El feminismo en Colombia: Enfoques, prácticas y activismos

María Delgado y María Mercedes Rojas, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo

Con más de 50 años de historia, el feminismo en Colombia se fortalece con nuevos colectivos y organizaciones que continúan en la lucha por la igualdad y la dignidad de la mujer en la sociedad.

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El feminismo en Colombia: Enfoques, prácticas y activismos
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El 8 de marzo de 2022, banderas verdes y pañuelos morados, sombrillas con inscripciones alusivas al feminismo y mujeres con sus caras y cuerpos llenos de pintura, rodearon el edificio de la corte Constitucional, en pleno centro de Bogotá. “Que todo el mundo sepa, que aquí estamos, que somos muchas y entre todas somos fuego”, fueron las palabras que usó el Bloque Feminista Radical 8M para convocar la marcha a las dos de la tarde.


Desde el Centro de Memoria Histórica hasta la plaza de Nariño, miles de mujeres marchaban por equidad y el cumplimiento de sus derechos. En los lugares de reunión, en los carteles de tinta morada y blanca escritos en cartón o cartulina negra se leía: “Hoy luchamos por las mujeres”, “si mañana soy yo, préstame tu voz y si mañana soy yo, espero ser la última”, en alusión a las mujeres asesinadas y víctimas de la violencia machista.


Sarah Osuna, quien se movilizó en las diferentes marchas que se realizaron a comienzos del año, describe el momento feminista como una verdadera muestra de la sororidad, y explica el término: “Cuando hablan de sororidad, yo pienso en esos espacios, se trata de estar todas pendientes de cada una, no solo de la noticia y del por qué estábamos convocadas, sino cuidarnos, acompañarnos y respetarnos. Es un encuentro, es celebrar que pudiésemos estar ahí reunidas. Es la reivindicación de los derechos”.


Feminismo en Colombia, un poco de historia


A las 8 de la mañana del 12 de febrero de 1920, en la portería de la compañía colombiana de Tejidos de Bello en Antioquia, Betsabé Espinal, de 23 años, se trepó encima de un taburete y con voz contundente proclamó: “Compañeras, muchachas, nos declaramos en huelga”. Ese día, Espinal movilizó alrededor de 400 obreras para exigir la dignidad femenina y mejores condiciones de trabajo, adquiriendo el apodo de “Juana de Arco criolla”; siendo ella una de las primeras voces del feminismo en el país.


Pero para hablar del feminismo en Colombia se deben tener en cuenta otros dos momentos históricos claves: la movilización sufragista, o proto feminista –un término que se aplica para definir toda idea, acción o actividad política que siga los conceptos feministas tradicionales antes de que existieran como tal –, que se produjo alrededor de 1950 en la búsqueda del voto femenino y que terminó con su aprobación en 1954, y la conformación de grupos que se denominaron feministas en los años setenta, y que tuvieron por bandera temas como la libre decisión sobre el cuerpo, la libre opción de la maternidad y el reconocimiento de los derechos de las mujeres.


A las mujeres les tomó las tres primeras décadas del siglo XX conseguir protagonismo en la sociedad colombiana. Los hombres eran educados para ser el futuro del país, mientras que las mujeres eran el futuro, pero del hogar. Las pertenecientes a la clase media eran sujetas a una educación enfocada en ser “buenas amas de casa”. Fue hasta el año de 1933 que el gobierno de Olaya Herrera impulsó los decretos que abrieron las puertas a la educación primaria, secundaria y universitaria para las mujeres.


Las carreras universitarias “para mujeres” eran la enfermería y la docencia. Francisco Pérez Segura, especialista en educación, menciona que aún existe la creencia de que las mujeres no sirven para la ciencia o las matemáticas, teniendo en cuenta de que este tipo de pensamiento fue lo que llevó a la apertura de las escuelas de hogar donde las jóvenes aprendían economía, bordado, cocina y demás oficios relacionados a la labor doméstica.


Con la educación conseguida, la lucha desde ese momento buscaba el espacio para que a la mujer se le considerara un ciudadano, con el derecho a elegir y ser elegida. Según la Registraduría Nacional, el derecho al voto de la mujer en el país fue aprobado el 25 de agosto de 1954, bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla. Gracias a esto, en 1974 se tuvo la primera candidata a la presidencia con María Eugenia Rojas, con la bandera de la ANAPO -Alianza Nacional Popular- llevando por primera vez a la agenda política problemas de las mujeres, los niños y niñas e indígenas.


Aída Avella de la Unión Patriótica, María Mercedes Carranza, María Teresa Gárces, de la Alianza democrática M-19, y Helena Herrán del partido liberal hicieron parte de la asamblea constituyente de 1991. Fueron ellas las encargadas de tramitar las propuestas realizadas en la Constitución de ese año consolidando el artículo 13: “Todas las personas son iguales ante la ley”. Increíblemente, solo hace 30 años esto es parte de la constitución. Pero la igualdad está todavía lejos de ser realidad.


Feminismo colombiano hoy en día


Salome Beyer, integrante del grupo de la ONU Girl Up, explica que el feminismo actual ha adquirido una fuerza entre las jóvenes que viene inspirada de otros países latinoamericanos, como el movimiento feminista en Argentina, es el más veterano de América Latina. Desde su fundación en 1890, es pionero en leyes como el voto femenino, la igualdad de derechos y la protección de los niños.


Beyer no considera al feminismo una moda, ya que es fruto de las reflexiones y la madurez democrática que ha alcanzado el país en un contexto de grandes movilizaciones como las que se vienen dando desde finales del 2019 al del 2021, con el paro nacional, en donde los movimientos feministas realizan una serie de propuestas en torno a la crisis social en el país. Desde la práctica política, las mujeres en el paro buscaban fortalecer la democracia, solicitando acuerdos para enfrentar la desigualdad que existe en el país, entre etnias, cuerpos racializados, con un particular énfasis en la desigualdad de género.


La explosión de esta manifestación tuvo lugar por primera vez en Colombia en el 2017, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de Eliminación de Violencia Contra la Mujer, teniendo como objetivo activar una memoria colectiva. En los últimos años, la despenalización del aborto, legalizado el 30 de diciembre del 2020, se convirtió en la bandera más importante del movimiento, con el color verde como simbología del feminismo y también como simbología para una maternidad de libre elección. Hoy, la lucha está enfocada en el empoderamiento femenino y en la lucha por ese lugar significativo en la sociedad. El siglo XXI fue declarado por la ONU como el siglo de la mujer.


Las diferentes formas del feminismo


La lucha feminista actual se asume desde diferentes posturas, movimientos y colectivos. Juliana Martínez Londoño, integrante de la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres y experta en estudios de género, explica que en el feminismo colombiano es posible identificar distintas vertientes, o en algunos casos tendencias que han defendido más unos grupos que otros, por el énfasis o las razones de las causas.


Martínez menciona que una de estas tendencias es el tema relacionado con el derecho a una vida libre de violencias, en donde hay organizaciones y grupos que han buscado, por medio de líneas de atención y divulgación, la visibilización de estas violencias en distintos ámbitos, siendo uno de los ámbitos el escenario político pensado desde defensoras de derechos y lideresas. La Red Nacional de Mujeres desde 1991 participa y promueve la participación política y construcción de ciudadanía de las mujeres con el objetivo de eliminar las diferentes violencias contra las mujeres. Su línea de atención más viral es un la aplicación llamada ¡Todas libres, todas con ELLAS! donde explican en qué casos o situaciones una mujer puede estar siendo víctima de violencia sexual, intrafamiliar, económico o política. A su vez, brindan una guía para saber a dónde tienen que acudir e iniciar un proceso de denuncia.


Para María Camila Paiba, miembro de un colectivo, el feminismo es un movimiento social y político y, en esa misma medida, es también una postura política frente a su reconocimiento como mujer y frente a los derechos de las mujeres. “Es un despertar para cuestionarme a mí misma, a los que me rodean, de replantearme las conductas que tan normalizadas tenemos; finalmente crecemos en una sociedad machista, clasista, transfóbica, racista… El feminismo ha aterrizado y enfocado en ese marco de pensamiento”.


La otra cara del feminismo


Aunque a lo largo de los años colectivos como Las perras histéricas, Justa Causa y La Oficina han sido el refugio del ideal feminista, no todos los colombianos apoyan esta ideología. Esto se puede ver principalmente desde comunidades religiosas como iglesias cristianas y grupos pro vida.


Eugenio Pizarro, líder de una comunidad cristiana, comenta que, para él, el feminismo es la respuesta a las restricciones culturales del pasado. Aun cuando considera que “todos deberíamos ser feministas en el sentido de respetos e igualdad de la mujer”, se aleja de este movimiento en temas como el aborto y la lucha femenina en pro de ciertos derechos: “Así como el hombre araña dice: un gran poder conlleva una gran responsabilidad, no estoy de acuerdo con temas como el aborto; la vida empieza desde el momento de la concepción y yo no puedo disponer de la vida de un ser humano”.


Por otro lado, Sara Martínez, miembro del movimiento pro vida de la iglesia cristiana Misión Carismática Internacional, comenta que el feminismo actual no la representa a ella ni a sus valores: “No estoy de acuerdo con sus luchas y muchas veces tampoco las maneras. Desde la creación del feminismo creo que atenta contra la familia, las creencias y no creo que sus intenciones (al igual que pasa con muchas ideologías políticas también) sean benévolas ni sinceras”.


Conocer la historia del feminismo, es una lucha heredada que sirve como guía para saber a dónde se dirigen estas nuevas olas del feminismo. Por ahora, las feministas en Colombia, junto a sus aliados, continuarán cantando arengas como “Que viva la lucha feminista en América Latina”, hasta encontrar un país en donde las condiciones de las personas no estén determinadas por su sexo, género, orientación sexual o raza, una lucha a la que todavía le queda un largo camino por recorrer.

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