Fragmentos de un padre

Zharick Tatiana Ruiz y Sara Charria, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo

Daniel Chaparro ha tenido la responsabilidad de ser el vocero en vida de su padre, el periodista Julio Daniel Chaparro, quien en abril de 1991 fue asesinado cuando se encontraban haciendo reportería en Segovia, municipio de Antioquia.

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Fragmentos de un padre
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Periodista Julio Daniel Chaparro.

El 24 de abril de 1991, sucedió una tragedia que marcó el periodismo colombiano para siempre, una pluma y un lente perdieron el rumbo. Julio Daniel Chaparro, periodista y poeta, y Jorge Torres, fotorreportero, fueron asesinados en Segovia, municipio del departamento de Antioquia.


Los periodistas, quienes se encontraban trabajando en la redacción del diario El Espectador, se dirigieron a este municipio para investigar la masacre de más de 40 personas que había ocurrido tres años antes. Chaparro y Torres se encontraban construyendo una serie de crónicas con el propósito de reflejar la vida después de las masacres, titulada “Lo que la violencia se llevó”.


Actualmente, la Fiscalía adelanta una investigación que arroja como presuntos responsables a guerrilleros del Ejército Nacional de Liberación (ELN). Sin embargo, de acuerdo con la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), pese a que este homicidio fue declarado crimen de guerra, y no va a prescribir, los avances en materia de justicia han sido mínimos.


Dentro de esta investigación, la Fiscalía niega que el crimen contra Julio Daniel y Jorge Enrique haya estado relacionado con su oficio periodístico. Es por ello que durante la investigación no se ha analizado el trabajo que desempeñaban, ni los riesgos propios de la actividad.


Hoy por hoy, Daniel Chaparro, hijo de Julio Daniel Chaparro, se ha visto en la labor de compartir la historia de su padre y ser su vocero en vida ante los ojos de la opinión pública. Sin embargo, Daniel cuenta cómo ha llegado a agotarse de siempre contar la misma historia, de aportar una mirada superficial del suceso que marcó el fin de la vida de su papá.

“No quiero ser representado como la persona que está permanentemente siendo un parlante más que habla de cómo asesinaron a mi padre. Me gustaría traer elementos más complejos de él. Sobre todo cuando uno habla de escritores, el tributo más justo que se les puede hacer es traer al presente los textos. Frente a los hechos ocurridos en Segovia, aún hay preguntas de la impunidad y, pese al lugar que ocupó en la historia, sé lo mismo que ustedes, tal vez. Aún espero una respuesta de quién es el culpable con actitud de reclamo y de una espera que no es pasiva”.


El pasado 28 de julio, la Corte Interamericana de Derechos Humanos admitió este caso con el fin de estudiarlo y determinar si el Estado colombiano tuvo alguna responsabilidad por la falta de investigación y sanción de los responsables de este asesinato que continua impune.


Idealización de un padre


Cuando Daniel tenía ocho años asesinaron a su padre. Compartió su infancia temprana con él y los únicos recursos que le quedaban eran esas memorias que con el tiempo se hacían borrosas. “Ya no tengo mis recuerdos. Antes eran fotografías que iban perdiendo color y nitidez, ahora son ideas de algunas fotografías que en algún momento estuvieron colgadas en mi cabeza”.


La idea que tenía de su padre la formó con base en dos métodos. El primero, eran esas historias que su familia o los amigos de su padre le contaban en un almuerzo o en torno a un café.


"La memoria de mi padre en mi casa estuvo construida por la anécdota y creo que muchas personas que han perdido a sus familiares en el país han hecho de la anécdota un vehículo que les permite compartir la ausencia y lo que la persona legó en vida. La anécdota tiene el poder de rescatar a los ausentes y hacerlo de manera que sea un momento grato, disfrutando el recuerdo".


"Crecí con mis abuelos paternos, mis tíos, amigos y colegas de mi padre reunidos entorno a su vida, su locura, sus canciones favoritas, sus chistes malos o lo malo que era jugando fútbol, que a la vez representaba su elección al ser hincha de un equipo que también representaba sus pocas habilidades futboleras".


Por otro lado, Daniel denomina su construcción de memoria como un ejercicio que, en muchos momentos, lo agobió por el hecho de no contar con los recuerdos suficientes para crear una imagen perdurable en el tiempo. Asumiendo esto, se atrevió a crear un ejercicio que él denominó memoria imaginada, haciendo referencia al proceso de sumergirse en su infancia y, con ayuda de sus pequeños atisbos de memoria, imaginar y recrear de alguna forma, con herramientas de ficción, la relación con su padre.


Reuniendo todo esto, Daniel no solo creó una imagen entrañable y amigable de su padre, sino que también lo idealizó debido a la gran persona y al gran referente periodístico que creía que había sido.


Cuestionando a un ídolo


Cuando Daniel creció y entendió el impacto mediático y judicial de la vida de su padre, comenzó a cuestionarlo. Le surgió la duda de si realmente era la persona que había idealizado y creado con su memoria imaginada. En consecuencia, se sumergió en una investigación desprendiéndose de la imagen familiar de su padre buscando respuestas respecto a quién era en realidad, cuestionando sus habilidades tanto periodísticas y literarias como personales.


“Logré, a partir del ejercicio de investigación, terminar de conocer a mi padre y me asombró. Puedo decir que me enamoré de él porque pensaba que el objetivo que perseguía con el periodismo era absolutamente loable y deseable en este país y lo que hacía en la poesía también. Mi padre decía que su periodismo atisbaba a las realidades completas”.


Daniel reafirmó el lugar de su padre en el periodismo colombiano por medio de sus investigaciones y los testimonios de colegas, como Alfredo Molano, en los que resaltaban sus habilidades y su legado. Admiraba la capacidad de Julio Daniel para reflejar la realidad de los ciudadanos de a pie y no para servir de publicista del gobierno de turno. Así como también lamenta que su padre no hubiera tenido la oportunidad de explotar al máximo sus capacidades o compartir con la nueva generación de periodistas.


“Me salgo del papel de hijo y me paro en el de lector y quisiera que él y otras personas que tienen propuestas las logren llevar al nivel máximo, sobre todo cuando son del mundo artístico. Es muy triste ver que son cortadas como una rama que no permite que el árbol florezca con plenitud”.


La muerte de Julio Daniel Chaparro no fue solo una pérdida para Daniel y su familia, sino que también para el periodismo colombiano que perdió un gran maestro, ya que con su asesinato quedó un espacio vacío difícil de llenar dentro de la profesión. Finalmente, Daniel hace una última petición a los lectores, periodistas y seguidores de su padre frente a su vida y obra:

“No me roben la anécdota, quiero que me quede y siga alimentando la memoria familiar, pero sí llévense todo el periodismo y la poesía que quieran. Recuérdenlo como un joven poeta, lean sus crónicas y su periodismo. Tomen algo de él y mézclenlo con lo que ustedes hacen. Esa es la forma en que se le puede rendir tributo y resaltar el legado que sirve para seguir cultivando nuestro camino en el país”.

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