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SI NO HAY AGUA
¿CÓMO CAMBIARÍA LA VIDA?

El compromiso es de todos

Wavy Circles

Escrito por: Laura Daniela Arriaga Bustos

Los bajos niveles de agua en los embalses que abastecen a la capital colombiana y a los municipios de la sabana podrían tener un impacto directo en la generación de energía eléctrica en el país, lo que podría resultar en apagones y una disminución en la calidad de vida de los colombianos.

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Si un día, el agua de los embalses de Bogotá se esfumara por completo, el paisaje cambiaría drásticamente, y con él, la vida de sus habitantes. El primer día, sería como despertar en un mundo al revés. Los grifos dejarían de rugir, y el silencio se apoderaría de las casas. Los niños, acostumbrados a jugar con el agua, la extrañarían como a un amigo perdido. La ciudad, sin el brillo de sus fuentes, luciría opaca y cansada.

Cada mañana, la ciudad se despertaría con sed. El agua potable se volvería una quimera. La gente se vería obligada a recurrir a fuentes alternativas, como el agua de lluvia y los pozos subterráneos, pero ninguna de ellas sería suficiente para satisfacer la demanda.  A medida que pasan los días, el agua se haría aún más preciada. Las autoridades instarían a la población a racionar el agua, pero la gente comenzaría a sentir el peso de la escasez. Las filas en las estaciones de bombeo se harían interminables, y el agua se distribuiría con cuentagotas.

Este escenario apocalíptico, suena lejano, pero, en realidad, es lo que podría pasar en Bogotá y en el mundo si no se toman medidas urgentes para abordar la crisis hídrica y energética que está comenzando a salir de los libros y de las teorías del fin para comenzar a acercarse cada vez más. Crisis, que en Colombia, ha sido desatada por una progresiva sequía sin precedentes en sus embalses, resultado de una anomalía climática provocada por el cambio climático global, un fenómeno que ha provocado una disminución en las precipitaciones en muchas regiones del mundo.

En las profundidades del océano Pacífico surge El Niño, un misterioso fenómeno que desata caos en la tierra y el cielo con sus corrientes cálidas. Este cambio climático repentino afecta a América del Sur, provocando sequías, inundaciones y alterando la vida de quienes lo experimentan. Las aves marinas anuncian su llegada, las nubes cargadas de incertidumbre presagian tormentas, y los ríos se desbordan en un intento por contener su furia impredecible. En tierra firme, agricultores ven sus cosechas marchitar, mientras en las ciudades, la sequía cubre de polvo árido a quienes buscan refugio. El Niño desafía las leyes humanas, recordando la soberanía de la naturaleza y la necesidad de convivir en armonía con ella.

La falta de lluvias y el aumento de las temperaturas han provocado una disminución drástica en los niveles de agua en los embalses, lo que ha llevado a la implementación de medidas de racionamiento y restricciones en el suministro de agua. El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, anunció un racionamiento de agua para afrontar los bajos niveles que registran los embalses que nutren a la capital colombiana. La situación es crítica, especialmente en el sistema de Chingaza, donde los dos embalses que surten el 70% de la demanda hídrica de Bogotá tienen niveles por debajo del 20% de su capacidad. El sistema de abastecimiento de agua potable de Bogotá, de los municipios aledaños y de la sabana, está dividido en tres sistemas que lo integran en total ocho embalses. El Sistema Norte proporciona el 25%, el Sistema Chingaza aporta el 70% y el Sistema Sur, el 5%. Los niveles del embalse de Chuza en el Páramo de Chingaza, nuestra principal fuente de agua, están bajando.

La sequía en los embalses de Bogotá es una historia de agua y fuego, de cielos despejados y tierras sedientas. Es una historia de un fenómeno natural que se ha vuelto más frecuente y más intenso debido al cambio climático. Es una historia de una ciudad y una región que se enfrentan a un desafío sin precedentes, pero también es una historia de esperanza y de la capacidad humana de adaptarse y superar las dificultades.

Pero la crisis hídrica no solo afecta el suministro de agua potable, sino que también tiene un impacto directo en la generación de energía eléctrica en Colombia. La sequía ha llevado a bajos niveles en los embalses que abastecen de agua a la capital y a los municipios de la sabana, y esto podría afectar el suministro eléctrico en el país.

En Colombia, la generación de energía eléctrica se produce en un 66% a partir de recursos hídricos, mientras que el 30% proviene de recursos térmicos como el gas, carbón, fueloil y combustóleo, y el 4% de otras fuentes. La sequía podría afectar la generación hidroeléctrica, lo que podría llevar a una mayor dependencia de los recursos térmicos y, en consecuencia, a un aumento en el costo de la energía.

La generación de energía en Colombia se realiza en cuatro etapas: generación, transmisión, distribución y comercialización. La generación se produce en las centrales eléctricas a partir de diferentes recursos, y la energía se transmite a través de cables desde las centrales de generación hasta los grandes centros de consumo, como las ciudades y los hogares. La distribución habilita la entrega y el consumo de energía limpia en los hogares, negocios, empresas, municipios y ciudades, y la comercialización representa a los clientes en el mercado eléctrico por medio de la venta de energía eléctrica.

En el mercado eléctrico colombiano, existen dos segmentos: el regulado y el no regulado. El segmento regulado está dirigido a usuarios residenciales, comerciales e industriales de menores consumos, y el no regulado está dirigido a aquellas empresas u organizaciones con altos consumos de electricidad y que pueden ser partícipes del mercado. La crisis hídrica podría afectar tanto al segmento regulado como al no regulado, ya que la generación hidroeléctrica es la fuente de generación de energía más importante en Colombia.

La Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) es la entidad encargada de regular el sector eléctrico colombiano. La entidad establece el régimen de generación, interconexión, transmisión y distribución, y se encarga de regular los precios de la energía en el país. La crisis hídrica podría llevar a un mayor incremento de las tarifas en ocho zonas del país, donde operan las compañías con un mayor nivel de compra en el mercado de contado, es decir, de la bolsa de energía, cuando la hidrología está baja.

En medio de la crisis hídrica y energética, los bogotanos se enfrentan a lo que pueda suceder de ahora en adelante. La generación de energía eléctrica, vital para el funcionamiento de la ciudad y del país, también se ve afectada por la sequía. La crisis hídrica y energética son dos caras de la misma moneda, y ambas están relacionadas con el cambio climático global, el fenómeno de El Niño y la falta de conciencia social sobre el tema ligada a acciones que contrarresten su impacto.

Mientras tanto, en las entrañas de la tierra, el agua se esfuma. Los embalses de Bogotá, que una vez reflejaron el cielo en su superficie, se han convertido en cáscaras vacías, testigos mudos de un futuro incierto. La vida, como la conocemos, se tambalea en la cuerda floja, y el racionamiento de agua es solo una medida paliativa para alargar la agonía.

La pregunta que queda es: "Si no hay agua: ¿Cómo será la vida? ¿Habrá vida?". La respuesta está en nuestras manos, en nuestra capacidad de actuar y de transformar nuestras sociedades para garantizar un futuro sostenible y justo para todos.

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