¿Y si el bobo vive del vivo?

Diana Estupiñán, Comunicación Social y Periodismo

El Concejal Diego Molano, afirmando que Antonio Navarro Wolff  no podría ser alcalde de Bogotá por ser pastuso, revive el debate sobre la burla de la que somos objeto los habitantes del sur de Nariño. 

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“Pastuso, pastuso, pastuso”, este fue el único calificativo que se le ocurrió al precandidato a la Alcaldía por el Centro Democrático, Diego Molano, para referirse a su homólogo Antonio Navarro Wolff en una entrevista en W Radio. Según Molano, usó la palabra como un gentilicio, pero su sonrisa burlona y expresión despectiva no ha dejado tranquilos a los paisanos del precandidato del Partido Verde. Entonces, vale la pena la discusión: ¿es que ser pastuso es motivo de burla?


Lamentablemente, la respuesta para muchos colombianos es que sí. Los pastusos, sin justificación alguna, se han ganado un título de “brutos” o “tontos”. Más aún, el mismo gentilicio se usa en ocasiones de forma peyorativa para ofender y desestimar a otro.


El estereotipo es casi tan antiguo como la misma Colombia. Cuando los españoles fueron finalmente expulsados, empezó a circular por todo este territorio que los pastusos eran gente de poco entendimiento, pues siempre se mostraron reacios a ese entusiasmo independentista que predominó en el momento. El error empezó ahí: señalar de tonta una población que solo estaba siendo fiel a sus principios. Claro, los pastusos que defendían permanecer en la Corona fueron vencidos y, al ir en contra de los patriotas y criticar su violencia (supuestamente justificada por la libertad), se ganaron una asociación con la torpeza y la sinrazón.


Parte de la explicación para este estigma, que persiste, la ha dado el tiempo: la gente no habla de “la historia de los vencidos”, de lo que protegían, a lo que aspiraban o de sus vicisitudes. Nadie habla de los indígenas sometidos en la conquista, sino de los conquistadores; los libros no hablan de Japón y su milagrosa recuperación después de la guerra, sino de Estados Unidos y su camino hacia la grandeza.


Para hablar ya de nuestro tiempo, recordemos la gran difusión que tienen los chistes pastusos, chascarrillos que, generalmente, ponen a personajes de diferentes regiones del país en una situación en la que el pastuso termina tomando la decisión menos acertada o ingenua. Pero, al contrario, creo que esas decisiones terminan mostrándolos más bien como gente astuta, perspicaz y avispada, como decimos en el sur de Nariño.


Volviendo al evento que inició esta reflexión, según el concejal Molano, por sentido de pertenencia, los bogotanos deben elegir a un bogotano, como él, para estar en la Alcaldía: un desatino completo. Parece que el señor Molano ignora algo importante y es que nunca ha sido un requisito haber nacido en Bogotá para llegar a la Alcaldía Mayor, se necesita ser colombiano y haber residido en la capital al menos por un año. Pero, por supuesto, una vez en la carrera electoral cualquier comentario polémico es válido. ¿Y si afecta a alguien?; importa muy poco.


Además, me permito cuestionar lo siguiente: ¿tiene más sentido de pertenencia quien elige a un bogotano para el cargo de Alcalde Mayor solo por su procedencia o quien elige buscando lo más conveniente para su ciudad?


Empero, toda esta bulla sirvió de algo: muchos nariñenses tomaron sus redes sociales para decir por qué son “pastusos a mucho honor”. Y no es para menos, pues nos enorgullece decir que en nuestro suelo nació una voz del periodismo como Yolanda Ruiz, un astrónomo dedicado como Alfredo Quijano, un creador de melodías como el maestro Edy Martínez y decenas de artesanos que han hecho del Carnaval de Negros y Blancos un patrimonio de la humanidad.


Sin ánimos de generalizar: venimos de una tierra que, al igual que su gente, es amable y generosa. Tal vez pequemos de ingenuos, nos pasa a algunos, pero es porque no abusamos de la malicia. Por ahí dicen que “el vivo vive del bobo”, pero, como lo dice la paisana Natalia Piza, a los pastusos eso nos funciona con una lógica inversa.

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