La historia detrás de quienes aspiran a alcaldías
Gobernación en Cundinamarca

Jorge Arroyo, Comunicación Social y Periodismo

Administrar 116 municipios se convierte en un reto, sobre todo porque hay que enfrentar la corrupción como lo define su lema de campaña por la gobernación de Cundinamarca: con las manos limpias.
 

Foto: Jorge Arroyo

Wilson Flórez, el hombre que no llega para quedarse
 

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“Wilson Flórez es un ser humano que se ha superado a sí mismo y ha superado sus situaciones a través de su historia”, afirma mientras nos dirigimos al Congreso de la República, donde tiene programada una reunión con el senador Álvaro Uribe.   

Su historia se cuenta por sí sola. No fue tan necesario visitarlo en su ambiente familiar, ni en la sede del Centro Democrático para descubrir en él un aura llena de optimismo. Solo basta escucharlo hablar y verlo expresarse. Y es que su aspecto de agotamiento físico no desvía la esencia que se esconde detrás del chaleco que lleva su nombre con el lema de su campaña: Wilson Flórez, gobernador. 

 

Desde sus 12 años empezó a trabajar, por disminuirle la carga a su madre de mantener 5 hijos. Su padre murió mucho antes de eso. Llegó a vender loterías, bolsas, letreros, traperos, a trabajar en construcción e, incluso, fue panadero.  

Con una voz cada vez más quebrantada mientras nos encontramos en la camioneta que nos lleva al Congreso, me cuenta lo dura que fue su vida desde que era un niño de, apenas, cuatro años, cuando le tocaba ayudar a sus hermanos a recoger basura de las casas de su barrio y sacarlas a una vía principal para que sus vecinos les pagaran, y así, contribuir a la situación económica tan precaria de su hogar.  

Es por eso que el rebusque, como lo define Flórez, ha sido imprescindible en su vida, ya que, por ejemplo, prefirió sacrificar unos meses de estudio en el colegio de La Mesa, Cundinamarca, municipio al que había llegado poco después de celebrar su décimo segundo cumpleaños, para trabajar y darle una sorpresa a su madre en aquel diciembre: ahorrar para ayudarle económicamente.  

Hoy, a sus 42 años, recuerda el momento tan nostálgico que vivió su madre, quien al enterarse de que no estaba estudiando, lloró. Y no solo de tristeza por encontrarse sola, tratando de sacar a sus cinco hijos adelante, sino por la falta de oportunidades en el país en aquella época. Es por eso, que tanto el programa de gobierno del actual candidato, como sus redes sociales, tienen como gran pilar la educación para el que quiera y necesite.  

Desde el momento en el que sintió que su vida como adolescente no tendría un camino prometedor, como el resto de sus hermanos que no habían pasado de sexto grado, decidió irse a la fundación Formemos, un lugar creado hace 27 años para ayudar a niños desplazados, prometiéndole a su madre que sería buen estudiante, ya que era lo único que ella le podía dejar en la vida. Fue en aquel lugar en el que aprendió lo que hoy describe en su perfil de Instagram: la panadería.  

Le cumplió a su madre: se convirtió en el mejor estudiante de La Mesa y luego de realizar las pruebas de Estado, en las que obtuvo la mejor calificación del municipio, se llevó la distinción Andrés Bello, la cual lo ayudó a ganarse una beca para estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes.  

Allí conoció a su mejor amigo, Germán Duarte, quien entró con el mismo programa de becas en Economía y que, luego de más de 20 años, sigue siendo su mano derecha, tanto que fue el primero con quien Wilson habló para radicar su candidatura política a inicios del 2019. “Es una persona que ha sido consistente toda la vida, porque, desde que ingresamos siempre ha tenido ese chip de servicio. Esa visión de servir a la gente. Ha sido consistente con eso toda la vida”, sostiene Duarte. 

Mientras entablamos aquella conversación en lo estrecho de la camioneta que lo ha transportado de entrevista en entrevista, veo en sus ojos esa plenitud con la que ha llevado a cabo cada proceso de su vida. Unos ojos en los que se refleja la esperanza por seguir ayudando. La misma esperanza que he notado arraigada a lo que ha sido su objetivo desde que vio a su madre llorar por la falta de oportunidades: la necesidad de retribuir algo de lo que él ha recibido en la vida.   

Educación mediante becas 

Su entonación cambia al hablar de las oportunidades que la vida le ha brindado al poder estudiar. Es en este momento, ya a mitad de camino, mientras recorremos las estrechas calles intermedias de Bogotá, en el que se afloran sus sentimientos más profundos. Se denota en su mirada lo arraigado que está a su pasado y lo que ha podido cumplir gracias a las becas. 

Al terminar su pregrado en los Andes, se genera otro chance para hacer que la brecha entre su pasado y su futuro sea más extensa: consiguió complementar sus estudios gracias a una beca de maestría en Ingeniería Industrial, otra para hacer un máster en Administración en la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, y la última para un doctorado en Negocios en la misma universidad, el cual terminó en 2017.  

Es por ese gran cambio en su vida que desde hace más de diez años decidió dar charlas sobre superación personal en varios municipios de Cundinamarca en forma de retribución. Lo hace en colegios de municipios con un gran déficit educativo. Suele contar la historia de los huecos en las suelas de sus zapatos escolares y termina haciendo una reflexión sobre el alcance de los objetivos, a través del juicio, el trabajo duro y los sueños en grande.  

Sería un poco ambicioso instaurar quince nuevas universidades en el departamento, así como lo plantea Flórez en su programa de gobierno, pero con el optimismo que noté desde que me saludó fuera de la torre Sonora de RCN Radio, me di cuenta de que, para él, nada es inalcanzable. Quiere hacer prósperas las oportunidades educativas, a través del programa de colegios comunitarios con los que busca disminuir la deserción. 

Al mencionarme su participación en la creación del Centro de Excelencia de Investigación, CeiBA, como gerente durante 9 años, cuenta con serenidad y satisfacción la historia del beneficiario de una beca para doctorado quien, a través de su proyecto financiado por el centro, ayudó a la formación del programa Ser Pilo Paga en 2015, con la colaboración de Roberto Zarama, profesor de los Andes.  

Mientras saluda a varios funcionarios del Congreso al hacer fila para entrar, hace una referencia a la película Cadena de Favores (2000), con la que compara lo que hizo en CeiBA, nombrado el mejor centro de excelencia e investigación de Colombia en 2011, otorgando más de 500 becas para maestrías y doctorados, y lo que se había propuesto en cuanto a la retribución a la sociedad: “es una película que enseña que si usted le hace el bien a alguien, esa persona le hace el bien a otro y es un efecto multiplicador tremendo”, sostiene Flórez. 

La idea de la retribución desde la educación sigue en pie, desde que fue profesor en Los Andes hasta ahora, que tiene en sus manos la oportunidad de que su vida y la de muchos jóvenes se vuelva una cadena de favores. 

Familia: efecto espiritual 

El matrimonio y la familia son aspectos fundamentales en su vida. Conoció a Paola García hace 15 años, de los cuales llevan casados 8. Su primer encuentro se generó en la Universidad de los Andes, lugar en el que ambos adelantaban sus estudios de posgrados, él terminando su maestría y ella iniciándola. Según Flórez, “es una historia de amor bastante bonita que hemos cultivado” y que ha dado frutos, pues hace 5 años tuvieron a Juan Andrés, su hijo, al cual, Wilson no quiere inculcar la magia de su actual oficio: “Yo no quiero que mi hijo sea político”, dice, pues siente que tanto él como su familia están prestados en la política.  

Además de la transformación que quiere lograr en el departamento, quiere regresar a su vida tranquila de profesor y padre de familia, el cual lideraba en tiempos no muy lejanos los paseos de fines de semana en los municipios de Cundinamarca en su carro con su esposa e hijo. Se considera a sí mismo como un hombre muy casero, dedicado a la familia, pero ahora menos, debido a la política. 

Paola García, la medellinense que llegó a la vida de Wilson para quedarse, sostiene que hay muchas cosas que los unieron: el programa de becas en Los Andes, el haber hecho el mismo pregrado, el amor por el servicio, el apoyo a estudiantes, lo independientes que son y la espiritualidad que se arraiga en sus vidas, pues este es un valor que el mismo Wilson destaca entre su familia, el Centro Democrático y él: Dios es el mayor pilar.   

Además, García con su acento paisa me cuenta con orgullo, en una cafetería en la que se genera todo tipo de ruidos que hacen casi imposible la charla, que hubo cierto contraste cuando Wilson le comentó que se lanzaría a la política: “Yo no soy nada política. Creo que eso estaba en él desde hace mucho tiempo y se avivó más cuando terminó el doctorado”, momento en el que reunió a tres de los rectores de Los Andes para formar un grupo de jóvenes que habían tenido la misma beca que él, su amigo y su esposa y, así, poder ayudarlos un poco más. 

Tanto para Paola, como para Germán, Wilson es un ser que viene a transformar no solo la historia de su departamento, sino la de cada persona que haga parte de su camino. Por un lado, Wilson “siente que debe retribuir algo de lo que se le ha brindado”, y por el otro “es alguien a quien le gusta servir”. 

Aunque no todo se ve desde la misma óptica. Su esposa se queda sin palabras al preguntarle sobre el futuro que los espera después del 27 de octubre, siendo o no Wilson gobernador: “Es suficiente con lo que estamos viviendo ahora como para preocuparnos por el futuro”, sostiene García.  

Política: un camino ajeno 

Por un lado, desde que se enteró en enero de unas convocatorias para ser parte del partido y ser gobernador, y fue elegido por el 57% de los militantes en convocatorias internas del Centro Democrático frente a un candidato muy sonado y con gran experiencia, José Miguel Santamaria Uribe, vive en él esa esperanza del cambio mediante su administración. Sin embargo, sea o no elegido gobernador, seguirá siendo el docente de Los Andes, seguirá liderando proyectos educativos que fomenten el desarrollo y seguirá siendo el padre y esposo ejemplar que me resaltan Paola García y Germán Duarte.  

Aquel lugar, El Congreso, recibiría a Flórez para una pequeña visita al senador Uribe, quien estaría en la comisión séptima al medio día.  

Wilson se muestra sorprendido detrás de lo seguro que pueda parecer: Ha llegado muy lejos en esto, y es que desde sus primeros pinos en la política como personero de su colegio en La Mesa y presidente del Consejo Estudiantil de Los Andes, nunca imaginó tener un 50% de favoritismo entre los cundinamarqueses, tal como lo publica el periódico Cundinamarca al día, el cual me muestra con ese asombro y alegría, un contraste que ha sabido manejar con cautela desde que pasó los primeros filtros para estar donde está.  

Sus propuestas se ligan a lo que él ha vivido como persona. A parte de la reiterada puesta en marcha de la educación, implementará salud para todos, campo para todos y seguridad. No ha tenido experiencia “de la mala”, afirma, es por eso que se presenta como Wilson Flórez, y asegura que se ganará el corazón de todo el departamento.  

Su vida dio un giro contundente. Como asesor de empresas, consultor y profesor era una persona totalmente diferente de lo que muestra hoy el cundinamarqués arraigado a su historia, una historia que inspira a muchos jóvenes a alcanzar lo que se propongan.

 

Aun viniendo desde abajo y sin tener experiencia, se gana el corazón de la gente. Hoy el hombre de tez canela, en el que resalta su optimismo por querer hacer un cambio, espera ser reconocido más bien como aquel que quiso y lo intentó.  

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