La historia detrás de quienes aspiran a alcaldías
Gobernación en Cundinamarca

Laura Sofía Ubaque Pedroza, Comunicación Social y Periodismo

Nydia Corredor es ingeniera civil y la única mujer aspirante a la alcaldía de Zipaquirá. Es mamá y divide su tiempo entre sus varias responsabilidades para cumplir con todo lo que su familia y la candidatura le exigen.  

Foto: Facebook Nydia Corredor

Nydia Corredor, una mamá que quiere servir a Zipaquirá 

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Una pequeña de 8 años mira con emoción la placa de inauguración de un salón comunal que el alcalde de Cogua, Cundinamarca, está develando en la escuelita donde estudia y piensa en lo feliz que la haría hacer algo así en el futuro, poder ayudar a la gente. Esa pequeña es Nydia Corredor, hoy ingeniera civil y candidata a la alcaldía de Zipaquirá para el próximo periodo. “Yo creo que eso se lo heredé a mi papá”, me dice cuando le pregunto el porqué de su gusto por la política.  Pero rápidamente aclara: “más que la política, a mí lo que me gusta es servir”.  

Desde pequeña mostró gusto por el liderazgo y el servicio al pueblo. A los 14 años, se vinculó a la mesa directiva de la Junta de Acción Comunal del Mortiño, una vereda de Cogua, como coordinadora de la comisión de deportes. Cuando estaba en tercer semestre de la universidad empezó a hacer parte de la AICUN (Asociación de Ingenieros Civiles de la Universidad Nacional). Comenzó siendo vocal académica, un cargo raso, y terminó ocupando el más alto, presidenta nacional de la asociación.  

Es la mayor de cuatro hermanos y se crio en una familia católica, razón por la cual, según dice, se apegó tanto al Divino Niño y a la virgen de Guadalupe en los momentos más difíciles de su vida. El primero, cuando recibió la noticia de que por cuestiones económicas sólo podría estudiar en una universidad pública. Sin pensarlo dos veces y con la estampita del Divino Niño en la mano, le apuntó a la mejor universidad pública del país, la Nacional. En su primer intento por entrar, no pasó, pero su determinación y persistencia la llevaron, en el primer semestre del año 2006, a estudiar inglés en las mañanas en el Centro Colombo Americano y a repasar los temas de cuadernillos de las pruebas del Icfes y los de admisión de la Nacional, en las tardes. “Yo creo que volví a hacer el bachillerato en seis meses”, dice con una pequeña sonrisa.  

El segundo momento fue cuando se enteró, en el 2013, de que estaba embarazada y de que su embarazo era de alto riesgo. “Las oraciones que le hice a la virgen de Guadalupe son la razón de que Sara Gabriela esté hoy conmigo”, dice Nydia. Esa devoción es la razón por la que en su sede de campaña hay un montón de imágenes de la virgen y de que sobre la camisa vinotinto y la chaqueta azul, que lleva puestas, sobresalga un medallón dorado de la Virgen de la milagrosa, un regalo que le trajeron unos buenos amigos desde Francia.  

Una larga trayectoria

Es madre soltera, por lo que tiene mucha lógica que las propuestas de su plan de gobierno estén sobre todo encaminadas a las madres cabeza de familia, y a los niños y jóvenes del municipio. “Yo no quiero gobernar como política sino como mamá”, es lo que dice Nydia siempre que le preguntan cómo va a manejar la alcaldía si llega a ser elegida. Argumenta esta metáfora diciendo: “cuando uno es mamá, deja de pensar en uno y quiere darles a sus hijos cada peso que llega a la casa. Eso es lo que yo quiero hacer, darle todo a los ciudadanos”.  

Tiene experiencia. Recién egresada de la universidad trabajó durante ocho meses en una empresa privada. Desde su segundo empleo ha ocupado cargos públicos. Trabajó con la Gobernación de Cundinamarca por aproximadamente un año y lo dejó para desempeñarse como directora de Planeación del municipio de Tausa. Después, fue la directora de campaña a la alcaldía por Zipaquirá de Jorge Enrique González, quien fue electo. Junto a González, Nydia creó el centro de estudios para Zipa, un espacio de participación ciudadana. 

 

Del 2008 al 2011, Corredor gerenció la empresa de Acueducto y Alcantarillado del pueblo de la Catedral de Sal, en donde les dio empleo a muchas madres cabeza de familia, dentro de esas 90 que se dedicaron a barrer las calles del municipio, luego de que Nydia tomara la decisión de devolver una máquina barredora con la que contaba el municipio. “Yo preferí entregar esa máquina y en cambio darles trabajo a mujeres de carne y hueso. El salario no era el mejor, era un salario mínimo, pero yo sé que les ayudaba”.  

La lista de cargos públicos continúa: subgerente y luego secretaria de Desarrollo económico de Empresas Públicas de Cundinamarca, secretaria de Planeación de Zipaquirá y unos años después, de Cajicá; asesora externa del Ministerio del Interior y gerente de la Catedral de Sal. Es una mujer que no piensa mucho para tomar decisiones, sino que más bien es arriesgada, el cambio no le asusta. “Yo no soy una persona de quedarme mucho tiempo en un cargo y no es porque no me vaya bien sino porque cuando siento que un trabajo ya no me aporta y yo ya he dado todo lo que tengo por dar, prefiero buscar otra cosa”, me explica cuando nota mi expresión de sorpresa al escucharla nombrar tantos cargos.  

Sus facetas

Se fue de la casa de sus papás a los 26 años y, como casi con todas sus decisiones, no lo pensó mucho para endeudarse y amoblar el apartamento al que se mudó. Se fue a un Iván Botero Gómez, un almacén de esos en los que fían y le amueblan su casa por tan solo “tres mil pesitos diarios”. No contempló la posibilidad de irse a vivir a un barrio modesto, sino que quiso vivir en uno de los más prestigiosos del municipio, la Algarra. Confiesa que no es la más ordenada ni la más disciplinada, pero que cuando se propone algo, hace todo lo posible por alcanzarlo.  

Tito Jiménez y María Cristina, dos de las personas que la están apoyando con la campaña, no saben más qué decir que la mujer trigueña de cabello corto y ojos café oscuro que quiere ser su alcaldesa, es amable, noble y comprometida. Tito la conoce desde hace casi un año y tiene la confianza en que ella es quien lo va a apoyar con las escuelas de teatro que quiere crear para, según dice, ayudar a que los jóvenes y niños de Zipaquirá a no caer en vicios. Por otro lado, Cristina espera que, por el hecho de que Nydia es una mujer joven y no le debe favores a ningún partido, haga cosas diferentes con sus ideas nuevas, espera un cambio en la forma como se está haciendo política en su pueblo. “Hasta aquí está bueno”, dice con firmeza.  

La vida de la “Supergirl”, la heroína de Marvel, y la de Nidia Corredor no son muy diferentes. En la mañana son unas y enseguida, otras. Nydia comienza su jornada haciendo cosas que hacen las mamás. Se levanta temprano, le prepara el desayuno a Gabriela, le empaca el almuerzo y las onces porque con todos los gastos de la campaña “no le da el presupuesto” para pagárselos en el colegio, y, enseguida, la lleva a la escuela. Después pasa por su apartamento para limpiar, planchar o hacer cualquier oficio que tenga pendiente.  

Luego se cambia la capa de ama de casa y se pone el antifaz de política. Sale a atender reuniones, citas, entrevistas, debates, se va a hacer campaña puerta a puerta. Le gusta estar cerca de la gente, darle la mano, abrazarla, le gusta que la sientan de su lado. Es por eso que, en toda la publicidad de su campaña, está su número telefónico y atiende sin necesidad de citas previas.  

Quiere que las personas le aporten sus ideas para crear nuevas propuestas. “La buscan mucho las mujeres y los jóvenes”, me cuenta María Cristina. Y la estrategia parece que le funciona. Por su sede de campaña se pasean mujeres jóvenes y otras no tanto, hombres y niños, que a propósito tienen una oficina propia donde pueden jugar o pintar mientras sus padres hablan con la ingeniera. Este espacio se abrió gracias a una sugerencia de Sara Gabriela, su hija.  

Aunque las puertas están abiertas para todos, por lo general, las personas que van a su sede son la representación de ciudadanos comunes, esos que tienen problemas económicos, desempleados, madres solteras, ancianos, todos con la confianza de que ella los va a ayudar.  

La mujer proactiva, que apura a todos a su alrededor con el deseo de que las cosas se hagan rápido, le hace honor a su apellido: Corredor. Sigue repartiendo su tiempo entre sus padres, su hija y la campaña que espera, la lleve a ser la primera alcaldesa de Zipaquirá.  

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