¿Qué cambios dejó la pandemia para la red hospitalaria?

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Jhonnyer Paredes Castillo, Keyla Rodríguez Parra, María Crisitina Cisneros

Según los datos ofrecidos por el Ministerio de Salud y Protección Social, en los últimos seis meses se vio cierta tendencia al aumento de camas en unidades de cuidados intensivos para adultos en el 44% de los departamentos del país. En el 38% no hubo variación y en el 18% restante se evidenció disminución en dicho aspecto.

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Image by Olga Kononenko

Donde más se evidenció el aumento de camas en unidades de cuidados intensivos fue en Antioquia, que pasó de tener 509 camas a 755, es decir aumentó su capacidad en un 48% (246 unidades). Ahora bien, en nuestro país 7 de los 32 departamentos presentaron un crecimiento en el número de camas para la atención en cuidados intermedios de adultos, en 10 no hubo cambios y en 15 existió una reducción, lo que indica un decrecimiento importante. 

 

Como parte de la estrategia gubernamental, muchas camas fueron adaptadas y puestas a disposición en las unidades de cuidados intensivos para enfrentar la situación de contingencia que vivimos, puesto que el aumento en camas para este tipo de tratamiento fue notorio en más del 40% de los departamentos. 

 

En palabras del viceministro de salud, Alexander Moscoso, se aumentaron las camas de cuidados intensivos para adultos en pro de estar preparados para la demanda por la situación que se vive con el covid-19. “Hay un total de 10.651 camas de cuidados intensivos disponibles para el país; además, algunas de las camas usadas para otro tipo de cuidados se convirtieron en unidades de cuidado intensivo. En los momentos “pico” se alcanzó a tener una ocupación del 90% en muchos departamentos”, declara Moscoso.

 

El viceministro considera que duplicar la capacidad de unidades de cuidados intensivos en el país no ha sido un proceso fácil. “Tuvimos que hacer en 5 meses lo que el país había hecho en 30 años, pero con las entidades territoriales se logró modernizar y adecuar la infraestructura para que pudiesen funcionar los equipos necesarios”. Para Mosoco el comportamiento en los territorios ha sido disímil, pero en términos generales se ha avanzado con eficiencia, sin dejar de reconocer que se han presentado problemas, dificultades y tiempos más largos de los esperados.

 

En palabras del Viceministro, no solo se reforzaron unidades de cuidados intensivos, también se hicieron avances en servicios hospitalarios o complementarios a la atención del covid-19. “El proceso fue acelerado y aprendimos que el país tiene una capacidad de reacción rápida, ahora tenemos un número importante de pacientes con atención en casa y seguimiento remoto, logrando pasar de un modelo intrahospitalario a uno más virtual y seguimos avanzando en esas metodologías” concluye.

Por otro lado, se encontró que de los 9 departamentos que cuentan con camas para pacientes adultos que necesitan tratamiento frente a las quemaduras, 3 redujeron sus unidades para dichos pacientes. Atlántico pasó de 12 a 8, Cauca de 6 a 3 y Cesar de 5 a 1, mientras que solo se observa un aumento de una y dos camas en Bogotá y Santander, respectivamente. Esto evidencia que las autoridades de salud del país le han dado prioridad a la situación de contingencia actual enfocándose en la recuperación física.

 

En cuanto a las camas para farmacodependencia, se pudo ver que en la mayoría de los departamentos no hubo cambio alguno. Sin embargo, se evidenció una reducción de 10 camas en La Guajira y de 22 en Antioquia y un aumento de 5 camas en Arauca, 4 en Atlántico, 6 en Boyacá, 10 en Caldas, 70 en Cesar, 55 en Cundinamarca, 7 en Magdalena y 5 en Meta. 

 

¿Cómo está la situación para los infantes?

 

Entre los meses de marzo y septiembre se vio una disminución de 9,7%  en  el total de camas en unidades pediátricas a nivel nacional. Ahora bien, en torno a las camas de obstetricia, también hay una tendencia a la baja. Solo se presentó un aumento significativo en el departamento del Atlántico con 21 camas de este tipo. De acuerdo con el viceministro de salud, no se hizo énfasis en las unidades de cuidado neonatal porque este no es un grupo de riesgo frente al virus y, según la estadísticas ofrecidas por el DANE, este año han nacido menos infantes. 

 

Al ahondar en los cuidados neonatales, se percibe un descenso general en el país en los últimos seis meses. La muestra de ello es que las camas de cuidados intermedios neonatales solo aumentaron en los departamentos de Boyacá (7), Magdalena (4), Nariño (3), Quindío (1), Risaralda (2) y Tolima (5), aunque no de una manera significativa. Además, en los cuidados intensivos neonatales la reducción se ve más marcada, presentando solo un incremento en los departamentos de Quindío (8) y Santander (4).

 

Frente a las camas para infantes quemados, en 4 departamentos hubo una reducción: Atlántico (5), Bogotá (10), Cauca (6) y Cesar (4), mientras que se observó un crecimiento sólo en Santander (2), aunque no muy significativo. Teniendo en cuenta lo anterior, en total hubo una disminución de 23 camas para estos pacientes. Otro dato importante viene de los cuidados intermedios en pediatría: el alza más significativa se encuentra en el departamento de Córdoba con 15 camas y en torno a los cuidados intensivos pediátricos se evidencia un decrecimiento, o nula variabilidad, en más del 80% de los departamentos de Colombia. 

El médico pediatra Sergio Isaza, presidente de la Federación Médica Colombiana, se ha visto en la obligación de realizar sus consultas por vías tecnológicas, ya que es una persona de alto riesgo, adulto mayor e hipertenso, por lo que no ha vuelto al hospital y no ha podido proporcionar la atención a niños internados. De igual modo, su actividad como docente universitario también se ha visto perjudicada y comenta, además, que la frecuencia de consulta pediátrica ha decaído notablemente. 

 

De acuerdo con la disminución de camas pediátricas y neonatales en el país, el médico afirma que no es una situación nueva ya que hace aproximadamente 6 años la Federación Médica Colombiana y la Sociedad Colombiana de Pediatría notaron esto y lo comentaron al gobierno nacional. Lo que sucede es que las camas pediátricas hospitalarias no son rentables para los hospitales “porque el tiempo de ocupación es muy corto y los niños, en la gran mayoría de los casos, son de muy bajo consumo de insumos hospitalarios”, expresa, y esto no deja ganancias a las instituciones prestadoras de salud. 

 

En cuanto a la disminución de camas neonatales, Isaza explica que esto se relaciona con la reducción a la atención de partos institucionales, lo que se debe a que los niños no nacen en hospitales y, por ende, no tienen la atención necesaria. Sin embargo, resalta el hecho de que debe haber un estudio riguroso sobre el tema con el fin de explicar este fenómeno. Esto afecta la atención intrahospitalaria de la población pediátrica porque la disponibilidad de camas se ha reducido y muchos pacientes no pueden ser atendidos. Un problema que es común en épocas de picos de infección respiratoria aguda que ocurren en Bogotá cada año, una situación que “redunda en una gran morbilidad, con alto riesgo de mortalidad”.


 

¿Cómo se han transformado otras áreas de la salud?

 

Salud mental: 

Las camas usadas en cuidados mentales son uno de los ítems que presenta un mayor aumento en general (318 camas). Sergio Alejandro Barreto, médico psiquiatra, relata que ha vivido un cambio drástico en su vida profesional, puesto que anteriormente su consulta era presencial y tenía contacto directo con el paciente. Ahora se ha visto en la tediosa tarea de recurrir a la telemedicina debido a la pandemia, lo que ha hecho que la relación médico-paciente sea impersonal. 

 

De igual modo, explica que el aumento en las camas para cuidados en salud mental se ha dado, posiblemente, por el cambio significativo que la pandemia ha provocado en el estilo de vida de las personas. Los factores que afectan la salud mental son el confinamiento estricto, la falta de interacción social, la falta de recreación y ocio, y el temor al contagio. Esto crea síntomas de ansiedad que pueden impactar en personas sanas provocando que enfermen o desarrollen problemas mentales, y produce que las personas que ya tenían estos problemas tengan una recaída. 

 

Por otro lado, la salud mental en Colombia antes de la pandemia no era buena ya que el país tiene una “herencia de conflicto y vulnerabilidad social importante”, explica el psiquiatra. Los fenómenos como la guerra y el conflicto interno son factores que han afectado mucho a los colombianos. El experto hace énfasis en cómo esta situación ha cambiado la vida de todos, especialmente frente a los rituales de muerte, debido a que “el duelo es más complejo cuando hay familiares que fallecen por covid”, afirma. 

Trasplantes sanguíneos: 

Un punto relevante es que el único departamento en el que se evidencia un incremento en las camas para trasplantes hematopoyéticos (sanguíneos) es Córdoba. En concepto de María Constanza Contreras, abogada y especialista en Derecho Médico de la Universidad del Rosario, “un incremento desproporcionado de cierto tipo de atención en cualquier área de la salud, merece una investigación en primera instancia de las autoridades en salud por cuanto puede indicar un problema de salud pública. Habrá de investigarse las condiciones clínico-patológicas de las personas atendidas, circunstancias de la atención, tipo de población, etc”. 

 

Para la jurista, debido a que en el pasado ya se han detectado prácticas fraudulentas en el sector salud (como el cartel de la hemofilia), el caso del Departamento de Córdoba merece aún mayor atención y se necesita una investigación sobre el uso y destinación de los recursos públicos. “Corresponde a la Contraloría y a la Procuraduría iniciar las acciones tendientes a esclarecer el tema presupuestal y los posibles responsables de un detrimento patrimonial. En efecto, si se verificaran irregularidades se deberá trasladar el caso a la Fiscalía General de la Nación”, expresa Contreras. 

 

Ahora bien, para la abogada, en Colombia existen deficiencias en materia de control y de justicia, lo que facilita la corrupción, y a esto se le suma el hecho de que uno de los sectores mayormente golpeados por la corrupción es el de la salud. “No es un problema de normas, en estricto sentido, muestra de ello