Con el pétalo de una rosa

María Isabella Espinosa Fortich, estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Image-empty-state_edited.png

Otro día de primavera a tu lado, mi amada. La plenitud invade el cuerpo, no existe un mejor sentimiento. El sol resplandeciente resalta los ojos, la brisa mueve delicadamente los cabellos y el olor a flores complementa perfectamente el elixir que es tu aroma a miel, tan característico que puedo identificarlo a metros de distancia. Todo es perfecto.


Pero, como siempre y por tu culpa, la paz dura poco. Uno, dos, tres, cuento para mis adentros. Durante tres segundos te observa y sonríe el desconocido. Es un hombre de tez blanca al cual no logro identificar en detalle, pero lo que no pasa desapercibido es la reacción que tienes ante su presencia. Salen a la luz cada uno de tus dientes, las perlas van apareciendo lentamente y los pómulos comienzan a sonrojarse. Rojo es todo lo que veo.


¿Por qué lo permites?, pienso, ¿por qué me obligas a hacerlo? Siento las lágrimas recorrer mis mejillas y la incertidumbre nublar los pensamientos. Yaces en el suelo nadando en tu propia esencia. No sé cómo llegaste ahí, ni cómo se tintó de escarlata mi cuerpo. Todo es tu culpa. ¿Ves lo que soy capaz de hacer por ti?

Lea también: