"Trabaje juiciosa, Sumercé"

Juan Mateo Quintero González, Valeria Nicole Jiménez, Santiago Cifuentes y María Alejandra Gutiérrez, Comunicación Social y Periodismo

Según el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario y la Universidad EIA de Medellín, el trabajo informal representa el 41% del sector laboral de Bogotá.

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“Si no nos mata el covid, nos mata el hambre”, dice Pedro Lozano, vendedor de libros en la carrera Séptima en Bogotá. Su protesta es la de muchos vendedores informales en la capital del país, que piden que los dejen camellar.


El COVID-19 y las cuarentenas decretadas por el gobierno han llevado a que muchos colombianos salgan a buscar el pan de cada día en las calles, porque en un país como este no hay más opción. Particularmente en la capital colombiana la situación es muy preocupante. Según el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario y la Universidad EIA de Medellín, el trabajo informal representa el 41% del sector laboral de Bogotá.


Ante esta situación que es muy preocupante, los entes gubernamentales han prometido auxilios; pero para muchos de los 85.000 vendedores ambulantes que hay en Bogotá, esta promesa se ha quedado en eso: palabras vacías. En consecuencia, la única petición de este sector de la fuerza laboral es que los dejen trabajar. ¿Muy complicado? Porque, incluso, cuando manifiestan su inconformismo a las autoridades reciben respuestas como: ‘‘Ahí está trabajando, sumercé.

Trabaje juiciosa’’, estas fueron las palabras de la alcaldesa Claudia Lopéz a una vendedora que estaba reclamando por los subsidios prometidos.


“Nunca nos han dado ni una libra de arroz”,expresa María Elena, una señora de la tercera edad que trabaja como vendedora informal en el barrio Las Ferias, desde hace más de 20 años. María Elena expone que las ayudas no son destinadas a las personas que cuentan con bajos recursos: “Ni para un tinto recibimos”.


Similares al caso de María Elena, hay cientos por las calles. La ciudad está llena de vendedores informales e inconformes con la situación actual, pero los entes gubernamentales no ayudan lo suficiente, y si deciden hacerlo, todo indica que no lo hacen bien, como fue el caso de varios mercados dados por la alcaldía en condiciones lamentables. Así lo denunció Juan Baena en RCN Radio el 2 de marzo de 2021; también lo hizo a través de un vídeo que publicó en redes sociales, en el que se muestran insectos y putrefacción en los alimentos dados como los garbanzos y a las personas de barrios marginales de Bogotá.


Sin embargo, las ayudas económicas no son el único tormento que preocupa a personas como María Elena. En la carrera Séptima con calle 19, muchas mantas se posan en el frío suelo bogotano con objetos que esperan ser comprados por los visitantes y habitantes de la ciudad, pero estos puestos de trabajo improvisados han sido retirados por las autoridades con el argumento de que invaden el espacio público, así lo relata Pedro Lozano, un desplazado por la violencia que encontró en la venta de libros una manera de salir adelante honradamente.


Lamentablemente, la pandemia obligó a que Pedro Lozano tuviera que dejar su sustento de vida y quedarse encerrado, pero la falta de recursos y de ayuda oficial lo obligaron a volver a las calles. Cuando retornó, se encontró con entes del distrito que lo desplazaron a lugares donde la gente no pasaba y por lo tanto, no tenía ventas. No obstante, él critica que estos entes sólo desplazan a los vendedores que se encuentran en esta zona, pero olvidan otros puntos claves o más peligrosos del centro de la ciudad en donde existen verdaderas conglomeraciones, como lo es el barrio Santa Fe u otro punto de la ciudad, anteriormente nombrado, Las Ferias.


Cabe recalcar que no todos los vendedores son olvidados. Al contrario, varias personas cuentan con un lugar fijo, dado por la alcaldía, para poder ofrecer sus productos sin el riesgo de ser desplazados por los entes de control, un ejemplo de esto es el parque de Lourdes. Entonces es válido preguntarse ¿por qué no todos tienen esos beneficios? Y ¿por qué en medio de la crisis económica desatada por la pandemia no dejan trabajar a la gente?


Es notorio que la pandemia ha puesto muchas cuestiones sobre la mesa, desde la capacidad de mandato de los dirigentes hasta la respuesta de muchos sectores sociales. En específico, Claudia López ha recibido bastantes críticas y no es de extrañarse, puesto que ella ha prometido ayudas a los vendedores informales, pero conociendo el caso de María Elena nos damos cuenta de que estas ayudas no son para todo el mundo. Pedro Lozano, por ejemplo, asegura que los vendedores ambulantes son constantemente perseguidos, algo que López en su campaña enfatizó que no haría, afirmando que la policía no iba a perseguir a los vendedores sino a los ladrones. Definitivamente la pandemia ha sacado a luz la verdadera cara de los dirigentes.


Salir a las calles y observar en cada esquina a personas rebuscando un sustento da mucho que pensar de la situación y cómo esta ha sido controlada. No es algo nuevo, no es algo que sea un tema coyuntural y tampoco es algo que no hayamos tenido tiempo de preparar y actuar con certeza. ¿A quién se le puede pedir ayuda si la alcaldesa los trata con desdén? ¿O les dice que ahí tienen su espacio para trabajar mientras las personas se van con el estómago vacío? Tenemos tantas preguntas y recibimos pocas respuestas.


Nuestro deber como ciudadanos es ser solidarios ¡claro!, pero también exigir al gobierno local y nacional que actúe con prontitud, sobre todo en beneficio de quienes nunca han gozado de estabilidad laboral y por lo tanto económica. Seguramente mientras usted lee esta columna, hay un vendedor que no ve más oportunidades, y también hay un ciudadano que decide salir a la calle a vende para poder sobrevivir.