Aprendizaje virtual: un aliado de la educación superior

Jimena Cantor Santana, Comunicación Social y Periodismo

Debido al confinamiento obligatorio impuesto por el Gobierno Nacional, más de 160 universidades han tenido que adaptarse en tiempo récord a la virtualidad.

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A las seis de la mañana inicia el día de Laura Díaz, estudiante de Lenguas Modernas de la universidad EAN, quien intenta conservar su rutina diaria. En la mañana asiste a sus clases virtuales a través de la plataforma Zoom. Durante la tarde hace ejercicio en su casa y en la noche cumple con sus deberes de la universidad. Sin embargo, asegura que estar en cuarentena requiere un esfuerzo mental significativo: “es imposible que la ansiedad no aparezca en algún momento, pero intento mentalizarme con la idea de que esto es temporal. Me siento mejor pensando que cada vez son menos días los que duraremos encerrados”.

El COVID-19, virus que afecta el aparato respiratorio y puede desencadenar neumonía y otras complicaciones en la salud, fue descubierto en el mes de diciembre en Wuhan, China. Desde entonces, el virus se ha esparcido rápidamente en todo el planeta. El 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo declaró una pandemia, ya que se encuentra activo en más de 188 países. Ya se suman cerca de 4 millones 400 mil casos en todo el mundo, de los cuales 297.682 personas han sido víctimas mortales.

En Colombia las cifras aumentan de una manera más lenta a la de sus países vecinos, gracias a la cuarentena impuesta por el gobierno de Iván Duque desde el 24 de marzo. Debido a esto, todos los ciudadanos en el territorio nacional se han visto obligados a confinarse en sus casas, con pocas excepciones para salir, como la compra de víveres y la realización de pagos en los bancos en horarios específicos. Con el paso de las semanas, se ha autorizado a algunos sectores a iniciar vida productiva, pero con limitaciones. Adicionalmente, las universidades, colegios y empresas han tenido que adaptarse a la virtualidad.

En el panorama actual, la pandemia del COVID-19 no está pronta a llegar a su fin. Por esta razón, la ministra de Educación, María Victoria Angulo, emitió un documento oficial en el cual faculta a las universidades y demás instituciones de educación superior a mantener la modalidad de clases remotas hasta el 30 de mayo. Sin embargo, si para esa fecha la emergencia sanitaria continúa, la modalidad virtual se mantendrá indefinidamente. En el documento se recalca que el hecho de que las clases sean virtuales no significa que se pierdan las condiciones de calidad en el registro calificado modalidad presencial. Por lo tanto, cada Universidad debe implementar las herramientas tecnológicas aprobadas por el Gobierno Nacional para garantizar un proceso educativo efectivo y una culminación del primer semestre del año de manera satisfactoria.


La polémica de la virtualidad

A pesar de los intentos de las instituciones educativas por adaptarse a la virtualidad de una manera efectiva, muchos de los estudiantes se encuentran inconformes con el cambio drástico a esta modalidad educativa. La calidad de las clases, la falta de acceso al internet o la falla de este, la ausencia de equipos electrónicos aptos para participar en las clases en línea, la sobrecarga académica y los horarios que algunos profesores han tenido que modificar para realizar las clases, hacen parte de las preocupaciones de la mayoría de los estudiantes. Por otro lado, las constantes distracciones que hay en el hogar dificultan el proceso de aprendizaje. “Estar en un aula de clase es muy importante, ya que es fundamental estar un ambiente que promueva las acciones que uno va a realizar, en este caso, estudiar”, así lo afirma Juan Camilo Quiroga, estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad Militar Nueva Granada.

Las plataformas digitales más utilizadas durante la cuarentena por las universidades son Microsoft Teams, Zoom y Google Hangouts. Estas ayudan a que la comunicación entre estudiantes y maestros sea más efectiva, ya que intentan simular las mismas condiciones de aprendizaje que se registran en un aula de clase. Dichas plataformas cuentan con herramientas como las videoconferencias, las cuales pueden ser grabadas y almacenadas en el grupo de la clase para su posterior consulta. Por otro lado, permiten la personalización de las aulas virtuales para suplir las necesidades de los estudiantes y los profesores.

Los estudiantes no son los únicos que se han visto afectados por la adaptación a plataformas digitales. Adriana Ángel, profesora de la Universidad de La Sabana, afirma que la dificultad más grande durante las clases virtuales ha sido remplazar las actividades o trabajos de campo que se tenían preparados para el resto del semestre académico con ejercicios que puedan realizarse en casa. Otra de las preocupaciones que aqueja a la docente es no lograr que al final del semestre los estudiantes adquieran los conocimientos propuestos en el plan de estudios. “Poder sacar notas es importante, pero mi objetivo es que mis estudiantes puedan apropiarse de los contenidos de la clase para aplicarlos en su vida profesional. Con las clases remotas es más difícil lograr esto”.

Aunque las universidades han tenido que adaptarse en tiempo récord a la virtualidad, la gran mayoría de ellas ya han logrado acondicionar sus procesos en un 90%. Obdulio Velásquez, rector de la Universidad de La Sabana, aseguró en una entrevista publicada en La República, que “la virtualidad ha mejorado la asistencia de los estudiantes a las clases, pero tenemos un reto con quienes se fueron a sus regiones y no tienen conectividad”.

Sin tener el tiempo de repensar la situación, las instituciones de educación superior asumieron el reto de implementar la educación virtual. Aunque están limitados al contacto por medio de una pantalla, maestros y estudiantes hacen su mejor esfuerzo para afrontar el reto de mantener el proceso educativo a distancia. Sin embargo, no todos los estudiantes han podido acceder a las clases remotas y estas no parecen satisfacer completamente las necesidades de aprendizaje de los alumnos. Este es el desafío al cual se enfrentan las universidades del país: garantizar una educación de calidad en los tiempos de la contingencia.

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