Bogotanos al límite 

Paula Andrea Vargas Pedraza, Comunicación Social y Periodismo

Altos índices de contaminación en Bogotá la sitúan entre las ciudades capitales con peor aire del mundo. Las consecuencias son devastadoras para la salud de los habitantes de la ciudad.   

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Foto: Paula Vargas

Los niveles de contaminación alcanzados en Bogotá han llegado al límite y, aunque mucho se ha hablado de este tema, pocos conocen el verdadero impacto que éste tiene en la salud de sus habitantes. Lorena Pedraza es un claro ejemplo de lo que puede llegar a pasar. 

 

Enfermera y con bebé a bordo, Lorena fue una de las víctimas de la contaminación. Como muchos otros ciudadanos, nunca se imaginó que mientras realizaba sus actividades diarias, el aire que respiraba no solo la estaba perjudicando a ella sino también a su hijo.  

 

A diario se alistaba para ir a trabajar. Caminaba hacia la autopista y allí, rodeada por el ruido y el humo producido por los medios de transporte, esperaba a que el bus indicado llegara para poder subirse. Después de media hora de viaje, o incluso más tiempo, dependiendo del tráfico, arribaba a la zona norte de la ciudad, en donde debía bajarse del bus y continuar, como otras personas, su travesía a pie. Luego de diez minutos de caminata, disfrutando de la brisa de la ciudad, llegaba al hospital en el que trabaja.  

 

Al iniciar la puesta del sol en Bogotá, a eso de las seis de la tarde, Lorena sabía que su jornada laboral estaba por terminar. Con su suéter de cuello alto, una bufanda de lana y un abrigo que le cubría hasta las rodillas, emprendía su trayecto de regreso a casa. Lo que no sabía era que el frío no era lo único de lo que se debía proteger, sino también de la polución que, de a poco, la acechaba y envolvía cada parte de su cuerpo.   

 

La contaminación, un depredador más 

 

Entre las principales fuentes de contaminación que amenazan la salud humana se encuentran la generación de residuos sólidos y sustancias tóxicas. Mayra Parra, ingeniera ambiental de la Universidad Libre de Bogotá, enfatiza en que el Transmilenio y el SITP, así como las construcciones y obras viales de la ciudad, son los principales causantes de la contaminación del aire. Igualmente, señala que el mal estado del agua es producto de los vertimientos de aguas residuales resultantes de las actividades realizadas por las industrias.   

 

Diversos estudios han comprobado que este fenómeno está asociado directamente con enfermedades respiratorias, cardiovasculares y oculares, que incluso pueden conducir a la muerte. Las dos primeras son las que más se presentan dado que la vía respiratoria es el conducto principal de ingreso de los contaminantes al organismo.  

 

Guillermo Sánchez, médico internista egresado de la Universidad Nacional, explica que el sistema respiratorio y cardiovascular están íntimamente relacionados para llevar energía al cuerpo a través del oxigeno, por lo que, al incrementar la cantidad de toxinas en el aire,  éste disminuye haciendo que los órganos del cuerpo humano trabajen el doble para eliminarlas. Sin embargo, éstas quedan depositadas en los órganos para toda la vida produciendo daños de diferentes tipos. Entre estos se identifican el asma, la neumonía, la bronquiolitis y el Síndrome Bronco-obstructivo (SBO). 

 

De acuerdo con un reporte de la Red de Monitoreo de Calidad del Aire, en la capital del país se prendieron las alarmas después de que se registrara un incremento en la concentración de material particulado PM 2,5 y PM 10, un polvo no visible a simple vista, pero que representa una seria amenaza para la salud de las personas.  

 

Aunque la presencia de este peligroso contaminante no es nueva, su agravamiento se dio no solo por las emisiones vehiculares a gasolina y diésel sino por la erosión del suelo, la degradación del pavimento y las actividades de construcción. Según declaraciones del secretario de Ambiente de Bogotá, Francisco Cruz Prada, en la Radio Nacional de Colombia, a esto se suman las condiciones meteorológicas que se han empeorado por los incendios y los fuertes vientos que arrastran las partículas de las quemas que se han presentado en diferentes zonas del país.  

 

Sin embargo, el problema radica en que con alarma ambiental o sin ella, la polución expone un riesgo permanente de infecciones y enfermedades que afectan de manera diferente a distintos grupos de personas. La Organización Mundial de la Salud estableció que los más susceptibles a enfermarse a causa de este acontecimiento son los niños, los ancianos y las familias de pocos ingresos. Además, las consecuencias más graves se producen en individuos que ya tienen alguna afectación en su salud.  

 

Elementos vitales, pero a la vez mortales  

 

Lorena inhalaba el oxigeno que, al estar contaminado, se convertía en una especie de veneno dentro de ella. El 18 de diciembre de 2018 su cuerpo por fin habló. “Empecé a tener síntomas respiratorios, especialmente una tos seca que se exacerbaba en las noches y ya ni siquiera podía dormir, lo que más me preocupaba era mi bebé”. 

 

Estudios demuestran que la exposición a contaminantes durante el embarazo está relacionada con el bajo peso al nacer. Más aún, con malformaciones cardiacas o urinarias, según la Secretaría de Salud.  

 

Lorena se dirigió a un centro médico en Bogotá en donde fue atendida por un ginecólogo y un médico internista. Después de una serie de exámenes fue diagnosticada con neumonía e inmediatamente la hospitalizaron por cinco días. Ella hace parte del 50% de las personas que, cuando asisten a instituciones médicas, lo hacen por una afección ante los altos índices de polución en la ciudad, con lo cual contraen enfermedades respiratorias o sus derivadas, según explicó Guillermo Sánchez.   

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No obstante, estos no son los únicos tipos de afectación a los que se han tenido que enfrentar los habitantes de Bogotá. Un informe realizado por el Observatorio Nacional de Salud, titulado “Carga de Enfermedad Ambiental en Colombia”, reveló que la mala calidad del aire también origina reacciones alérgicas, infartos y hasta cáncer de pulmón, pero esto no es lo peor.   

 

La contaminación se ha convertido en una enfermedad mortal. El estudio determinó que la contaminación del aire y del agua en Colombia, causan más de 17.000 muertes al año, pues de las 223.000 registradas, el 8 por ciento se atribuye a factores de riesgo ambiental. De igual manera, se calcula que en Bogotá 1.963 personas fallecen anualmente por estos mismos motivos.  

 

Eliminando las secuelas  

 

Aunque se han tomado medidas como la restricción del transporte de carga, la implementación del pico y placa extendido para vehículos particulares y motos, y los operativos en fábricas, entre otras, no son suficientes para contrarrestar la contaminación y reducir el impacto que tiene en la salud de los bogotanos. 

 

Guillermo Sánchez recalca que la solución no es, como se ha venido haciendo, tratar únicamente las fuentes del problema, sino también mejorar los elementos que producen descontaminación, es decir, potenciar la acción de la naturaleza como árboles y plantas para inyectar oxígeno al medio ambiente y así generar un equilibrio entre la carga de oxígeno y gas carbónico. 

 

De igual manera, es fundamental que se haga un análisis profundo del tema del cambio climático y así hacer de éste una prioridad para que el gobierno, las organizaciones y los individuos trabajen conjuntamente y reduzcan tanto sus causas como sus consecuencias, según el Informe de Carga de enfermedad ambiental en Colombia.  

 

No cabe duda de que las medidas deben ser más drásticas para prevenir la intensificación de esta problemática y contribuir al bienestar de los bogotanos. De lo contrario, el impacto sobre el medio ambiente, la salud pública y por ende en la calidad de vida de los ciudadanos alcanzará un punto en el que el daño será irreparable.  

 

Lorena cuenta que, por fortuna, su recuperación fue un éxito y, con una sonrisa, le da gracias a Dios por permitir que su hijo naciera totalmente sano. Después de unos segundos, hace una pausa, mira al piso y con una expresión de desilusión recuerda que diariamente debe usar un tapabocas para impedir que las partículas del aire, que inevitablemente debe respirar, pasen por su nariz y boca. Las secuelas le quedarán por siempre.  

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