La historia detrás de quienes aspiran a alcaldías
Gobernación en Cundinamarca

Paula Poveda, Comunicación Social y Periodismo

Por tercera vez, es candidato a la alcaldía del municipio salinero, con el respaldo del Polo Democrático y de la Colombia Humana.

Foto: Paula Poveda

Felipe Durán, ficha clave de la izquierda en Zipaquirá

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A paso firme y seguro, se acerca. Cruza la calle con determinación y saluda a quienes lo observan fijamente. Es fácil reconocerlo, basta fijarse en el color de su camisa: morado. Es el color que ha caracterizado su campaña a la alcaldía de Zipaquirá desde el comienzo y que le ha dado el sello distintivo frente a los otros candidatos. Representa la lucha de los partidos alternativos, de los movimientos sociales y del esfuerzo de las mujeres por la reivindicación de sus derechos. Para Felipe Durán, el morado es el nuevo color de la esperanza.  

 

Llega a la puerta de su sede de campaña a la hora acordada. Allí están colgados varios afiches con su imagen y un hombre que cuida carros en la acera de enfrente se acerca a él. Durán, amablemente, le estrecha la mano y cruzan unas palabras. Luego, saluda a uno de sus colaboradores y le pregunta algo, probablemente me está buscando. Me pongo de pie y me acercó a él. Puedo notar en su rostro que está sorprendido, tal vez, esperaba a alguien mayor.  

 

Al ingresar a su sede de campaña, más que un sitio de reuniones esporádicas y ocasionales, me encuentro con un ambiente cálido y con cierto aire a un hogar. Es una casa de dos pisos, sin lujos ni opulencias, prestada por el padre de un amigo de su juventud. El lugar había estado por más de dos años solo y no estaba en buenas condiciones, por lo que, con la ayuda de voluntarios, entre ellos candidatos al Concejo, lo pintaron, lo arreglaron y lo convirtieron en el centro de su lucha política.  

 

Cuando me cuenta la historia de su sede, entiendo el punto que recalca durante toda la conversación: su campaña está libre de maquinarias políticas y hecha “con las uñas”. Durante este proceso, Durán ha estado acompañado por un grupo muy grande de voluntarios, que no reciben ningún tipo de retribución económica, y que lo ayudan motivados, únicamente, porque coinciden con su visión de mundo y su plan de gobierno.                          

 

Me hace pasar a una sala con un sofá de color café y algunas sillas puff. Este hombre de 40 años, nacido en 1979, aún conserva muchos de los modales de su época, pues en el momento en que nos sentamos, respondió los últimos mensajes, apagó su teléfono celular, lo dejó sobre el sofá y se alejó de él. Me escucha y, mientras hablo, me mira fijamente. En ese momento, me parece increíble que yo haya pasado por alto un detalle tan notorio: sus ojos son de un color verde claro difícil de encontrar. Esos ojos, que se esconden tras unas gafas cuadradas de color gris, tienen un brillo especial y transmiten serenidad, paz y confianza.  

 

De espectador a protagonista   

 

Este hombre, de bigote y cejas rubias, con barba casi imperceptible, un peinado impecable, alto y robusto, aunque no gordo, no siempre fue lo que es ahora. Creció en una familia en la cual su madre era cabeza de hogar y sus hermanas mayores lo acompañaban, lo que le permitió adquirir una conciencia de respeto hacia la mujer, entender el rol fundamental que juega dentro de la sociedad y alejarse completamente del machismo. Esta misma mujer, su madre, sin saber que este sería el inicio de un largo camino en la política, lo animó a participar como pregonero de “La Séptima Papeleta”, el antecedente inmediato de la Constitución de 1991. 

 

“Yo no tenía muy claro en qué estaba participando y cuál era la importancia de eso- afirma Durán- pero terminé ahí con una mochila cargada al hombro y llena de papeletas”. Este fue el comienzo, aunque inconscientemente, de su carrera política. Al graduarse de bachiller del Instituto Técnico Industrial, trabajó por un año como guía de la Catedral de Sal de Zipaquirá. Afortunadamente, pasó a la Universidad Nacional de Colombia, una experiencia que recuerda como una de las más emocionantes de su vida, y de allí se graduó como politólogo. Este paso por la universidad pública lo marcó mucho, pues aún recuerda las palabras de Eduardo Umaña Luna el día de la inducción: “ustedes están estudiando acá gracias a la sociedad, y al ser egresados de esta universidad deben devolverle eso de alguna forma a la gente”.  

 

A partir de ese momento, y con la influencia del enfoque social y alternativo de la universidad, buscó llegar a las personas por medio de la política porque, como recalca, “el fin de un gobierno es la gente”. De esta forma, siempre se ha ligado a partidos de izquierda o de centro izquierda, como el Polo Democrático. Es así que, en el 2008, luego de haber trabajado como Coordinador del componente social de Familias en Acción en Cundinamarca, se convirtió en concejal de Zipaquirá por el Polo. Con este cargo, se le facilitó conocer mucho mejor el municipio en todas sus dimensiones, descubrir las necesidades reales de la gente y participar en la ponencia de proyectos como el que le dio inicio a la construcción del nuevo hospital que está ad portas de su inauguración.    

 

Mientras habla, mantiene las yemas de los dedos unidas formando un triángulo con las dos manos. Enfatiza algunas palabras subiendo el tono de la voz, y luego vuelve a la tonalidad natural. Por momentos, no encuentra las palabras y en su cara veo que se esfuerza por hallar las expresiones adecuadas para lo que intenta transmitir. Para él, “pensar las cosas más de la cuenta” es su mayor defecto. Reconoce que muchas veces se tarda mucho en tomar una decisión y que necesita primero estudiar las cosas, porque la palabra “improvisar” no existe en su vida. Sabe que su carácter reflexivo y de tendencia analítica puede ser malo en momentos de decisiones rápidas, pero los ciudadanos tienen la garantía de que nunca tomará una determinación desde la emoción sino desde la racionalidad.  
 

Una vida entregada al servicio a la comunidad 

 

Luego de su paso por el Concejo, en el 2011 decidió lanzarse como candidato a la alcaldía de su municipio por el Polo Democrático. La gente aún lo veía muy joven y sin experiencia, además le repetían una y otra vez que sin maquinaria política no se podía, a lo que Durán respondía tajantemente: “una cosa es el dinero y la maquinaria y otra el valor y el poder de la comunidad”. A pesar de sus esfuerzos, no ganó, aunque reconoce que no todo fue pérdida. En medio de la campaña, conoció a la que ahora es su esposa, Juliana Rodríguez, una mujer que persigue el mismo objetivo de construir un lugar diferente. Junto a ella y Nicolás, conformaron un hogar que lo ha hecho crecer mucho como persona y le ha modificado su visión de mundo. Él acepta que tener una familia ha hecho que modere mucho su discurso, pues ahora él no está solo, sino que dos personas lo necesitan y mucho de lo que pasa en sus vidas depende de sus decisiones.  

 

En el 2015, nuevamente se lanzó a la alcaldía por el movimiento progresista, hoy conocido como “Colombia Humana”, en cabeza de Gustavo Petro. Durán reconoce que ha admirado a Petro desde que lo veía en los debates en el Congreso, por allá en el 2000. Además, lo sentía familiar ya que, el hoy congresista, creció en Zipaquirá y muchos de sus ideales políticos se gestaron en el municipio. Lo admira porque es capaz de hablarle a la gente sin rodeos y haciendo debates bien argumentados, lo que indudablemente influyó en la decisión de Durán de ser concejal y luego, candidato a la alcaldía. En su segundo intento de ser alcalde, consiguió 10.000 votos y para él fue una ganancia, pues trabajó fuertemente y sin influencias. 

 

Su paso por la Secretaría de Desarrollo Económico, Agropecuario y de Turismo de Zipaquirá, lo emociona visiblemente, ya que su voz adquiere un matiz particular. Se enorgullece de que, durante su gestión, el municipio subiera del puesto 92 al 4 en desarrollo rural en Cundinamarca. Luego, entre 2017 y comienzos de 2019 asumió la subgerencia de Educación, Cultura y Patrimonio del municipio de Cogua. Estos cargos que ha ocupado, lo hacen muy feliz porque el contacto con la gente lo llena de vitalidad, alegría y satisfacción. Sonríe y se frota las manos cuando piensa en las personas que cuando lo ven pasar se acercan y lo saludan con cariño. Sentir que la gente tiene esperanza en que las cosas pueden cambiar con su gestión lo asusta, pero está dispuesto a trabajar por lograrlo.  

 

Su plan de gobierno tiene 3 grandes ejes: primero, combatir la corrupción desde la creación de un gobierno completamente abierto y articulado con las tecnologías de la información y la comunicación para darle más poder al ciudadano y quitárselo a los corruptos; segundo, convertir a Zipaquirá en un “territorio libre y equilibrado”, porque está convencido de que el cuidado del medio ambiente es fundamental para el crecimiento responsable a nivel social, económico y turístico del municipio; tercero, quiere que su ciudad, más que “una ciudad dormitorio”, se convierta en un lugar para vivir bien. Para lograr esto, con su plan de gobierno y sus propuestas lo que busca es cerrar brechas sociales existentes en Zipaquirá, mejorar las infraestructuras deportivas y culturales y aumentar la seguridad, entre otras cosas. “Lo que quiero- recalca Durán- es una ciudad para la gente”.    

 

Este hombre, de aspecto impecable y con voz firme, hoy observa con admiración un afiche de Egan Bernal y espera llegar a ser, en algún momento, una figura tan importante en Zipaquirá. Durán repasa su vida y sabe que su virtud más importante es la capacidad de resiliencia, pues supo enfrentar todas las injusticias en su vida y actualmente, por medio de su servicio a la comunidad, intenta evitar que se repitan en más hogares. Ahora, ese niño de 6 años que, motivado por ver a su abuelo leyendo el periódico y llenando crucigramas, decidió aprender a leer, está a punto de saber si Zipaquirá decide que es el momento, que es con él.   

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