La contaminación es más grande que el medioambiente que la sostiene 

Alejandra Ramírez Valbuena y Laura Bedoya Díaz, Comunicación Social y Periodismo

La deforestación incrementa en Bogotá y afecta la calidad de vida de los ciudadanos 

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Foto: El Vocero Ambiental/ Laura Bedoya Díaz

Existe un déficit de 1.972.000 árboles en Bogotá que causa un incremento en la contaminación, la cual afecta a especies y habitantes de la capital. 

Los árboles se encargan de retener las partículas que contaminan el aire que respiramos para convertirlas en oxígeno, además liberan vapor de agua que alivia los fuertes cambios de temperatura que sufre el medioambiente y afecta a los pequeños ecosistemas de animales e insectos. No obstante, su importancia no parece ser conocida por las autoridades y los colombianos, ya que la deforestación en el país ha incrementado en los últimos años.  

El oxígeno que necesita una persona es suplido por veinte metros cúbicos de árboles plantados. Sin embargo, en Bogotá no se alcanza a suplir ni la tercera parte de los metros necesarios por habitante, según el trabajador de la subdirección de Estudios Ambientales del IDEAM (2018). Esto implica que el aire puro que necesita un ser humano al día es suplido por un terreno de árboles equivalente a un campo de fútbol sala. Y en Bogotá, las personas no cuentan ni con la portería del campo. Eso es como tener nuevo el arco, pero dañada la cancha.   

Así, cada año siete millones de personas mueren en el mundo a causa de la contaminación atmosférica urbana, según las estimaciones actualizadas en el 2018 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para dar dimensión a estas cifras, hay que tener en cuenta que la contaminación causa quince veces más muertes que todas las guerras y otras formas de violencia en el planeta, y triplica la cantidad de muertes generadas por las tres enfermedades más comunes en el mundo, según informa la revista médica The Lancet (2017). 

Esto implica que las personas que han sufrido a causa de la contaminación estén condenadas a vivir conectadas a una máquina generadora de oxígeno dado que, por cuestiones sociales y negligencia, no tuvieron la oportunidad de acceder a un aire limpio. Este es el caso del bogotano Isidro Sánchez, 72 años, quien vivió casi 67 años cerca de la zona industrial del barrio Bochica, localidad de Engativá, que tiene un alto nivel de contaminación del aire y está cerca a las estaciones de Transmilenio que pusieron en alerta amarilla a Bogotá en marzo del 2018.

“Esta es mi vida, yo sin esto no puedo vivir”, dijo Isidro Sánchez en entrevista con el Vocero Ambiental, al hacer referencia al inhalador que lo acompaña todos los días. “Negligencia, eso es lo que me está matando a mí”, concluye.  

Un inhalador podría convertirse en el elemento vital para más de un bogotano, puesto que el aire de la ciudad tiene una concentración de contaminación que supera casi dos veces el límite máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 20 ug/m3. Las PM10 son partículas sólidas o líquidas de polvo, cenizas, hollín, metales, cemento o polen, dispersas en la atmósfera. Estas son casi nueve veces más pequeñas que un grano de arena y, aunque son diminutas, la exposición prolongada o repetitiva a las PM10 puede provocar efectos nocivos en el sistema respiratorio de la persona, según informó en el 2017 el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes del Gobierno de España. 

La concentración promedio anual del PM10 en Bogotá es de 38 microgramos por metro cúbico, que es, según informa el grupo de investigación ‘Atmospheric Pollution’ de la Universidad de Huelva (España) en el 2018, a causa de las partículas de carbono asociadas con incendios forestales, fuentes de combustión industrial y emisiones vehiculares de gasolina y diésel. 

En regiones tan contaminadas resultaría fundamental generar una contraparte ambiental, que sirva para purificar el aire y mejorar la calidad de vida de ciudadanos y animales residentes. Sin embargo,  sólo en la región andina, donde está ubicada casi el 80% de la población del país, la alta deforestación representa un 26% del total nacional, según informó el IDEAM en el 2018. 

Menos árboles implica más expansión de la infraestructura y peor calidad del aire. Por esto, la vida silvestre ha ido desapareciendo. La sabana de Bogotá es el hábitat de 235 aves aproximadamente, de las cuales 6 están bajo algún grado de amenaza, 46 son migrantes boreales, que se desplazan por diferentes del país,  y 7 son aves endémicas o sedentarias de la Sabana de Bogotá (3 especies y 4 subespecies), según el último estudio del Instituto Humboldt (2018)

Entre estas distintas especies se encuentran las aves polinizadoras que hacen posible la proliferación de árboles y ecosistemas que purifican el medio ambiente, debido a que cargan semillas y las riegan sobre los campos. Su disminución implica un efecto directo en la calidad de vida de todos. 

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La ciudad ha colonizado la naturaleza. Por ejemplo, hace muchos años, la localidad de Suba era una zona cubierta por extensos humedales, bosques de arrayanes, robles y alisos, hogar de centenares de especies, como afirma el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt, en su libro Conectividad ecológica en la zona urbano-ruralde la localidad de Suba. Sin embargo, este paisaje se ha reducido y se encuentra inmerso entre altas torres de apartamentos y centros comerciales. Actualmente, residen en esta zona 1,315,509 personas, según la Alcaldía Mayor de Bogotá (2018). Estas son expuestas diariamente a los gases contaminantes de los buses del Transmilenio y los desechos producidos por una de las más altas poblaciones de toda la ciudad.  

Los altos niveles de contaminación hacen que los habitantes tomen la iniciativa de sembrar y regar los árboles para disminuir la crisis medioambiental de Bogotá. “Todo fue por iniciativa propia, no ha tenido nada que ver con ninguna entidad del distrito", dijo el  ambientalista Camilo Castañeda. Él lidera un grupo de ecologistas, habitantes del sector La Campiña, Suba, que buscan mejorar la calidad de vida que ha sido afectada por las altas emisiones de gases por parte de los buses de transmilenio. 

La contaminación del aire afecta la salud de las personas y el hogar de los animales. En efecto, la contaminación es más grande que el medioambiente que nos rodea y nos permite vivir. 

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