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Crespos que brillan con rebeldía

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Karol Daniela Peña Severiche

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Aunque nació libre de la esclavitud, su cabello era una cadena permanente en su vida.

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Foto:
Netflix

Sarah Bredlove, una lavandera de Indianápolis, ve una oportunidad de negocio que la convierte en la primera mujer afroamericana millonaria por cuenta propia. Con un argumento contundente basado en la lucha contra el racismo y el machismo, acompañado de la actuación de la ganadora del Óscar, Octavia Spencer, Madam C.J. Walker: Una mujer hecha a sí misma se ha convertido en una miniserie llena de empoderamiento femenino que realiza una dura crítica a la esclavitud social que tienen que afrontar las mujeres negras al poseer un cabello que no cumple con los estándares de belleza.


“Si a Dios no le gustan las cosas feas, ¿por qué me creó a mí?”, es una de las primeras frases con las que se presenta a Sarah Bredlove, conocida mundialmente como Madam C.J Walker; en esa frase hace referencia a su cabello, que en ese momento se le estaba cayendo debido al estrés y la ansiedad. Y es que, por décadas, el afro ha sido atacado con micro agresiones que invaden el espacio personal, con comentarios violentos disfrazados de amabilidad e, incluso, con imposiciones laborales que obligan a peinarse su cabello como ‘blancas’. Fue hasta 2018 que en Colombia se realizó el primer congreso de “Crespas entre crespos”, el cual busca promover un cambio de conciencia en torno al cabello rizado.


Por otra parte, Octavia Spencer es quien le da vida al crecepelo que transformó toda una generación. Su puesta escénica, junto con sus gestos y diálogos, hacen creíble para el espectador esa ansiedad de triunfo que parece en ocasiones una obsesión. Así las cosas, Carmen Ejogo (Addie) no dejó atrás ese rasgo de mujer imponente que ha mantenido a lo largo de sus últimos papeles (12 horas para sobrevivir o Sparkle: la gran estrella), rasgo que también comparte Tiffany Haddish (Lelia), pero esta última por medio de la comedia.


La Madam de Estados Unidos maneja ciertos puntos en común con la película de la actriz y directora Genevive Nnaji. Además de compartir plataforma, Lionheart es una película que no ha recibido una vasta difusión por parte del gigante de Netflix, al igual que esta miniserie; asimismo, este filme abarca la vida de Adeaze, una mujer negra de Nigeria que tiene que luchar en una sociedad patriarcal para tomar las riendas de una empresa de transporte. Más allá del color de piel que comparten estas mujeres, la semejanza de sus historias recae en la honestidad con la que son relatadas, pues ambas aportan una perspectiva realista acerca de la desigualdad social y la opresión de una sociedad en la que los hombres siempre han encabezado el poder. Tanto Adeaze como Sarah se convierten en heroínas del tiempo en el que se encuentran.


El trasfondo de esta producción es arrebatador debido a los matices de su protagonista. Sarah es una mujer real, que a pesar de vivir como lo ha hecho, sigue teniendo prejuicios que focaliza en su hija; es una mujer que lucha por sus sueños, pero que no les da esperanza a las aspiraciones de otros. Su sinceridad como persona se visualiza en toda la serie, con frases contundentes que demuestran el dolor por el que se origina su batalla. Lo anterior se fusiona con la pelea del siglo que converge con Addie y demuestra, de una manera sutil, que hay racismo incluso en el mismo tono de piel, que hay negros más ‘claros’ que otros y que, para ellos, existen los privilegios de clase. No obstante, la importancia que tuvieron la mayoría de los personajes principales pareció eclipsada por Spencer; esto, hasta tal punto, que resulta difícil recordar sus nombres. Uno o dos momentos de brillo, de comentarios ocurrentes o de momentos dramáticos fue lo único que se le dio a Blair Underwood (Charles), Garret Morris (Cleophus) e, inclusive, a la misma Tiffany Haddish (Lelia). El resto de sus rasgos daban la sensación de haber sido mal construidos, llevándolos al límite de la exageración: muy malos, muy tontos o muy ambiciosos. Bien se dice que un personaje vende no por quien dice ser, sino por las acciones que realiza.


Madam C.J. Walker: Una mujer hecha a sí misma da a conocer la historia de alguien que fue pionera no solo en la creación de productos para cabello crespo con los que se volvió millonaria, sino por haber dejado un legado al cuestionar los estándares de belleza que en la sociedad actual aún permanecen; por demostrar que para vender un producto no hace falta ser físicamente como se ha impuesto; por no ver el cabello como un símbolo de superficialidad, al contrario, por convertirlo en un movimiento político, en rebeldía, en revolución; porque al final de todo “El cabello es poder”.

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