Enemigo subjetivo

Dana Catalina Romero Martínez, estudiante de Comunicación Audiovisual y Multimedios

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Gordon Johnson en Pixabay

Me hallaba atada, atemorizada y confundida. Observabaa mi alrededor e intentaba reconocer el lugar en el cual me encontraba  retenida. El último recuerdo conservado en mi memoria me remonta a nuestra cita. Ubicados en el parque Simón  Bolívar, preguntaste si quería casarme contigo. La respuesta afirmativa ante tu interrogante demostraba mi devoción. El amor reinante en mi corazón  parecía perder su corona cuando cruzaste por la puerta y me dirigiste esa frívola mirada. Vislumbré al traidor de mi confianza.


La ansiedad se apoderó de mi cuerpo. Él retiró un frasco de su bolsillo y depositó una de las pastillas en mi mano. Cuánta crueldad contenida en ese hombre. Él conocía bien de mis enfermedades mentales, había presenciado mis episodios, agendaba las citas con el psiquiatra y me daba mi medicación diaria. Pronto el  desconcierto  se  convirtió en  tristeza y se expresó en lágrimas cuando él enunció: «Rebecca, tu otra personalidad te gobernó por años y mató a nuestro hijo».