La historia detrás de quienes aspiran a alcaldías
Gobernación en Cundinamarca

Juliana Sofía Berrío Martínez 

El candidato a la alcaldía de Zipaquirá tiene 55 años, es abogado conciliador y experto en derecho minero, además de haber sido concejal y presidente de la comisión de presupuesto en Zipaquirá.  

Foto: Sofía Berrio

David Baracaldo propone a Zipaquirá dejar “la casa en orden” 

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Al llegar a Zipaquirá, con el frío incesante de la mañana, me encuentro con una vivienda en un barrio común del municipio. El letrero pegado en su exterior anuncia cualquier otra cosa menos una oficina de abogados y temo haberme equivocado de dirección. Es allí cuando llamo a la persona con la cual hice un acuerdo de encontrarnos en esa locación, quien me dice que está a punto de llegar. Me siento en un semimuro ubicado en el frente del edificio y espero unos pocos minutos hasta que un señor corpulento, alto y canoso me recibe con un apretón de manos. “Mucho gusto, David Baracaldo”, me dice a la vez que golpea la puerta y abre una mujer delgada y morena. “Pase usted”. 

 

Baracaldo tiene apariencia seria, pero a la vez alegre, está vestido con una camisa a cuadros azules, una chaqueta azul oscuro con detalles verdes y usa gafas de pasta negra que discrepan con el tono amarillo de su piel. 

 

El interior del establecimiento se siente como si fuera un hogar común y corriente, a pesar de albergar oficinas de consultorios legales, sigue siendo una casa con habitaciones, patio y cocina. La sala de estar tiene tres sillones en imitación de cuero verde, una mesa y dos escritorios. Alcanzo a entrever que los cuartos de la vivienda sirven como oficinas privadas. 

 

Su vida 

 

David Ricardo Baracaldo nació y creció en el municipio de Zipaquirá, al igual que sus tres hijos. Es quizá por esta razón que le interesa tanto la política que se desarrolla en él. Si logra ganar el lugar como alcalde del municipio sabanero, espera hacerlo eficiente y funcional: “esto a través de la búsqueda y consecución de un desarrollo económico integrado, sustentable y persistente con estrategias orientadas hacia la competitividad, productividad y mejoramiento de la calidad de vida”, según se lee en uno de los panfletos que decidió entregarme cortésmente. Entre otros puntos que en este se visualizan están la seguridad, la convivencia ciudadana, la institucionalidad y el desarrollo ambiental sostenible. 

 

Sus recuerdos de infancia son en su mayoría alegres, cuenta con nostalgia los momentos en los que jugaba con los primos en la calle: “la única forma en la que entrábamos a la casa era cuando ya oscurecía y la mamá salía al portón a gritar el nombre de uno”, dice. 

 

También en sus memorias se encuentran las veces en las que discutía con su papá sobre cualquier cosa, pero de igual forma lo consideraba como su amigo más fiel: “mi papá y yo podíamos estarnos gritando y a la hora íbamos a almorzar como si nada”, explica Baracaldo mientras esboza una sonrisa. 

 

Uno de los momentos más duros que ha vivido el candidato a la alcaldía de Zipaquirá, ha sido el fallecimiento de su madre, suceso que ha intentado superar con la ayuda de su familia, pero que sin embargo sigue retumbando en su interior como un tambor pesado, cosa que noto en su rostro al contar la historia.  

 

Hacia la Alcaldía 

 

Baracaldo es una persona muy preocupada por el presente y el futuro del municipio Cundinamarqués, de ahí su ambición por ser alcalde y haber logrado su candidatura gracias a las firmas de personas que creen en él. A pesar de haber obtenido el apoyo del Partido Conservador, no se identifica del todo con éste, es por esto que evita ser catalogado como de derecha o de izquierda. “La gente está cansada de la corrupción política, de derecha y de izquierda, de ver que nadie hace nada”.  

 

Es de allí que nace su lema de «la casa en orden», frase que estructura completamente su plan de gobierno, ya que considera a Zipaquirá como su casa. Sin embargo piensa que está «desordenada» debido a que gobiernos anteriores descuidaron el pueblo. “Se ha perdido la cultura ciudadana y ya no es lo mismo que antes”, afirma. 

 

Lleva 31 años de trayectoria política, ha pasado por varios puestos públicos y asegura que su gusto por la política ha sido influenciado por las injusticias que se ven a diario en Zipaquirá. Inició como mensajero en la Caja Agraria de Zipaquirá, después fue abogado del Banco Cafetero y también del Banco Agrario. Ha sido docente de universitario de la UPTC (Universidad Pedagógica y Tecnología de Colombia), de la Universidad del Tolima y de la Fundación Universitaria San Martín. También fue gerente de la empresa Coaltrans y Compañía LTDA. Actualmente se desempeña como director jurídico en Semaj Consultores SAS. 

 

Un hombre directo 

 

July Rubiano es la asistente de campaña del candidato desde hace seis meses: “El doctor Baracaldo es un hombre que no se queda callado ante las injusticias. Por ejemplo, sucedió que otro candidato se quedó con todo el crédito de una atención que les dimos a las madres de una comunidad en su día, entonces el doctor decidió darle tiempo para que se retractara y le diera el crédito que se merecía, pero aún así este personaje no lo hizo y decidió escribir esta mala experiencia en una columna que salió en un diario local”.  

 

El ser demasiado directo es algo que Baracaldo considera como una cualidad que a veces es un defecto, pero es algo que no cambiaría de su personalidad: “las cosas hay que decirlas como son, sin tapujos, así la otra persona sabe en lo que uno está o no está de acuerdo”. Es por esto mismo que a veces esta forma de decir las cosas le ha costado algunas confusiones. Rubiano explica que, a pesar de creer que podía tener un poco más de confianza con el señor Baracaldo y comportarse de una forma distinta con él, realmente es un hombre chapado a la antigua y por esto mismo es mejor ahorrarse los comentarios que no tienen que ver con el puesto al que se le fue asignado: “Es un hombre serio, es por eso que le gusta mantener sus relaciones en orden y con la compostura debida en cada momento”. 

 

Heidy Beltrán es otra abogada con la que también trabaja en el recinto, se conocen desde hace más de veinte años y sabe que la amistad con David Baracaldo tiene altas y bajas: “Suele ser muy sincero y a veces sin tacto para decir las cosas, pero los momentos de relajo son algo que realmente se disfruta”. Beltrán no habla tanto y solo dice lo necesario, rasgo que puede ayudar a comprender por qué son allegados. 

 

Reservado y familiar, otras de sus cualidades  

 

Baracaldo responde a mis dudas sobre su familia de una forma muy seria, casi no menciona a su esposa, no obstante, a pesar de lo cerrado que es con su vida personal, me da a entender que este ámbito de su vida es el más importante: “ha sido duro cambiar los domingos en familia por ir a los barrios a promover mi campaña”, hace un gesto como de intentar recordar más cosas. “Mi hija pertenece a una tuna y nos gusta ir a verla tocar con mi señora, pero últimamente no ha habido tiempo para esas actividades”.  

 

A partir de la historia anterior, me comencé a preguntar qué haría con su tiempo libre si no llegara a resultar elegido a la alcaldía. Me dio a entender que en el segundo lugar de sus prioridades está el trabajo y que no es muy creyente de no mezclarlo con la familia: “Le voy a dar la primicia a usted, ahorita estamos construyendo unos edificios y planeo expandir la empresa de abogacía con mis hijos mayores”. 

 

El señor Baracaldo pide un par de tintos y July los pone en la mesa. Es un café amargo que recibo por educación y dejo enfriar con la esperanza que no sea para mí. “No se tomó el tinto”, me dice a la vez que acaba el suyo, se despide de apretón de manos y se pone en camino junto con Beltrán a radicar unos documentos. Se marcha sin decir una palabra más, es allí donde observo el último rasgo de personalidad que me permite ver: solo le gusta hacer las cosas una sola vez y de la forma más correcta posible. 

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