La carranga es una manera de vivir

Laura Nathaly Bermúdez Guevara, Lina María Higuera Sotomayor, Maria José Suesca Zamudio, Camila Fernanda Rincón Ángel

A la par de sus sueños, rescata el folklore que lo apasiona e inspira a otros jóvenes a incursionar en la música campesina

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“El requinto de mi alma, compañero de mis penas, mi vida sin ti sería como la sangre sin venas”, expresa Víctor frente a las cientos de personas que lo aplauden en Tinjacá, Boyacá y que admirados ven al joven de 18 años desenvolverse con la destreza y virtuosismo que lo caracterizan.

Talentoso como ningún otro. Víctor Manuel derrocha felicidad por donde quiera que vaya, sobre todo encima del escenario, su segundo hogar. El requinto es una extensión de él, otra parte de su cuerpo. Desliza sus dedos sobre los trastes con la fluidez del viento, al ritmo de la música campesina, por la cual se desvive. Una ruana amarilla lo caracteriza, la que lo ayuda expresar todo el júbilo que se desborda en su sonrisa y en la sencillez de su carácter.

Su abuelo, Gabriel Rodríguez, y su padre, Diego Rodríguez, eran músicos, pero el alcoholismo los separó de la familia. A pesar de eso, Víctor empezó a sentir amor por la música desde los 11 años en una agrupación llamada “Los Sutapelaos”, haciendo honor a la historia de su tierra, Sutatausa; antes llamada “Sutapelada”, porque era un pueblo desierto, sin vegetación. El nombre les cayó como anillo al dedo, pues un grupo de niños que tocaban carranga era la sensación en aquella época, “pelados” que se divertían al ritmo de Jorge Velosa y descargaban energía por medio de guitarras y guacharacas y, por supuesto, del requinto. 

El requinto posee doce cuerdas hechas de acero y su afinación coincide con las cuatro primeras cuerdas de la guitarra. Se usa en la ejecución de ritmos típicos colombianos como bambucos, guabinas, pasillos, torbellinos y música carranguera.

Pero, para Víctor, recordar cómo llegó a su instrumento favorito le aviva una nostalgia que lo acompaña siempre. No todo es color de rosas para su memoria, pues su compañero de agrupación y mejor amigo, Julián Usaquén, quien le animó para empezar a tocar el requinto, falleció a los 15 años en un accidente de tránsito. Después de la tragedia, Víctor decidió especializarse en el requinto, en honor a su cómplice y compañero de aventuras musicales. “Es lindo pensar en él mientras que estoy tocando, a cualquier lado que vaya siempre lo recordaré”, dice cabizbajo y con la voz entrecortada.

El ángel que lo acompaña lo ha visto triunfar como ganador del “Zue de Oro”, en Sogamoso, Boyacá; campeón nacional del “Ocobo de Oro”, en Ibagué, Tolima; campeón nacional del requinto en varios municipios del país; campeón nacional de la guabina y el tiple, en Vélez, Santander, por dos años consecutivos; ganador en el concurso nacional de duetos y música colombiana 2018, en Cajicá; y entre otros muchos más  reconocimientos que ha ido adquiriendo desde el año 2016, cuando decidió arriesgarse a concursar.

Según Luis Carlos Vargas, maestro de música, la carranga últimamente está teniendo un gran auge desde que los jóvenes le apostaron a tocarla. Ya no es vista como música para adultos mayores, sino que niños y adolescentes están disfrutando de ella.

A Víctor lo caracteriza el virtuosismo con el que toca su instrumento, requisito clave para triunfar en estos concursos. Lo podemos observar cuando toca “El pájaro campana” y hace un perfecto punteo, acompañándolo con un adorno que hace con su celular, sí, su celular, el cual usa deslizándolo por los trastes causando un sonido indescriptible pero mágico; o tocando el solo de requinto con el instrumento sobre su cuello y sus manos invertidas. “Si en el fútbol hay un diez, se podría decir que como requintista Víctor es el diez”, así lo califican sus compañeros de Ventarrón Carranguero.

 Víctor siempre ha tenido el apoyo de su familia y también ha contado con la amistad y enseñanza de grandes maestros como Camilo Cifuentes, su mayor referente, quien ha sido ganador de todos los festivales de música andina colombiana, y campeón del festival Mono Núñez. También, Luis Carlos Vargas, creador del grupo “Sutapelaos”, ha sido uno de sus grandes mentores y amigos; quien lo ha acompañado a través de los años, pues su padre y él se conocen desde antes que nuestro protagonista naciera. “A Víctor no lo sacaba nadie del teatrino, que era donde ensayábamos, era muy curioso, y esa curiosidad lo tiene en este momento donde está”, dice su profesor Luis Carlos Vargas.

 Para Víctor la carranga es una manera de vivir; tal como lo expresa su abuela Luz Marina: “él es adicto a la música”. Junto a sus amigos, creó una agrupación llamada “Ventarrón Carranguero”, quienes son un gran éxito, pues la jocosidad de sus trovas y, claramente, el talento que derrochan deja atónitos a los espectadores que se complacen al son de cada acorde; una de sus mayores labores es destacar el papel de la mujer en la música campesina, ya que el machismo ha estado presente en la historia mediante letras y trovas, pero los jóvenes están dispuestos a cambiarlo.

“Y me puse a contar estrellas

y en una yo me turbé

porque me encontré un lucero

que se me parecía a usted”

Lo que más le gusta de su género musical es que le canta a todo: al amor, a la tristeza, a la nostalgia, a la tierra, y a un sinfín de pequeños placeres que trae la vida. Junto a Ventarrón Carranguero pone uno de sus grandes proyectos de vida. Después de haber compartido tarima con Mario, de la banda Doctor Krápula, recibir consejos de personas como Totó la Momposina y el maestro Jorge Velosa, y grabar dos sencillos que le cantan a la paz y a la naturaleza, estos muchachos están dispuestos a rescatar el folklore que les apasiona y a llevar la música campesina a cada rincón.

La ingenuidad con la que me cuenta que, a pesar de sus logros en la vida musical, decidió estudiar derecho, no se compara con nada…

-      ¿Y por qué decidió estudiar derecho en vez de música? – Le pregunto.
-      Siempre fue mi idea estudiarla, pero lamentablemente el arte es un poco mal agradecido en este país, por eso todo el mundo tiene ese miedo. Siempre me llamaron la atención las ciencias sociales y me decidí a estudiar las leyes.

A pesar de que no renuncia a estudiar música profesionalmente en un futuro, por el momento se siente dichoso y completo.

Hace un año que salió de la casa donde se crio, pero no se le ha olvidado de dónde viene ni para dónde va. Él es Víctor Rodríguez, susmercedes.

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