Libros 'inmorales'

Sofía Bayona

Los miembros de la comunidad LGBTI siguen siendo víctimas de la misma discriminación, tanto en la sociedad, como en la literatura.

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“No hay tal cosa como un libro moral o inmoral – fue el prefacio que escogió Oscar Wilde para El retrato de Dorian Gray – Los libros están bien o mal escritos.  Eso es todo”.  El escritor británico fue condenado a 2 años de cárcel por ultraje a la moral pública, en otras palabras, por ser homosexual, y su obra se utilizó como prueba en su contra.  Hoy, 125 años después, los miembros de la comunidad LGBTI siguen siendo víctimas de la misma discriminación, tanto en la sociedad, como en la literatura.


El 26 de septiembre inició la Semana de los Libros Prohibidos en Estados Unidos, un evento en el que la Oficina de Libertad Intelectual, OIF por sus siglas en inglés, se encarga de revisar cuáles fueron los libros más restringidos, escondidos y eliminados de bibliotecas en el año.  En la última lista, 8 de los 10 libros más censurados son de literatura LGBTI.


Este género literario está compuesto tanto por libros escritos por personas del colectivo, como por aquellos cuya trama gira en torno al tema, como lo definió el escritor Gregory Woods en Historia de la Literatura Gay.


Pero la peor parte de esta cifra es que no llegó como una sorpresa.  El 2020 es el cuarto año consecutivo en que este tipo de historias ocupan al menos la mitad de la lista de censuras, comprobando así que, aunque la homofobia haya disminuido, su esencia sigue intacta.


Quienes protestaron ante la presencia de estos libros frente a sus ojos argumentaban que estaban “diseñados para contaminar la moral de sus lectores”, una frase muy similar a las que se dirigieron a Oscar Wilde en 1895.  Para ser una sociedad que ha avanzado tanto, es difícil creer que todavía persista la equivalencia entre “inmoralidad” y “diferencia”.


De igual forma, se les acusaba de contenido sexual explícito, pues hay una tendencia a igualar la homosexualidad con la pornografía, e ignorar cualquier similitud entre el beso del príncipe y la bella durmiente, y el de El príncipe y el caballero.  Este cuento de hadas no heteronormativo hace parte de la lista de libros prohibidos, así como la historia de dos pingüinos machos que se enamoran (Con Tango son tres), la de un conejo gay (Un día en la vida de Marlon Bundo) y la de una niña transexual (George).


Como siempre, la literatura imita al mundo que la rodea.  En la actualidad, según cifras de la ONU, hay 72 países que aún penalizan las relaciones homosexuales, y en el 58% de los Estados miembros de la organización se han presentado casos de discriminación.   Además, más de 1300 miembros de la comunidad LGBTI fueron asesinados en América Latina en los últimos 5 años.


Nada de esto es nuevo, pues desde que existe otro tipo de amor, existe el rechazo hacia él y, desde entonces, la literatura ha servido como reflejo de lo que muchos autores tuvieron que reprimir durante años. Marcel Proust, Virginia Woolf y Thomas Mann, por nombrar unos pocos, son ejemplos de grandes escritores que encontraron en sus obras un escape para sus sentimientos, y que hoy sirven de referencia para la literatura LGBTI.


Con el tiempo, las leyes fueron cambiando y el mundo se fue modernizando.  No ser heterosexual dejó de ser un crimen, pero se volvió no recomendable, y escribir al respecto siguió siendo un acto de rebeldía.  Federico García Lorca escribía acerca de sus pasiones con eufemismos, como dejando un acertijo que debía ser resuelto, pero a su muerte, ni su familia ni sus admiradores están dispuestos a discutir esta parte de él.  Ser gay no es ilegal, pero avergüenza.


Lo mismo sucede con Gabriela Mistral, la primera persona latinoamericana en obtener un Nobel de literatura.  La escritora y poeta sentía un afecto especial por su secretaria, Doris Dana, y era tan fuerte que se dice que inspiró gran parte de su trabajo.  Ella no le tenía miedo a sus sentimientos, pero cuando Juan Pablo Sutherland propuso incluir sus poemas en una compilación sobre la homosexualidad en Chile, la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral no lo permitió.  Ser gay no es ilegal, pero da miedo.


Hay que reconocer que cada vez existe más representación de la comunidad LGBTI en la literatura, y que hoy en día hay muchos autores que sienten orgullo tanto de su identidad sexual, como de sus libros publicados.  Giuseppe Caputo es uno de ellos, y representa el progreso en este sentido, pero también opina que “cuando las narrativas LGBT salen del closet, también la homofobia sale del closet”.

La homofobia es el miedo a la diversidad, es el odio a lo diferente, y eso es una amenaza a la moral.

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