Mujeres hicieron 3 de cada 5 llamadas por salud mental en la pandemia

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Danna Muñetones, Yuri Montaño y David Torres, Comunicación Social y Periodismo.

El Covid-19 propició la aparición, agudización o recaída de toda una gama de trastornos mentales. Esto dicen las cifras.

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Foto: Wix

Según el Departamento Nacional de Planeación, desde el año 2000, hasta comienzos del 2020, la salud mental de la población colombiana se deterioró y aumentaron los problemas y trastornos mentales. La situación se agudizó con la irrupción de la emergencia ocasionada por el covid-19, que retó al sistema sanitario como el colombiano, caracterizado por su baja inversión en salud mental, poca difusión de herramientas gratuitas para enfrentar situaciones de riesgo y una cobertura insuficiente de profesionales en ciertas regiones.

 

Empecemos entonces con una pregunta sencilla.

Estos síntomas han sido, históricamente, padecidos con más frecuencia por las mujeres: 1 de cada 3 sufre enfermedades mentales en el mundo. De acuerdo con la OMS[1] , estas tienden a desarrollar problemas de depresión y ansiedad con más frecuencia, mientras que los hombres tienden a desarrollar trastornos como la personalidad antisocial.

 

De acuerdo con Luciana Ramos-Lira[2] , doctora en Psicología Social, las razones por las que las mujeres y los hombres experimentan diferencias en la salud mental no son solo biológicas, sino también sociales. En este último apartado, los estereotipos y la represión de género se posicionan como factores importantes para que, mientras que las mujeres experimentan más afectaciones, los hombres tiendan a reconocer más difícilmente sus síntomas. La OM  concuerda en que las experiencias sociales y la cultura influyen en la morbilidad de las enfermedades mentales, por lo que el género es determinante.

 

Esta tendencia se ve reflejada en la encuesta Pulso Social del DANE: las mujeres tienden a experimentar síntomas de enfermedades mentales en promedio un 8% más que los hombres, siendo los sentimientos de “preocupación o nerviosismo” los más recurrentes, con una media de 40% de los casos.

Herramientas débiles para enfrentar estas situaciones de riesgo en la salud mental

 

Para 2018, existían diversas líneas telefónicas en las que profesionales brindaban orientación y apoyo en salud mental. Sin embargo, solo cubrían el 58%[1]  de la población del territorio nacional, dadas las falencias en infraestructura en los departamentos más alejados, donde las personas no cuentan con la conectividad para acceder a estos servicios.

 

Ante la creciente necesidad de atención gratuita y generalizada en este ámbito, el 13 de abril del 2020 el Ministerio de Salud, con apoyo de Cooperación Internacional y en unión con el Ministerio de Tecnologías de la Información y la Comisión de Regulación de Comunicaciones, implementó la línea gratuita 192 opción cuatro en el territorio nacional, en la cual profesionales en psicología clínica brindan primeros auxilios psicológicos a la población.

 

El 60,9% de las 18.089 llamadas que recibió la línea gratuita en este período de tiempo fueron realizadas por mujeres[1] . Además, el 17,02% pertenecían a personas de grupos de mayor vulnerabilidad, como víctimas del conflicto armado, ciudadanos en procesos de reincorporación a la sociedad civil, personas con discapacidad, en situación de emergencias o desastres, migrantes, entre otros.

 

Como indica el Ministerio, en promedio el 4,7% de los casos requirieron remisión al sector salud, 5 de cada 10 casos se manejaron con procedimientos de orientación psicológica, información y acompañamiento, y 4 de cada 10 casos necesitaron seguimiento.

 

Si bien la línea abarca a todo el territorio nacional, las llamadas de Bogotá, Antioquia y Cundinamarca ocuparon un 40,5% de las consultas.

 

A la par, la Secretaría Distrital de Salud, en alianza con la Fundación Santa Fe de Bogotá, impulsó “Hablalo.com.co”, una página web[2]  que ofrece herramientas interactivas para mejorar el bienestar emocional y prevenir trastornos y eventos asociados que afectan o ponen en riesgo la salud mental de las personas, de cualquier edad o condición social.

 

A la vez, los canales complementarios de salud mental, como Whatsapp, han aumentado considerablemente las interacciones, atendiendo, según los psicólogos, más de 10.000 mensajes por día en cada línea (123 Emergencias, 155 y 195 Bogotá).

 

Por su parte, la línea púrpura, enfocada en la atención de mujeres en situaciones de violencia, ha sido una de las plataformas de ayuda psicosocial más acudidas durante esta pandemia. Según el Informe de la Secretaría Distrital de la Mujer, consolidado hasta junio del 2020[3] , de las 2.627 llamadas que han requerido atención a profundidad, el 48% corresponden a violencia psicológica y el 25% a violencia física, mientras que el 15% se refiere a violencia económica, siendo estas las mayores afectaciones en el género femenino.

 

Presupuesto: el otro reto

 

En Colombia, la pandemia implicó un reto presupuestario para enfrentar un escenario en el que el 5% de la población ya presentaba un trastorno mental y un porcentaje cada vez más creciente empezó a enfrentar síntomas en la pandemia, como explica [4] Nubia Bautista, subdirectora de la unidad de Enfermedades no transmisibles del Ministerio de Salud.

 

Bautista afirma que solo el 5% de los recursos en salud pública se destinan a la salud mental y, de estos, solo la mitad se ejecuta efectivamente, por lo que se requiere mayor fortalecimiento de los mismos.[5] [6] 

 

Para enfrentar el reto, en 2019 el Consejo Nacional De Política Económica y Social inyectó en el 1.2 billones[7]  de pesos para los próximos tres años, con el fin de propiciar la prevención, tratamiento y rehabilitación para la inclusión social de las personas con trastornos mentales, muchas veces estigmatizadas por la alusión de estas enfermedades.

 

Sin embargo, para Bautista, aunque este presupuesto es un buen paso para que Colombia inicie una experiencia satisfactoria en el cuidado mental, en relación con las necesidades actuales sigue siendo una baja inversión.

 

Para la población colombiana, la pandemia ha abierto brechas económicas que han profundizado las inequidades en todos los segmentos, dejando a su paso destrucción del empleo.

 

En marzo de 2020[8] , el índice de desempleo se situó en 12% y, para abril, llegó al 19.8%, uno de los índices más altos de la historia colombiana. Actualmente, se estima que solo 16.5 millones de personas[9]  cuentan con algún tipo de empleo, de los cuales el 61% de ocupados son informales, lo que implica que no cuentan con protección social y viven en una alta vulnerabilidad económica.

 

Como enfatiza Bautista, este panorama ha implicado diversas dificultades al interior de los hogares, que han hecho eco en la salud mental de los colombianos.

 

Lo anterior se evidencia en la encuesta del DANE en la cual las personas desocupadas presentan mayores síntomas negativos de salud mental. A la pregunta, “¿Debido a la situación que se presenta en el país con la pandemia de COVID-19, se siente solo(a), estresado, preocupado, deprimido?” las personas inactivas (21.1%) y ocupadas (23.8%) reportaron tener menores síntomas de los consultados, en comparación con los desocupadas (30.8%).

 

Cobertura insuficiente de profesionales de la salud mental

 

María Susana Redondo, médica especialista en psiquiatría y salud mental, enfatizó que hay territorios relegados en los que no hay un psiquiatra o psicólogo para atender la demanda creciente. Esta necesidad se agudizó con la pandemia y frente a la imposibilidad en muchos casos de prestar atención presencial, en el territorio nacional se impulsó la telepsicología y telepsiquiatría, referida a la prestación de servicios psicológicos mediante las tecnologías de la información y comunicación.


Según Irreño, gracias a estos servicios se ha mejorado la cobertura profesional en salud mental en poblaciones antes relegadas: “si hiciéramos un ejercicio con datos sociodemográficos, se incrementó la población que está muy lejos de Bogotá[1]  que hoy finalmente está recibiendo tratamiento”.

 

No obstante, la cobertura sigue generando retos. Los departamentos más pobres y descentralizados son aquellos de los que aún no se obtienen datos contundentes sobre salud mental, pues la baja conectividad impide el acceso en los lugares más alejados de Colombia. Estas condiciones son la respuesta a la menor atención que reciben departamentos como Guaviare y Vichada, en comparación con Antioquia y Cundinamarca, según Nubia Bautista.[2] 

 

Además, de acuerdo con Redondo, no siempre los trabajadores de la salud mental pudieron atender de forma adecuada a los nuevos y antiguos pacientes en la pandemia, debido a que el Ministerio de Salud no reconoció en el inicio de la emergencia sanitaria la importancia de los trabajadores del campo de la salud mental.

 

Así mismo, no reconoció el potencial riesgo de contagio en su ambiente laboral, teniendo en cuenta que “muchos de los pacientes, por sus patologías psiquiátricas, no cumplen con las medidas de bioseguridad[3] , ni distanciamiento, lo cual hacía mucho más difícil cumplir con los protocolos”. Muestra de la falta de reconocimiento es el hecho de que en la primera etapa de vacunación[4]  los psicólogos no estaban priorizados.

 

La estigmatización, una barrera para el gobierno nacional

 

 

A propósito de la estigmatización, el psicólogo Jonathan Irreño destaca que[5]  desde las instituciones se debe sensibilizar a la población y recalca el importante papel que juegan los medios de comunicación en ello. Además, aclara que “la salud mental, desafortunadamente, tiene ese componente de estigma social y de algo que se conoce como criminalización, que es asociar a una conducta de riesgo, delictiva o criminal a un paciente con enfermedad mental”.

 

Adicionalmente, María Susana Redondo añade que[6]  los medios de comunicación y las instituciones deben darle a la salud mental la importancia que merece. La especialista recalca que hay que trabajar para “hacer más mediático el tema de que la enfermedad mental existe y que la pandemia ha sido un detonante importante para generar enfermedad mental al que no la tenía y para exacerbar al que previamente ya la padecía, y verla como una enfermedad como cualquier otra, que requiere un control y un tratamiento, y que por ningún motivo se le puede generar una estigmatización”.

 

Cómo enfrentar situaciones de riesgo para la salud mental de los colombianos

 

La clave son los primeros auxilios psicológicos. La psiquiatra Susana Redondo resalta que lo primero es reconocer que existe un cambio[7]  en la manera en cómo se siente la persona, si lo compara a como estaba previamente a la pandemia. Determinar que existe un problema es el primer paso para intervenir.

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En casa, como sugiere Redondo, cuando se presentan estos síntomas y no son tan desbordantes para obligar a una consulta, son sumamente importantes las medidas de relajación, respiración y mindfulness, técnica de meditación basada en la atención plena.

 

En definitiva, la pandemia ha generado la aparición, agudización o recaída de diversos síntomas de enfermedades mentales. Es por ello que el gobierno nacional es el encargado de seguir inyectando un presupuesto acorde a las nuevas necesidades, con herramientas gratuitas y factibles, apoyo a profesionales y fortalecimiento de la cobertura en poblaciones relegadas históricamente en la salud mental. Pero usted también tiene poder. Recurra a profesionales e inyecte, por medio de los primeros auxilios psicológicos, empatía, escucha y apoyo a sus allegados, para detener el ciclo de la estigmatización y enfrentar a la enfermedad que no tiene vacuna.