Diana Sofía Giraldo,
la cara de las víctimas

Isabella Uribe Giraldo, Comunicación Social y Periodismo

“Cuando uno cree que sale al rescate de la dignidad de otro, finalmente rescata es su propia dignidad”.

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Isabella Uribe Giraldo

Era la época del narcotráfico en Colombia, plenos años 90, cuando sonó el teléfono en la oficina de la recién nombrada directora del Noticiero 24 horas, Diana Sofía Giraldo.

“-¿Quién habla?”, dijo la directora. Al otro lado de la línea, creyó reconocer la voz de Gilberto Rodríguez Orejuela. Él le dijo: “-Mire señora, soy Gilberto Rodríguez Orejuela, quiero decirle que a mi no me gustó para nada la noticia que ustedes sacaron ayer sobre nosotros, ni la manera cómo la sacaron”.


“Sorprendida y llevada por muchas cosas, por mis convicciones profundas pero también por mi inmadurez, le dije “-mire señor, yo no me dejo amenazar, ni chantajear ni presionar por el Presidente de la República, mucho menos por un tipo al margen de la ley como usted. Así que si me hace el favor y cuelga el teléfono, o se lo cuelgo yo”.

“Hoy en día me pregunto cómo era capaz de hacer cosas como esas (...) cuando uno está muy joven es intrépido, es audaz, no le teme a nada ni a nadie, no ve los peligros”.

Diana, nacida en Medellín, comunicadora social y periodista de la Universidad de La Sabana, ha pasado de trabajar en medios, en plena época de narcotráfico, como el Noticiero Nacional, noticiero Promec, Noticiero 24 horas, del cual fue directora a los tan solo 29 años, a ganarse dos veces (1988 y 1993) el máximo galardón otorgado en Colombia a los periodistas (Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar); ser decana de su universidad y de la Sergio Arboleda; convertirse en cogestora de la Ley de Víctimas y a crear la fundación "Víctimas Visibles" para lograr posicionar a las víctimas del conflicto armado como las protagonistas, merecedoras de la restitución de sus derechos y del reconocimiento de la Nación y la comunidad internacional.

Estaba sentada en una silla de cuero blanca, reposando sus manos en un escritorio de vidrio. A su lado derecho, papeles encima esperando a ser revisados. Al frente, una repisa de madera blanca repleta de libros y carpetas que guardaban grandes historias, como algunas de sus publicaciones más famosas. Abajo, y colocada perfectamente en el escritorio, una Virgen de Fátima de aproximadamente 50 centímetros que miraba delicada y tiernamente. Diagonal a esta, un mapa impreso de Colombia, pegado en la pared, con flechas en marcador que salían de cada departamento señalando nombres de personas.

Giraldo vestía sobria y sencilla, pero marcando su propio estilo. Resaltaba el color de su piel rosado claro bajo un saco negro de algodón aparentemente suave, pantalón vaquero negro con puntos negros de la misma tela de este, zapatillas negras de cuero cerradas cubriendo todos los dedos y un poco del pie con un broche lizo, sencillo y grueso color dorado que cubría la mayor parte de la punta de cada zapatilla.

Ella, mientras trabajaba en los medios de comunicación, tuvo que soportar “la época del narcotráfico y las amenazas”, la cual la definió como una muy intimidante y caracterizada por “la persecución a Pablo Escobar, la seducción del cartel de Cali ofreciéndole plata a todo el mundo, carros bombas (que) explotaban en las ciudades. Uno se despedía de una persona y no sabia si la volvía a ver. Era un ambiente duro, fuerte, riesgoso, envenenado”.

A pesar de esto, esta mujer siempre tuvo una pasión clara: servirle al país. Pasión que luego vivió a través del servicio a las víctimas del conflicto armado.

Todo se inició con "El Regreso del Infierno, Historias de los que Volvieron", libro que Diana escribió junto con un grupo de estudiantes y profesores de la Universidad Sergio Arboleda y un psiquiatra de la Universidad Nacional, Ismael Roldán Valencia. Este libro, para ella, contenía historias distintas; “las verdaderas historias que un periodista debía contar en vez de las que se publicaban entonces, que tenían como centro al victimario y no a la víctima”.

“Ya no eran los testimonios que atragantaban a una víctima con un micrófono en la garganta, solo al momento de la liberación. Eran las historias de vida de los soldados, cuáles eran sus sueños, sus esperanzas, sus novias, sus amigos y cómo quedó truncada esa vida: un antes, un después, una esposa, un hijo, un hermano, una novia. Eran historias de vida muy profundas”, expresó con sus fijos ojos café oscuro sin mucha distancia el uno del otro, tras unas pestañas cortas, párpados hinchados, encima de unas leves ojeras.

El psiquiatra Roldán, quien acompañó a Diana y a su equipo de trabajo en la realización del libro y cofundador de Víctimas Visibles, comentó que “Diana siempre me pareció una periodista inquieta, aguda, incisiva, inteligente, ágil, muy sagaz, siempre dándole protagonismo al que es, con una formación y un conocimiento de lo que es el país nacional. Cosas fundamentales para lograr todo lo que ella ha hecho”.

Giraldo se enamoró de la idea de visibilizar a las víctimas del conflicto armado y volvió esa idea realidad. “Yo me sentí realmente realizada como periodista el día en que tuve la intuición de poner mis capacidades al servicio de los más vulnerables en la cadena del horror”.

Marcela Ramírez, periodista egresada de la Universidad Sergio Arboleda y quien ha trabajado con Diana en proyectos como el libro "Regreso del Infierno, Historias de los que volvieron" y los Congresos Internacionales sobre las Víctimas del Terrorismo, que se realizaron con los estudiantes de comunicación social y periodismo de dicha universidad y liderados por Giraldo, afirmó que ella “es una mujer de carácter fuerte, perfeccionista. Le gustan las cosas muy bien hechas, de calidad. Todo lo que ella emprende, lo consigue. No le queda grande absolutamente nada”.


La ambición de esta visionaria era tan grande que, posterior a la fundación de Víctimas Visibles, emprendió en el 2001 la lucha por lograr en Colombia una la Ley de Víctimas, luego de haber estudiado y visto el proceso que llevo a cabo España con sus víctimas, mediante la ley que se centró en la solidaridad de toda la sociedad, hacia las víctimas del terrorismo.


El proceso fue largo e incluyó muchos rechazos, según lo recordó. “En esa época hablar de víctimas era considerado “mamerto”. Me tildaban de izquierdista”.


Finalmente convenció a personajes como Juan Fernando Cristo y Juan Manuel Galán, ambos víctimas de la violencia, de viajar a España, para que ellos mismos presenciaran el proceso llevado a cabo con las víctimas por parte de la sociedad española. De esta manera, fue creciendo la semillita que empezó con el Día de Solidaridad del Senado con las Víctimas, hasta que la ley, que ella tanto había soñado, se convirtió en una realidad en el país, presentada por el actual presidente Juan Manuel Santos el 27 de septiembre del 2010.


El Senado le otorgó a Giraldo en noviembre del 2011 la Orden del Congreso de Colombia por “su trayectoria institucional (...) (que) ha proyectado una imagen de abnegada vocación de servicio hacia la población afectada por la violencia”. Su trabajo ha contribuido a “la narración testimonial para construir memoria histórica y es cogestora de la Ley de Víctimas, fruto del esfuerzo de muchos colombianos”, reza un apartado de la resolución legislativa.


“Para nosotros fue muy importante que el Congreso nos reconociera (a la fundación) como cogestores de la Ley de Víctimas. Contribuimos a poner la semillita que muchos otros sectores regaron con el liderazgo de parlamentarios de diferentes partidos (...)”, relató Diana.


Hoy en día, a través de su fundación, realiza retiros espirituales, no solo con víctimas de conflictos armados, sino también con reinsertados de grupos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), para lograr “sanar las heridas de aquellos a quienes arrebataron la dignidad, y también de quien se hizo daño a sí mismo al dañar a otro ser humano”.


La reinsertada de las FARC, Eli Yohanna Pineda, señaló cómo dichos retiros le han brindado “un espacio de escucha y perdón porque no hay reparación sin verdad y reconciliación(...) Diana, en ningún momento, hace estigmatizaciones con nadie, todos son bienvenidos y ella los recibe bien. Está ahí cuando uno la necesita. Ella, para nosotros, es realmente un referente para acercarnos a Dios”, dijo Pineda, quien al decidir reinsertarse a la sociedad se traslada cada vez desde Cali, ciudad en la que vive, hasta Bogotá para atender “a todos los retiros que pueda”.


“Cuando hablas con ellas (con las víctimas) por el whatsapp y las sientes contentas, cuando las ves renacer, vale la pena. Cada sonrisa de ellos vale la pena, cada oración de ellos vale la pena, cada día que dice que se levantan con ganas de despertar y de soñar, vale la pena. Esa es la recompensa”, comentó Diana.


Liliana Salamanca, quien fue atendida y ha sido “enfermera de la misericordia” en la fundación de Giraldo, a la que acudió luego que las FARC secuestraran a su esposo, desaparecido hasta la fecha, expresó que los retiros espirituales le han servido para calmar estos largos años de rencor y odio. Estos, sirven para encontrar “qué era lo que nos hacía daño, qué era lo que no nos dejaba avanzar”.


Giraldo, quien se derrite ante una flor, ama poner la mesa, pero se califica a ella misma, entre risas, como “pésima ama de casa” y amante de la fotografía, es madre de un joven de 17 años, al que tuvo con su esposo, el ex ministro de desarrollo Gabriel Melo Guevara. Su historia de amor fue muy particular: Se conocieron cuando ella fue a hacerle una entrevista para un reportaje del noticiero Promec, la cual al finalizar él le dijo, “es la mejor entrevista que me han hecho en mi vida”. Desde ahí, su amor empezó a florecer hasta que decidieron pasar el resto de sus vidas juntos.


Cuando era pequeña, recordó sonriente, que en su colegio El Palermo de San José se ganó el concurso de redacción para el periódico del colegio con su escrito "El papel de la mujer en la sociedad", así como también era experta en escribir cartas de amor ajenas para los novios de sus amigas.


Hablaba con un tono de voz constante en volumen y suave, sin nunca alterarse. Con expresiones serias cuando recordaba los dolores que le ha tocado ver a través de “los más vulnerables en la cadena del horror” , pero sonriendo en los momentos en que se refería a su infancia, su familia, en especial a su “chiquito”, como lo llama ella, al Papa y, por supuesto, a los frutos de su fundación y todos los aprendizajes que las víctimas le han dejado. “Cuando uno cree que sale al rescate de la dignidad de alguien, finalmente rescata es su propia dignidad y hace que su vida valga la pena”, concluyó.

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