El último viaje

Danna Muñetones Ortíz, Comunicación Social y Periodismo

Mientras que 10 días de marchas en Puerto Rico consiguieron que Roselló dimitiera, en Colombia un día de marcha sirve para que el asesinato siga rampante como Pedro por su casa.

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Foto: Danna Muñetones

Abroche su cinturón y prepárese para viajar. Es 22 de julio de 2019 y usted está hondeando la bandera de su querido Puerto Rico. No está solo: un número aproximado de 500.000 personas lo acompaña en una de las principales vías de San Juan, el expreso Las Américas. Usted participa de la manifestación social más concurrida de los últimos años, un hecho sin precedentes. Marcha desde hace seis días bajo los duros rayos del sol para exigir la renuncia de su gobernador, Ricardo Rosselló, la persona escogida para representar sus intereses y los de sus compatriotas en los asuntos políticos, económicos y sociales.  

 

Ahora trasládese a otra gran vía, la carrera Séptima, pero en Bogotá. Es 26 de julio y ya no es el calor, sino el frío el que lo acompaña. También participa de una multitud, aunque ahora de 30.000 personas. Su ropa es blanca, y la bandera que hondea, también. Ya no lo mueve la corrupción. Usted marcha por la vida de los cientos de líderes sociales que han sido amenazados y asesinados en los últimos años. 

 

Pero no se desespere, porque no va a quedarse solo en la capital. Hay climas cálidos y fríos: playa, brisa y mar, pero también mucho viento. Vamos a viajar por 25 de los 32 departamentos de Colombia en los que, según el Programa Somos Defensores (PSD), se ha violentado la vida de los líderes. Esos que luchan por que usted, sí, usted, su familia, su comadre y sus amigos, quienes comparten su misma tierra, tengan una mejor vida, en paz. 

 

Pero eso suena muy lejano, ¿no? Más bien pretenda –solo por unos minutos, no se asuste– que está en Tierralta, Córdoba, divisando los paisajes caribeños. Se prepara para ir a trabajar, se despide de uno de sus cuatro hijos y luego muere. 

 

Espere, ¿luego muere? Sí. Le disparan repetidas veces y se van, así sin más, en frente de los gritos desgarradores de su hijo de nueve años. Su familia cree que fueron las Autodefensas Gaitanistas de Colombia que controlan parte del territorio, aunque son solo especulaciones porque nada se ha resuelto aún. Es que eso es pedir mucho, porque en este bello país, multicultural, pacífico e innovador, el esclarecimiento efectivo en las investigaciones por asesinatos de personas defensoras de derechos humanos nunca ha pasado del 9.8%, según el PSD a través del Sistema de Información sobre Agresiones contra Personas Defensoras de Derechos Humanos en Colombia. Es decir, ahora sí abróchese muy bien el cinturón porque de 100 de estos asesinatos, la Fiscalía General de La Nación solo condena o absuelve a 10.

 

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¿Pero de 100? ¿Y es que cuántos son? Pues como el caso de María del Pilar Hurtado unos diítas antes de la marcha en la que usted estaba. Desde 2016 a marzo del 2019, han muerto 366 personas por la brillante ocurrencia de ser líderes sociales, como lo indican las cifras oficiales del PSD. Ideítas que no hacen cambios, como las de Garzón, Gaitán o Galán que también fueron asesinados por liderar (nos). 

 

Pero pa’ qué salir a las calles a exigirles a los responsables de la protección suya, mía y de los líderes, que se pongan las pilas y que se den cuenta de que mientras ellos van a 600 km/h en ese jet privado, con todas las comodidades para divisar el pasaje, los líderes sociales van en canoa, a pie e incluso a rastras, sobreviviendo y entregando su vida por los suyos, los míos y los nuestros, pero a 180 km/h, sin frenos y con el riesgo añadido de que en el camino hay depredadores (pirañas, hienas y tiburones de incluso más de 50 años, como la violencia en Colombia).  

 

Y es que no es utópico eso de que la unión hace la fuerza y de que el clamor de un pueblo sí cambia realidades. O si no, devuélvase unos 1.730 kilómetros en un Airbus o en un Boeing al pueblo boricua y pregúntele a Rosa Seguí, portavoz del Movimiento Victoria Ciudadana, quien participó en las marchas en las que usted estaba al comienzo, cómo es que los dirigentes descarados –como lo son acá también, por si acaso– se ven obligados a no solo oír, sino a escuchar a los ciudadanos. Porque le daré un dulcesito para que asimile el trago amargo que se le viene; mientras que 10 días de marchas en Puerto Rico consiguieron que Roselló dimitiera, en Colombia un día de marcha obtuvo un resultado, más o menos, igual: el asesinato sigue rampante como Pedro por su casa. 

 

Pero póngale cuidado, porque Seguí asegura que “cuando matan a uno, nos matan a todos”. ¿Usted se siente así? En el caso de Colombia, añade, como sintiéndose parte de este pueblo: “¿por qué nos quedamos en la casa si están matando personas? Qué más que la vida”. Es que hay que recordar que, como dice, “sin mí, tú no estás, Gobierno; sin mi voto, tú no estás, sin que el pueblo exista, tú no estás, así que tú te debes a mí. Eso es lo que todo el mundo sintió en Puerto Rico”, y lo que deberíamos sentir acá tan lejos. 

 

Y desde tan lejos, les dejo una pequeña lecturita recomendada: las 8 propuestas que el Movimiento Defendamos La Paz entrega para que finalice la ola de violencia contra líderes sociales. Así usted tiene un arma potente para que sepa qué exigir y de qué hablar en una inusitada –¿o ya no tanto?– conversación.  

 

Fin del viaje. En este avión, desde el que la franja roja de nuestra bandera se sigue ensanchando, ya puede apagar el computador o bloquear su celular. Ha vuelto a su vida real, pero ellos siguen allá abajo.  

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