba girar el aro. Acerca de su pareja, Claudia Mora, afirmó: “Ella es una mujer inteligente, trabajadora, que tiene una visión del municipio también. […] Hacemos un buen complemento”. 

De esta unión han nacido 3 hijos: Camilo, Liliana y uno muy pequeño al cual, por petición del entrevistado, no se le nombrará. A pesar de no entender la política, el entrevistado comentó que a los infantes les gusta la idea de que su papá sea candidato a la alcaldía.  

Lo anterior, probablemente, fue un impulso para que García buscara apoyo en los jóvenes realizando reuniones con ellos antes de oficializar su campaña. En su plan de Gobierno se estipuló la búsqueda del emprendimiento juvenil a través de proyectos digitales y de esta manera lograr mejorar la educación. “Quiero traer para Tabio un punto SENA, para que los muchachos estudien aquí también”, afirmó. “Aparte, está la estrategia de llevar conectividad al 100% del municipio”, recalcó. 

Retomando el lado familiar, el político conservador tuvo que ver a su madre luchar contra un cáncer de seno que apareció en 1994, cuando él apenas tenía 14 años. “Fue un proceso muy difícil. [...] Fue un choque duro con la vida porque fue enfrentar muchas cosas de manera independiente”, dijo García con la misma calma que había tenido en toda la entrevista, pero con un toque de nostalgia en su rostro.  

La señora Flor Montaño perdió la batalla contra la enfermedad 13 años después de ser diagnosticada, no sin antes regalarle una última lección a su único hijo: “Mi mamá me enseñó a tener fortaleza ante la adversidad, luchar hasta el final, nunca decaerse, luchar por los ideales y jamás perder la esperanza”, sentenció el candidato.  

Al hablar de su padre, comentó: “Yo siempre he dicho que mi papá no solamente ha sido mi papá, sino también mi mejor amigo. […] Ha sido una persona de mi total confianza […] y nunca ha habido ningún secreto entre los dos”.  

La lucha por Tabio 

“Mi papá es una persona que me ha enseñado siempre el valor del trabajo y el valor de la honestidad”, dijo García. En este último, es necesario hacer énfasis, al menos, por un breve instante. Tabio es el municipio de la zona Sabana Centro con menor presupuesto –18.000 millones –, según las palabras del candidato, y a pesar de ello ha sufrido por la corrupción. “Hay una corrupción muy verraca. La gente que sube de alcalde no piensa sino solamente en ellos y en la rosca de ellos”, aseveró Forero.  

Sin embargo, al ser cuestionada sobre si cree que con César Mauricio García la corrupción continuará, Laura Liliana Cano, candidata al Concejo Municipal, sentenció: “Él es una persona de valores, honorable, no robaría al municipio”. Por su parte, Pablo Alarcón comentó: “Él ha estado desempeñando puestos públicos de responsabilidad, tanto en la administración municipal acá como en el Ministerio de Comunicaciones. Su preparación, el hecho de ser abogado, sus maestrías respecto al tema, eso hace que se dé la garantía”.   

Para contrarrestar lo expuesto anteriormente, García propuso 3 estrategias a desarrollar en caso de ser elegido Alcalde Municipal: racionalizar el gasto público, conseguir recursos de entidades nacionales y departamentales por medio de la gestión de proyectos y crear una política tributaria en donde los impuestos sean acordes a las obras a realizar. 

Mauricio García “es una persona humilde, con toda la experiencia, que sabe cómo se encuentra el municipio en estos momentos porque ha sido Secretario de Gobierno”, afirmó el candidato al Concejo Víctor Manuel Amaya Carvajal. Desde hace 15 años, García ejerce cargos en el sector público, en los que ha sido jefe de la oficina de control interno y asesor de la viceministra del MinTIC en 2010. Esta experiencia significa para él una pequeña ventaja sobre sus contrincantes. “Permite tener una visión global del municipio, de sus problemas y buscar alternativas para un desarrollo sostenible”, finalizó. 

La persona detrás de la corbata 

Una de las cosas más difíciles de la jornada fue la constante respuesta “no sé” ante la pregunta acerca de los defectos del hombre nacido en Tabio, pues, como se ha expresado en este relato, prioriza los valores del respeto y la cordialidad ante los demás. Sin embargo, García remarcó la ansiedad como su principal aspecto a mejorar. “Siempre lo he sido (ansioso)”, concluyó. 

Sumado a lo anterior, “le falta un poco de expresión”, aseguró la señora Cano, y “es una persona honestísima, antes, me parece que a veces ya exagera”, dijo Javier Díaz. “Lastimosamente, a veces la gente confunde la honradez con estupidez. […] A Mauricio García a veces lo interpretan, e interpretan su honestidad, cómo: ‘Ah, parece bobo’”, finalizó. 

No obstante, el candidato a la alcaldía por el Partido Conservador Colombiano me inspiró confianza durante toda la entrevista y se comportó, más que como un entrevistado, como un anfitrión, que buscó todo el tiempo mi comodidad y mi amaño con lo que estaba haciendo. 

“A mí lo que me gustaría, más allá de ser el alcalde de Tabio, es dejar un legado; no solamente para el municipio, sino para mis hijos y las futuras generaciones”, comentó. A futuro, y de llegar a cumplir su sueño de ser alcalde, el candidato expresó su deseo de que sus hijos crezcan en el municipio de Sabana Centro tal cual como lo hizo él. Además, en el ámbito profesional, confesó que una gran meta para él sería poder dirigir un ministerio. 

César Mauricio García perdió su mirada en el horizonte por un momento. Fue justo después de finalizar la entrevista, durante un corto tiempo en el que salí de la habitación. Por primera vez en toda la tarde se encontró sólo. Sabía que debía aprovechar esos momentos en donde las reuniones y el asedio de sus compañeros se detenían. No me animé a preguntarle qué estaba pensando, porque de seguro en su cabeza sólo hay una cosa desde que empezó su campaña: “Quiero dejar huella”, cómo me repitió un par de veces. ¿Cómo no creerle? A final de cuentas, Tabio es su casa. 

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