“Vivimos en una eterna promesa de cambio”: Simón Uribe

Sara Carrascal Hernández, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana.

El profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos en la Universidad del Rosario habla sobre su película ‘Suspensión’, y su relación en la esfera nacional e internacional.

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 “Vivimos en una eterna promesa de cambio”: Simón Uribe
Foto:
Sebastián Bright.

Director Simón Uribe

Simón Uribe es egresado de la Universidad Nacional de Colombia en ciencias políticas. Obtuvo un MSc en geografía humana e historia del London School of Economics and Political Science y un doctorado en planeación regional.


Dirigió la película documental Suspensión, la cual fue estrenada en el 2019 en el International Film Festival en Holanda. La película documental ha recibido varios premios, entregados por diversos festivales de cine alrededor del mundo. Entre ellos el premio del DocsBarcelona, el IDFA (International Documentary Film Festival Amsterdam), el Festival Internacional de Cine Cartagena de Indias y el Leipzig Don Festival.


El proyecto dirigido por Simón Uribe buscaba representar el contexto colombiano a través de un puente cuya construcción se detuvo. Sin embargo, el proyecto ha alcanzado la esfera internacional al reflejar una promesa de evolución y cambio que nunca llega, promesa que no es exclusiva de Colombia.


¿Cómo empezó el proyecto Suspensión?


Hice una investigación de doctorado en geografía en el pie de monte Andino-amazónico, que es esa zona de convergencia en la región amazónica con los Andes en el sur de Colombia, específicamente en el departamento del Putumayo. En esta parte del país, la principal política de colonización estatal fue abrir carreteras; había unos conflictos de tierra muy grandes en otras zonas del país y parte de la solución, entre comillas, fue abrir vías de comunicación hacia la selva. Esa es una historia que genera mucho conflicto.


¿Por qué se dio la idea de hacer una película documental de este puente?


Estaba tratando de entender cómo a partir de una carretera podía contar una historia de cómo esa región se había desarrollado con el tiempo. Una de las cosas que me pasó durante esa investigación es que, pues, es un paisaje muy complejo de describir en palabras. Entonces, comencé a pensar en otras maneras de expresar toda esa complejidad y ahí surgió la idea de hacer un proyecto audiovisual.


Entonces, ¿la película fue un complemento de la parte escrita?


Esa pregunta que haces es importante porque nació de una frustración por no poder describir en palabras ese paisaje, pero poco a poco se fue volviendo algo independiente. La película inició con una financiación que era para hacer un trabajo basado en una investigación, pero después tuvimos una beca ya de cine. O sea, del Fondo de Desarrollo Cinematográfico que está hecha para financiar películas de ficción, películas documentales y pues ya adquirió una realidad propia con un equipo colectivo. Yo entro a dirigir, pero pues no trabajo solo en ese proyecto. 



 “Vivimos en una eterna promesa de cambio”: Simón Uribe
Foto:
Sebastián Bright.
Equipo de rodaje

¿Por qué es importante para las personas conocer el puente?


Cuando uno hace un documental, creo que uno tiene una preocupación o preguntas que quiere abordar. No necesariamente uno quiere responderlas, porque en parte a lo que apuestan este tipo de documentales es a generar otras preguntas o a generar reflexiones. De entrada, había un público para nosotros que era importante, que era un público regional. Pero, en el proceso de hacer la película, nos dimos cuenta de que lo que estábamos retratando allí era algo que iba más allá de esta región. Nosotros no arrancamos haciendo una película sobre una carretera que no se había hecho, sino de una carretera que se estaba haciendo y que se abandonó. Pero entonces, pasa algo importante y es que, lo que estás retratando, se vuelve una historia que es más universal porque se repite una y otra vez. Es muy común y la gente se siente muy identificada cuando ve la película sin ser de esta región del país.


¿Diría que el objetivo de la película era representar esas condiciones que se ven en el país, esas promesas que no se cumplen, que quedan sin terminar?


Pues eso es parte interesante del documental porque la gente le da diferentes lecturas. Es un gran propósito no decirle a la gente “ah, es que las cosas son así o asá”. Para muchas personas esa es la lectura, pero no era algo que nos estuviéramos proponiendo de entrada. Es algo que la película refleja, tal vez. ¿Sí? Pero hay otras lecturas. Depende mucho del contexto en el que la gente vive. Entonces, cuando la película se estrenó, que fue en Holanda antes de la pandemia, a la gente le parecía absurdo todo.


¿Qué buscaban ustedes como equipo?


Creo que, desde nuestro punto de vista, nosotros queríamos mostrar, y de ahí el título de la película, Suspensión. Los puentes existen suspendidos en el aire, pero también es la suspensión en el tiempo. Es la pregunta de qué significa habitar un mundo donde las cosas no pasan, donde vivimos en un presente en el que no evolucionamos. Es la sensación que deja la película, que es por qué seguimos en lo mismo como país.           


Basado en esta respuesta, ¿cree que el puente es una representación adecuada de las condiciones del país?


Pienso que sí. Pienso que el puente como una metáfora del tiempo, como una metáfora de lo que somos como proyecto de país, sí. En el sentido de que vivimos en una eterna promesa de cambio que nunca se realiza.


¿Podría hablar un poco más de las representaciones que le dan al documental las personas extranjeras?


Pues mira, por ejemplo, Ámsterdam, que es donde ocurre este festival de cine documental, es una ciudad plana totalmente. La pregunta que tenían ellos, por ejemplo, que salió más de una vez es por qué el gobierno no saca a la gente y la reubica. Pero también hay una lectura, pues porque en este festival hay gente de diferentes partes, que es darse cuenta de que esta promesa de progreso no es solamente del mundo subdesarrollado, sino que también pasa mucho allá. Es decir, también hay mucha promesa política de las carreteras, de los aeropuertos, que muchas veces son símbolos de estatus político que terminan sirviendo para nada. Puede que no pase tanto, pero aún pasa


Entonces la película ha tenido un impacto social.


Pues, no sé. La película ha estado en muchos festivales, quince o veinte fuera de Colombia, varios acá, pero eso no significa que tenga un impacto. Cuando la película salió en Colombia, la película tiene una semana en que suena en los medios de comunicación y cuando suena en los medios, nos llamaron de INVIAS. El director estaba muy preocupado. Ellos ni siquiera habían visto el documental porque no es el tipo de público que vaya a ver cine, pero estaban preocupados porque la película de pronto iba a sacar un escándalo de corrupción, que finalmente no era a lo que le apuntaba. Entonces, puede que tenga un impacto en la gente que la vea, que haga re-pensar ciertas cosas, que haga pensar que la corrupción es un tema más complejo, pero pues tanto como decir que esto cambia las cosas, pues de una manera muy limitada.


Hablando más del puente en sí, Colombia es un país con una geografía muy compleja y que intentó unirse anteriormente por medio de las vías, pero no fue posible. ¿Cree que es necesario que el país tenga una vía conectora?


Para desplazarnos de un lugar a otro estamos transitando unas cordilleras que tienen una topografía complicada, ¿no? Mucha de la inversión en la infraestructura en Colombia se ha hecho en unas zonas, tradicionalmente, más ricas frente a otras. En la región Andina, por ejemplo, y parte del Caribe es donde se concentran las vías de Colombia. Por otra parte, encuentras una región muy grande del país, que es la Orinoquía y la Amazonía colombiana que han sido muy desconectadas. Hay capitales departamentales a las cuales solo se llega en avión. Eso habla mucho de cómo somos como país.


¿A qué se refiere con que eso habla mucho de cómo somos?


Somos muy centralistas; esos departamentos dependen mucho del centro porque la riqueza está distribuida de una manera desigual y estas regiones son más pobres en infraestructura, en servicios. Hay unas necesidades de conexión que también tienen que ver con la manera en la que se ha construido este proyecto de país porque no necesariamente construir carreteras es la solución para esa región. Pero el tema no es si se necesitan o no más carreteras, sino qué tipo de conexiones necesita la gente. No necesariamente construir más es mejor, pero sí preguntarse cuáles son las conexiones que necesitan las personas.


¿Cree que son posibles las soluciones que propone?


Son posibles, pero son difíciles porque implican cambiar la manera en que somos como país; implica pensar en una descentralización en donde las regiones tengan mayor autonomía, pero también una mayor capacidad de pensar su desarrollo desde adentro. La descentralización en Colombia, que viene desde la constitución del 91, ha transferido algunos recursos a las entidades territoriales. Pero, de nuevo, no necesariamente tener transferencias implica que la descentralización sea real porque todavía dependemos mucho de ciertas cosas del interior. En la película, un ingeniero dice algo cuando está parado en el puente que es: “Algo está pasando mal y ese algo se está volviendo ancestral porque viene de generación en generación”.


¿Por qué fueron necesarios 10 años para crear el documental?


Me hubiera gustado hacerlo en menos tiempo, pero creo que porque las películas acá se toman su tiempo ya que necesitas conseguir los recursos y no es fácil conseguirlos. Creo que sobre todo porque nosotros queríamos hacer un tipo de documental que es de un género de observación. El documental de observación se trata de observar, en un tiempo más o menos largo, para captar lo que pasa o lo que no pasa. Para nosotros fue necesario captar cuando construyeron el puente, cuando se abandonó, qué pasó cuando se abandonó, para dar la sensación de lo que hace muchas veces el cine de ficción que es jugar con el tiempo. Es lo que te permite generar una narrativa.