Cabadías: moda, conflicto armado y superación

Jorge Arroyo y Kelly Medina, Comunicación Social y Periodismo

En sus más de 30 años en la industria de la moda, Cléiner Cabadías plasma en sus diseños las historias y vivencias de pueblos afrocolombianos e indígenas.

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Fabio Piva

La historia de esta mujer puede parecer tan fuerte como cualquier otra víctima del conflicto armado, pero que, gracias a su madre, pudo transformar el dolor en inspiración. Hoy, sus diseños gritan cultura y libertad. Reflejan la esencia de la mujer indígena y afro en Colombia y exponen la elegancia que la caracteriza.


A la edad de 12 años, Cléiner Cabadías tuvo que salir desplazada por la violencia del corregimiento de Mesopotamia en Bojayá, municipio del Chocó. Abandonó aquel lugar en el que había pasado parte de su infancia junto con sus padres y sus siete hermanos, dejando atrás vivencias, amigos y familiares. Al llegar a Quibdó, la vida de todos en su hogar cambió. Su padre, don José de Las Mercedes, ya no era la cabeza de una de las tantas familias que se vieron afectadas tras la ola de violencia en el Pacífico de finales de los años 80.


Ahora, era su madre, doña Teresa, quien con una máquina de coser pudo solventar la situación de su hogar. Aquella máquina era la que años más tarde ayudaría a reconstruir la vida de la familia Cabadías Rivas y a cultivar en Cléiner, quien ayudaba en el proceso de diseño y costura de su madre, un don que se convertiría en una vocación innata.


A la par de ayudar a sacar a sus hermanos menores adelante, Cléiner adquirió los conocimientos de doña Teresa, los cuales la han llevado hoy a ser reconocida en la capital chocoana y a tener espacios en medios de comunicación como Caracol y El Espectador, además de participar en escenarios como el Bogotá Fashion Week y la Pasarela Somos Color, organizada por Henkel y la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.


Entre risas, Cabadías recuerda que muchos clientes, que en su mayoría eran señoras de la capital chocoana, se sorprendían de ver que quien les confeccionaba y diseñaba lo que se pondrían era una chica de unos 15 años. De manera despectiva, pero con un sentido jocoso, le pedían que no le fueran a dañar la tela.


A esta misma edad nunca pensó que tal actividad de costura la catalogaba dentro de esta industria. “Es ahora cuando vengo a ver todo este proceso como moda”. Nunca pensó en etiquetas cuando, a través de la creatividad, creaba piezas que no solo fueran ‘bonitas’, sino que reflejaran la comodidad en la persona que la compraba y la recomendaba con otras. Cléiner solo veía a este proceso que sacaba a su familia adelante como un simple ‘emprendimiento’, en el que solo pretendía, como lo sostiene ella misma, “hacer que cada cliente que saliera de su tienda saliera con una sonrisa y que se sintiera feliz y bonito cuando se pusiera el vestido”; esto es lo que busca con sus colecciones actuales.



Resiliencia


Al estar en el Bogotá Fashion Week del 2016, su sueño por llevar sus diseños inspirados en la magia de la población afrocolombiana e indígena a nivel internacional creció, ya que, según cuenta la diseñadora chocoana, “los clientes miraban esa diferencia en las prendas que llevamos; se animaban por un tema diferente, uno autóctono de nuestro pueblo”. Fue ese mismo empuje que le otorgó el privilegio de ser invitada al Milan Fashion Week 2018, sueño que, debido a recursos y al gran esfuerzo económico, no pudo cumplir, pero que anhela con poder realizar en los próximos años.


Resalta que, gracias al descubrimiento de no solo su comunidad afro, sino de otras inherentes en el territorio chocoano, en una de sus más grandes colecciones pudo plasmar  todas esas vivencias de los indígenas: el cómo viven, su forma de trabajar, de convivir entre ellos y entre la comunidad negra en Colombia.


“Muchas veces cuando uno no conoce la cultura de un pueblo, de una etnia, dice muchas cosas”, lo cuenta al mencionar que su visión frente a la comunidad indígena era diferente hasta que fue hasta ella y evidenció los rasgos que los diferencian y los volvieron su inspiración: dice que, por ejemplo, “ellos se distinguen al reflejar y vestir de manera impecable y representativa prendas de sus comunidades”, eso es algo que ella desconocía y que pretendía marcar en la colección que plasmó la esencia de esta comunidad.


Los pilares que siempre tiene presente en cada una de sus creaciones son la diversidad que se relaciona a la fauna y a la flora y la diversidad que distingue a la población afro, lo que la inspira a sacar productos que la gente quiera y necesite.


Se describe a sí misma como una persona ‘rara’ y ‘diferente’, que proyecta un lema que, aparte de querer llevar una voz por las comunidades afrocolombianas e indígenas del Chocó a través de lo étnico y lo creativo, resalta como otro de sus propósitos, el diseñar con el menor impacto al medio ambiente, como lo dice la misma Cabadías: “aquí no se pierde nada” porque de todas las telas y retazos que quedan, se clasifican según sus texturas para crear otras prendas.


“Cuando uno está en este medio de la moda y de los emprendimientos y que está en el contacto con la gente, uno va analizando y comprendiendo qué es lo que quiere el cliente. Así mismo, nosotros, como creadores, vamos resolviendo todo lo que el cliente quiere y necesita”. Con este pilar se ajustó a la actual crisis que enfrenta Colombia y el mundo y que la obligaron no sólo a detener sus procesos de creación, sino a prescindir de parte de su equipo de trabajo conformado inicialmente por 10 personas, en el que hombres y mujeres, algunos cabeza de hogar, dejaron de trabajar debido a la poca solicitud y venta de prendas.


Cléiner no vio esta primera fase de contingencia social para la industria de la moda como una desventaja, sino como la oportunidad y necesidad de llevar su marca a otro nivel; a reinventarse y digitalizarse a través de una página que se creó durante los meses más álgidos de la pandemia y que la llevan a tener hoy un alcance más allá del Chocó.

Menciona que se hizo una colección de tapabocas que fueran acorde con el vestuario, porque era una obligación tanto de la marca, como social, en estos momentos de emergencia social, que nos permite acoplarnos a lo que estamos viviendo; al vestuario que usamos durante la pandemia que, a pesar de ser más sencillo por estar en casa, debe reflejar esa esencia de Cléiner: “estar radiante, cómodo y bonito”.

Un legado


La diseñadora chocoana agradece la oportunidad que le han brindado los medios de contar su historia y de crear en ella una esperanza por ser un mayor referente en temas de moda. Estos espacios mediáticos no solo la obligaron a acelerar los procesos de su marca, sino que le permitieron valorizar más su trabajo y de tener ventajas financieras a la hora de, por ejemplo, solicitar un crédito bancario: “Cuando nos dieron la oportunidad de salir 15 minutos en televisión, los que me compraban salían a ponerse la ropa que diseñaba y los bancos ya no me negaban un crédito, me dieron la credibilidad que necesitaba”.


Con fervor, sostiene que “en unos años, me veo en escenarios que visibilicen más lo que hacemos”, en escenarios en los que hubiera una representación colombiana; y más que colombiana, chocoana; “y más que chocoana, de ese terruño de allá de bojayá, ese que ya no existe por la violencia”. Toda esa riqueza cultural y ancestral que tienen los pueblos negros e indígenas, “porque eso es lo que nosotros plasmamos en nuestros diseños”.


Su legado lo ha ido consolidando alrededor de los últimos cuatro años, aunque, de manera reflexiva afirma que “nunca pensé que lo que íbamos a lograr con todo ese reconocimiento se fuera a dar tan pronto, que fuéramos a ser tan visibles”, pero así mismo asegura que mucho más adelante se pueda seguir con lo que ha venido construyendo. “Si no lo consigo yo, lo conseguirán mis hermanas, mis hijos o mis sobrinos”.


Por eso hoy se concibe como una gran revelación de la moda en el Pacífico, un pacífico olvidado, pero con exponentes en diferentes ámbitos que reflejan lo que realmente hay en la región, más que la violencia impregnada en su historia. Eso es lo que quiere ser y seguir siendo Cléiner, el ejemplo que le permita a otros inspirarse y enseñarles que nada es imposible, ya que siempre habrá apoyo de, al menos, una persona a la que le guste lo que estás haciendo.



Apoyo a la moda del Pacífico


Cabadías resalta que tanto en el Chocó como en otras partes del Pacífico hay unos emprendimientos que solo necesitan visibilización, “necesitan lo que me dieron a mí los medios que tienen esa magia”, resaltando que las personas, al ver este tipo de respaldo, empiezan a conocer las marcas que, al final, permiten apoyar lo nuestro. Resalta que la visibilidad es el factor fundamental para que los diseñadores como ella y las marcas de moda en el Pacífico sean conocidas en todo el país.


La diseñadora del Chocó admira mucho a otras como Silvia Tcherassi y Judy Hazbún, con quienes no pierde la ilusión de colaborar en algún proyecto en conjunto, ya que se identifica con ellas.


Concluye Cléiner, quien es el más claro ejemplo de que para alcanzar metas en una industria no tan conocida ni tan apoyada en la región pacífica colombiana se necesita de perseverancia, humildad, apoyo mutuo, el apoyo a lo nuestro y el apoyo a nuestra cultura, “porque eso es lo que nos hace diferentes”.


Ahora, sigue trabajando por llevar el legado del Pacífico colombiano a Milán o a otros escenarios internacionales y, mientras rodea el taller de costura en el que trabajan unos cuantos colaboradores, sigue reflejando el legado que su madre, quien ya no la acompaña terrenalmente, le dejó al ser la voz del diseño de las comunidades del Pacífico colombiano.

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