Angustia ver tan incierto el futuro de los actores: Gerardo Calero

Nicolás Ocampo Rodríguez, Comunicación Social y Periodismo

El experimentado actor colombiano habla sobre el arte, su pasión por el dibujo y el futuro del cine y la televisión.

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Foto: Canal REDMÁS

Esto fue lo primero que Gerardo Calero, experimentado actor colombiano, me dijo cuando me abrió las puertas de su casa, en el barrio Santa Bárbara, en Bogotá. Hablamos sobre su vida, sobre el arte y su pasión por el dibujo que solo los más allegados conocen. Poder ver su carpeta de caricaturas y dibujos y hablar de ellos mientras compartimos un café, resultó en la fortuna de poder contemplar sus trabajos artísticos más íntimos. Lejos de los sets de grabación, las locaciones y las cámaras, el experimentado actor me sorprendió con su innegable talento que evoca sus inicios artísticos en la Escuela Popular de Artes en Cali, cuando estudiaba Artes Plásticas en los 70.  

Luego de esto, cuando pensaba que nada me podía sorprender más, pude conocer también su destreza para la escritura en un libro de dos tomos que cuenta la historia de su familia. Realizado por él y sus hermanos, allí cuentan historias, anécdotas y recuerdos acompañados de fotografías de cada época que suscitan todo un homenaje a la vida. Ahí recordé que aún no hablábamos de lo más obvio, la actuación. Pero para llegar a ese punto, iniciamos desde Buga, donde se gestó todo. Así que le pregunté sobre sus inicios en el arte, en el Valle del Cauca, y de dónde venía la inspiración y lo que lo llevó a estudiar una carrera artística. 

“Yo creo que eso viene con las personas”, dijo. “En mi familia, prosiguió no hay una tradición de artistas de ninguna naturaleza. Mi papá era una persona que admiraba mucho el arte y a los artistas, pero creía que eso era para otras personas. Yo no sé si pensaba que era para personas privilegiadas, pero, en todo caso, él nunca pensó eso para sus hijos. Yo desde que me recuerdo me recuerdo dibujando… Dibujando muñequitos, dibujando los personajes de los cómics”.  

Sus recuerdos viajan al Valle: “En Buga, donde nací, se dibujaban los personajes de los comics. Te estoy hablando de Superman, Batman, El Fantasma, Tarzán, todos estos personajes… Yo muy rápidamente me di cuenta de que estos personajes eran dibujados por distintos dibujantes. En la zapatería de al frente de la casa de un familiar, había una estructura de madera con unos alambres y ahí colgaban los cuentos. Entonces a veces alquilaba un cuento y yo reconocía que ese dibujante no era el mismo del de Batman, no era tampoco el mismo dibujante de la historia que había leído antes. Entonces yo descubrí que tenía esa facilidad y, de hecho, había una clase de dibujo que a mí no me gustaba y esos cuentos no los buscaba y buscaba otros y copiaba esos dibujos”, agrega.  

Seguí indagando sobre los motivos que lo llevaron a descubrir ese talento artístico y sobre lo que lo inspira a dibujar.    

Yo creería que siempre me incliné por la figura humana y, en general, digamos, más que el paisaje, más que la arquitectura, más que las máquinas, yo dibujaba personas y aprendí a hacerlo como aparecían en los cuentos. Algunas veces, trataba de dibujar un ser humano lo más parecido a la realidad en proporciones a un ideal también de la figura humana. También me llamaban la atención las esculturas. A propósito de esto, yo hacía en estos días un ejercicio con mis hermanos y hemos publicado unos libros de memorias, de memorias de la familia, de recuerdos y de anécdotas. Entonces yo hablaba de un lugar en Buga que se llamaba el parque Santa Bárbara, que ahora se llama parque La Victoria y del parque de Los Leones porque ahí había dos leones de cemento. Entonces yo decía que esa fue la primera escultura que yo vi presencialmente. Yo había dibujado el David de Miguel Ángel, también el Moisés de Miguel Ángel y alguna otra escultura había dibujado sacadas de fotografías. Pero los leones fueron las primeras que vi físicamente y llamaron mi atención. 

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Gerardo, me ha venido contando en estos minutos sobre ese gusto por el dibujo, por las esculturas y por el arte. ¿Por qué no siguió por ese camino y eligió la actuación? 

 

Esa es la pregunta clave, absolutamente clave en esto, el porqué me convierto en actor. Ya pasados unos años después de la experiencia de ver los leones y de dibujar personajes de los cuentos, yo me voy a Cali porque quería ser artista, yo quería ser pintor. Entonces entré a estudiar primero en el Instituto Popular de la Cultura en Cali y después fui a Bellas Artes en la Escuela de Artes Plásticas de Bellas Artes en Cali y, estando allí, se produjo un paro.  

 

La escuela de Bellas Artes estaba conformada por Artes Plásticas, la Escuela de Teatro, el Conservatorio de Música y la Escuela de Ballet. El Conservatorio de Música y la Escuela de Teatro entraron en paro porque querían cambiar a sus directores, que eran personajes muy reconocidos en el ámbito del teatro y de la música pero que, como administradores y directores de escuela, tenían problemas. En esa época, conocí a la gente de Teatro y me hice muy amigo de ellos. Conocí también a los de Música y Ballet y ese fue un fenómeno muy interesante. Entonces los alumnos y los profesores de Teatro hacían improvisaciones sobre lo que estaba pasando y nos invitaban a otros a participar y yo encontré que me gustaba y tenía alguna facilidad para eso y los compañeros de teatro me estimularon para que siguiera.  

 

Cuando se acabó el paro y se abrieron las matrículas para el siguiente curso, yo me matriculé en las dos escuelas y empezamos tres de Artes Plásticas y tres de Teatro. Finalmente, dos desertaron de Teatro y yo terminé desertando de Artes Plásticas porque la reflexión que yo me hacía era que no iba a ser pintor; yo iba a ser dibujante y sabía que podía seguir dibujando solo. En cambio, para hacer teatro, necesitaba de compañeros porque es un trabajo colectivo. Por eso decidí que no necesitaba estar en una escuela para seguir dibujando y seguí haciendo teatro. 

 

Retomando lo que me venía hablando de la experiencia del paro de los estudiantes en aquel entonces, lo quiero juntar con el contexto que vivió Cali entre los setentas y los ochentas en el que pasaron cosas muy interesantes. Surgieron los grandes grupos de la salsa como la Fania, Jairo Varela y Grupo Niche, también autores como Andrés Caicedo y libros como ¡Qué viva la música! que relatan un poco el Cali de ese entonces. ¿Eso tuvo algún tipo de influencia en usted?, ¿se puede tomar como un acto de rebeldía estudiantil o protesta ligado a ese entorno cultural que vivía Cali en ese momento la experiencia que me estaba contando? 

 

Tiene todo que ver. Estamos hablando que ese paro ocurre en 1975. Era una reforma estudiantil pero todo esto estaba atravesado por personas que hacían parte de esta o aquella inquietud política e ideológica. Entonces ahí estaban los llamados mamertos, los pro-chinos y toda esa gente que se declaraba política. El entorno era exactamente ese que estábamos hablando. Cali es una ciudad donde el sonido antillano estuvo presente desde hace muchos años. Eso lo dice en alguna parte César Pagano que es uno de los que más conoce acerca de la salsa en Colombia y de la salsa en el mundo. Él es hijo de un ingeniero antioqueño que participó de la instalación de los ingenios en el Valle del Cauca y esos ingenios los instalaron trabajadores cubanos que llevaron el sonido cubano.  

 

Ese sonido se instala allí porque estaban dadas las condiciones para que se quedara. Entonces uno prendía el radio en la casa y estaba sonando en la emisora La Sonora Matancera, el trío Matamoros, el trio La Rosa y luego ese sonido antillano se convierte en el auge de la salsa y Cali estaba perfectamente preparada para recibirlo; sumado a la danza como se daba en Cali. Todo eso estaba ligado y estaba presente también en el movimiento nuestro que no era ni mucho menos un movimiento estudiantil que abarcara bastante. Eso pasaba solo en Bellas Artes pero la gente de la Universidad del Valle, de La Santiago y de agrupaciones artísticas de Cali Como los del Teatro Experimental de Cali (TEC), por ejemplo, vuelven a la escuela a apoyarnos en el paro y allí se gestó algo interesante y siguieron mis inicios en la actuación.  

 

Llegamos entonces al punto inevitable de la actuación y su carrera en la televisión. ¿Cómo fueron sus inicios en el medio y cómo ve el oficio en estos días luego de casi 40 años de carrera? 

 

En la escuela de teatro a nosotros nos trabajaban, de alguna manera, cierta aversión a la televisión porque se decía que era una prostitución del actor, del escritor o el director para quienes llegaban allí. Es por esto que al comienzo me costó trabajo dar ese paso porque aún estaba tocado por ese pensamiento.  Pero luego yo encuentro que es un canal, una expresión que, bien usada, puede ser tan rica como otras expresiones. Lo que pasa es que está regida por un propósito mucho más comercial; está en manos de unos comerciantes y entonces por eso se le da la orientación que se le da. Pero es un medio que no tiene por qué ser ajeno a los actores.  

 

Yo lo que creo y lo que quiero decir con esto es que ojalá a los actores, a los muchachos que están aprendiendo hoy en día les dijeran un poquito de esa aversión a la televisión porque lo primero que se proponen es llegar a hacer televisión en las condiciones en las que se hace. Todo esto porque yo sigo pensando que la televisión podría ser mejor; porque ahí hay una herramienta para hacer algo extraordinario. Desde luego, se han mejorado muchas cosas pero, también, se han desmejorado otras. Se ha desmejorado, por ejemplo, en lo esencial que es en el libreto y la dramaturgia.  

 

Por otro lado, la técnica ha progresado; se ha puesto al alcance de todo el mundo y eso está muy bien; pero mucha gente quiere llegar a esa televisión que es tan mediocre desde el punto de vista del contenido. La gente debe estructurar un sentido crítico del medio en el que participa y bueno, yo creo que eso a mí me ha servido. Yo te decía que no había una tradición artística en mi familia, pero siempre hubo una tradición, de parte de mi papá y de mi abuelo, de amor a la lectura, a la literatura, a la historia, a la filosofía y entonces siempre ha habido un sentido crítico inclusive sobre lo que uno mismo hace. A mí no me ha abandonado nunca eso y yo cada vez que asumo un proyecto tengo esa mirada de lo que estoy haciendo. A veces me tengo que dar mucho látigo para poder aceptar lo que me toca aceptar porque también es un negocio y necesito pagar el arriendo, el agua, la luz y las demás cosas, pero creo que en ocasiones podríamos haber hecho algo mejor.  

 

¿Recuerda algún proyecto que haya sido memorable para usted, o haya tenido toda su aceptación o ese gusto de realizarlo y que se haya hecho bajo estos parámetros que hablábamos? Porque hoy en día, según lo comentaba, se ve un declive en algunas cosas como también se han fortalecido otras. Y me gustaría que me contara si hay una experiencia que recuerde y que haya sido muy grata para usted en tantos años en la televisión. 

 

Yo he hecho cosas con las que me siento satisfecho y me ha gustado hacerlas y otras que no tanto. Me habría gustado dirigir más, habría querido actuar más pero puntualmente tengo un vacío con el cine; aunque eso también obedece a otras cosas. El cine colombiano es muy particular. En casi todos los países, hay un nicho para hacer cine con actores naturales pero lo principal se hace con actores profesionales. En Colombia es al revés. Mayoritariamente, se hace cine con actores naturales y, en algunas películas, se hace con actores profesionales. Algunas películas, por ejemplo, se hacen con una calidad cuestionable en las que, entre otras cosas, habría sido mejor no estar. Pero a mí, si alguna expresión me gusta de las artes escénicas y audiovisuales es el cine y no he tenido mucha oportunidad en eso. 

 

Hablando un poco de cine, y como profesional de la dramaturgia, ¿cómo ve la evolución del cine colombiano? Evidentemente, con los años, ha habido un aumento de producciones y de directores que inclusive han alcanzado cierto nivel de reconocimiento. Si hacemos una comparación, no se da la misma producción que se ve actualmente a la de hace 20 años y entonces ¿cuál es su punto de vista al respecto? 

 

Yo soy un poco escéptico de lo que pasa. Ciertamente, se hacen muchas más películas ahora que antes y, entre otras cosas, yo me pregunto qué pasa con esa cantidad de películas que se hacen y nunca llegan a las salas de cine o llegan y no duran más de una semana. A mí me parece que la mayoría de las personas que hacen cine están más preocupadas de lo que pasa del lente para atrás. O sea, que están buscando más el efecto técnico, el manejo de los recursos desde el punto de vista técnico que lo que ocurre en frente de la cámara y en el cine, finalmente, todo ese andamiaje, todos esos aparatos y toda esa técnica están para registrar lo que ocurre delante de la cámara. Lo que importa es lo que ocurre delante de la cámara realmente. A mí me parece que hay muchos directores de nuestro cine que lo que pasa al frente de la cámara es lo que menos les importa. Pienso que los recursos se han democratizado; porque cualquiera puede tener una cámara, con los celulares se pueden hacer películas; pero las películas son buenas si lo que ocurre delante de la cámara está bien concebido. Si hay un buen guion o si hay una buena improvisación que en una edición se le puede dar un orden, para que haya un relato, es lo que cuenta. Inclusive, no necesariamente un relato porque las películas pueden ser de mil maneras; pero yo creo que lo que importa es lo que se registra y no cómo se registra. 

 

Es muy interesante ver cómo se cuentan historias a través del arte; ya sea a través de la escritura, de una película, de una serie en televisión o cualquier otra expresión. Antes de iniciar la entrevista, estábamos hablando de un gusto que tomó en algún momento por escribir sus ideas y por ir registrándolas para convertirlas, a la larga, en historias. ¿Eso de dónde viene, por qué surgió en usted la idea de registrar en papel sus pensamientos? 

 

Siempre he querido escribir, pero no he tenido la disciplina. Me pasa lo mismo que con el dibujo, lo aplazo. Y lo aplazo porque estoy esperando el día que tenga ganas y, por eso, no soy al final ni dibujante ni escritor.  Pero desde hace un tiempo, vengo anotando ideas. Lo hago porque olvido todo muy pronto y quería conservar mis pensamientos para ver si en algún momento algo interesante surge.  
 
Por ahí estoy haciendo un ejercicio con eso y estoy escribiendo algo. No sé cómo vaya a salir pero estoy tratando de darle un enfoque de novela; lo que no sé es si se convierta en una al final. Vamos a ver qué pasa con eso. Lo que sí creo es que todo eso viene de lo que también es, para mí, la principal herramienta del actor y eso es la observación. Es observar al alrededor y eso está en la palabra dicha, en la palabra escrita, en el trabajo de los otros, en las otras expresiones del arte y entonces uno siempre debe tener la mirada atenta a percibir lo que pasa en todo contexto porque de eso aparecen buenas ideas.  

 

¿Cómo fue para usted ver que su hijo también se conviertió en actor? Él es bien recordado por su participación en Pandillas, guerra y paz. ¿Cómo fue ese proceso en el cual él seguramente vio ese ejemplo en usted para convertirse en actor? 

 

Bueno, no solo lo vio en mí. Su mamá también es actriz y con estos muchachos pasa lo mismo que pasa con los abogados y con los médicos. Es muy difícil que los hijos de los abogados y de los médicos no sean médicos y abogados; este tema de la actuación está metido en la casa.  

 

Pasó que él también fue al colegio de la hermana de un director de televisión, de Jorge Alí Triana, y entonces allá había muchos hijos de muchos de nosotros. Como la dueña del colegio tiene un gusto por la vida artística, la obra de teatro que hacía el colegio anualmente tenía más importancia que en otros colegios. Entonces Juan, mi hijo, participaba de eso desde las primeras épocas e inclusive ahí vi un crecimiento. Yo recuerdo, a manera de anécdota, que lo recogía los martes en un lugar distinto porque el bus del colegio no lo dejaba en la casa, sino que lo llevaba a donde iban los que se quedaban haciendo un vocacional. Como este muchacho estaba ensayando tanto, yo pensaba que era el protagonista de la obra que con tanto esfuerzo ensayaban. Cuando yo voy a ver la obra, me costó trabajo reconocerlo porque él estaba envuelto en un papel celofán y era como una especie de árbol y ahí pensé que a él le tenía que gustar mucho esta vaina para ‘mamarse’ todos los ensayos que se aguantó y estar haciendo eso del árbol.  

 

Para la obra siguiente, tuvo una participación más importante y así pasó hasta que terminó siendo el protagonista de las obras que se hacían en el colegio. Por esa época, se da el paso de él a Pandillas, guerra y paz y se da una cosa que a él como hijo le incomodaba mucho y era que fuéramos caminando y la gente nos parara a su mamá y a mí a pedirnos una foto y resulta que hoy en día es al revés; cuando vamos juntos nos paran para que se tomen fotos con él. Pero entonces, la respuesta de fondo es que es muy asustador que se haya metido en esto porque es una cosa que en Colombia, para decirlo en los términos más coloquiales, se “perretea” cada vez más. Yo creo que Colombia es el único país que tiene una industria audiovisual tan importante como la nuestra y los actores son tan mal tratados. Yo creo que en ningún otro país pasa eso y por ahí pasa ese fenómeno que mencioné de que la mayoría del cine no se hace con actores profesionales sino con actores naturales. Es angustiante como padre de un actor y persona perteneciente al medio ver que el futuro para los actores cada vez es más difícil e incierto.  

 

Gerardo, después de lo que hablamos de la televisión, del cine colombiano y de esa realidad de que el medio a veces les da prevalencia a personas que no se han tomado el trabajo de prepararse y de formarse académicamente, ¿qué cree que viene para los futuros actores del país? 

 

Son los medios los que subvaloran el trabajo. A veces me encuentro en la calle con una señora o un señor que me dicen “es que ustedes sí eran actores, esos de ahora no lo son” y yo soy contrario a eso y los tengo que desmentir. Los muchachos de hoy en día son estudiosísimos; han estudiado lo que nosotros no estudiamos porque a nosotros nos echaron un carretazo y en las escuelas de teatro no nos dieron todo lo que nos tenían que dar. Hoy la gente es muy talentosa, muy estudiosa e inclusive la gente bonita antes no se sentía que tenían que llegar a la televisión.  

 

Hoy en día, esas muchachas y esos muchachos son bonitos, son preparados, son estudiosos y son preocupados. Yo cuando me refiero a que se ha “perreteado” la televisión no estoy hablando de los nuevos actores, estoy hablando del medio. Hablo de que a los nuevos actores y a los viejos nos desvalorizan. Yo quiero hacer énfasis en que la gente nueva tiene toda la preocupación que debe tener la gente para prepararse. Lo que pasa es que puede ser que ya hay mucha gente, porque también hay que decirlo. Muchos muchachos se preparan, muchos muchachos estudian y quieren prepararse y quieren ser cada vez mejores; pero al lado también hay unos que ya están porque tiene la pinta y nada más y la industria también se aprovecha de ellos.  Entonces que el trabajo de alguien que se preparó valga lo mismo del que no se preparó siempre ha pasado, eso no es de ahora, pero a mí me emociona ver a tanta gente que se está preparando, que quieren ser buenos actores y hay muy buenos actores y actrices hoy en día. Son los dueños del balón los que quieren “perretear” el trabajo, no son ellos. 

 

Gerardo, muchas gracias por brindarme este espacio y le agradezco compartir conmigo sus experiencias. Evidentemente, muchas cosas quedarán por ahí de una carrera de casi toda una vida; pero espero que sus opiniones y experiencias aquí contadas sirvan para dar una percepción a esas personas que quieren entrar al medio o que también quieren ver una perspectiva diferente y escuchar sus historias. 

 

Gracias a ti Nicolás y bueno, esto también es un negocio como ya había dicho antes. No se podrá hacer siempre todo por gusto pero lo importante, para mí, es hacer las cosas con mucha responsabilidad. La actuación es un trabajo en colectivo, no depende solo de uno, sino que hay muchas personas que dependen de lo que uno haga también. En este camino, algo bonito que me ha quedado, ha sido la fortuna de aportar en algunos buenos proyectos y de hacerlo con buenas personas y actores. 

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