Despertar en domingo

Laura María Miranda Clavijo, Comunicación Social y Periodismo

Esta vez no se levantó el telón, un clic bastó para dar inicio a Domingo, la primera obra interactiva en Colombia.

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Foto:
Domingo, teatro digital interactivo

Título original: Domingo

Escritor: Ricardo Silva Romero

Director: Miguel Vila

Año de publicación: 2020

Duración: 2 horas

Valor de la boleta: 25.000 COP

Disponible en: https://www.domingo.com.co/

Tiempo al aire: 18 de octubre al 6 de diciembre

Tráiler: https://youtu.be/FoQXa49OTVM


“Sólo el arte penetra lo que el orgullo, la pasión, la inteligencia y la costumbre erigen por todas partes: las realidades aparentes de este mundo. Existe otra realidad, la verdadera, que perdemos de vista. Esa otra realidadsiempre nos está enviando señales, que, sin arte, no podemos recibir.”

 –Samuel Bellow



A veces la cotidianidad es tan simple que es imposible de retratar. Lo cierto es que no hay nada más cotidiano que un domingo. El reloj marca el final de la tarde, son las seis, el sol se esconde, pero Helena aún no despierta. A su lado está Sergio (Carlos Vesga), el amor de su vida que lo ha intentado todo para despertarla. Desesperado, llama a Catalina (Jimena Durán) y a Beto (Santiago Alarcón), sus amigos de toda la vida, para contarles que después de mucho tiempo se ha reencontrado con Helena (Paula Estrada) pero que misteriosamente ella no despierta.


¿Por qué no despierta?, se preguntan los personajes de Domingo, la primera obra interactiva del país, escrita por Ricardo Silva Romero, considerado como uno de los mejores escritores de Colombia y autor de libros como la Historia oficial del amor y Río muerto.


Definir Domingo ha sido difícil, la convergencia de formatos ha complicado el reconocimiento de su naturaleza, pero, sin duda alguna, ese factor diferencial la ha convertido en una propuesta fresca e innovadora que reúne lo mejor del cine, el teatro y la virtualidad. La obra ofrece diferentes planos, elemento propio del séptimo arte, una estructura narrativa impecable, un guion cercano y real, una escenografía perfecta que acompaña una puesta en escena fiel a la dinámica teatral, sin cortes, con libertad de movimiento para los actores, distinción de actos y una interpretación basada en el intercambio verbal constante.


Sin embargo, la interactividad es la razón por la cual Domingo se considera un ejemplar único en su especie, apenas comparable con Black Mirror Bandersnacht. Ambos productos, pioneros en una experiencia interactiva, le otorgan un papel aún más protagónico al espectador. En la obra colombiana, usted tiene la oportunidad de elegir el desenlace de la historia. Tres son los finales que la producción propone a su audiencia, para conectar y rescatar parcialmente lo que la pandemia ha robado, estar presente.


La idea es realmente brillante. Tener la oportunidad de pausar, atrasar, adelantar y cambiar a un plano más detallado solo mejora al unir la dirección creativa de Miguel Vila, un elenco de larga trayectoria y una historia como la que Ricardo Silva Romero regala. En ella se refleja la abrumadora sensación que envuelve a tantos en una tarde de domingo, cuando el sonido de los pensamientos es ensordecedor y la depresión se manifiesta en todo su esplendor.


La duda, los dramas personales, la situación del país y la dura realidad de ser adulto se materializan en la impecable ejecución de esta obra, para retratar la realidad de un publicista, un médico, una abogada, un viudo, una escritora, un matrimonio fallido, una separación, un amor imposible, la muerte, el dolor y la soledad. Definitivamente, “Domingo es una obra para verse reflejado”, como lo afirmó el actor Carlos Manuel Vesga.


La simplicidad de la obra y su manera fiel de honrar el drama cotidiano es lo que la hace realmente bella. No hay excentricidades ni exageraciones; Domingo es reflexión, verdad, reconocimiento y transformación. No cabe duda de que la pandemia ha cambiado la forma en la que sentimos y percibimos, y, aunque nada se compara con la mágica sensación de estar en un teatro, producciones como esta son el antídoto para no olvidar que el arte no tiene pausa y que siempre ha sido un refugio, una terapia y la herramienta perfecta para reconocer lo que es obvio pero perdemos de vista. Indudablemente Domingo es una oportunidad para despertar.

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