El lado oscuro del comercio bursátil

Mariana Jaramillo Castro, Comunicación Social y Periodismo

Invertir en la bolsa de valores se ha vuelto un pasatiempo para miles de jóvenes en el mundo, pero esta actividad, atractiva a primera vista, puede ser un portal directo al infierno si no se maneja apropiadamente.

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El lado oscuro del comercio bursátil
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Durante los últimos años, cada vez más personas, especialmente jóvenes, han decidido aventurarse en el comercio bursátil. Esto se evidenció aún más debido a la histórica caída de la bolsa de Estados Unidos en marzo de 2020, pues miles de jóvenes aprovecharon los bajos precios y se montaron en esa montaña rusa, esperando que la bolsa volviera a subir junto con los balances de sus cuentas bancarias, afectadas por los estragos de la pandemia.


La práctica del trading o negociación bursátil se basa en la compra y venta regulada de activos cotizados con mucha liquidez de mercado, como acciones, divisas y futuros. Su objetivo es obtener un beneficio económico cuando la operación genera un incremento en su valor. Según expertos, una de sus estrategias más populares, el day-trading, se catapultó debido a que las plataformas usadas para esta actividad financiera alientan a los inversores principiantes a realizar transacciones a corto plazo sin comisiones que posiblemente les permitirían obtener una ganancia que se acumula entre más veces se repita la acción.


Esto suena demasiado bueno para ser verdad, ¿no? Por eso es importante hacer énfasis en la palabra “posiblemente”, porque, al final del día, la forma en la que las personas sin experiencia y sin una estrategia sólida están comercializando en estos mercados no es muy diferente a la de una simple apuesta y, naturalmente, tarde o temprano, alguien va a perder. De hecho, según la plataforma de stock Etoro, un ochenta por ciento de los day traders (comerciantes intradiarios) pierden en promedio el 36.30% de su dinero invertido en un año. Estos costos pueden ser altos, incluso fatales. Estudios internacionales sobre esta materia, como el publicado por The Open University del Reino Unido, comprueba que las tasas de suicidio aumentan durante los dos años siguientes cada vez que los indicadores de bolsa caen.


Este año, las noticias de personas que deciden acabar con su vida después de perder grandes cantidades de dinero por invertir en la bolsa han aumentado. El 31 de marzo, la noticia de un trabajador chino que saltó a un horno de metal hirviendo después de enterarse de que había perdido todo su dinero invertido (más de $9.000 USD) dio la vuelta al mundo. Un mes antes de esta noticia, se recordaba la muerte de Alex Kearns, un joven de 20 años que decidió quitarse la vida el verano pasado porque creyó que tenía un balance negativo de $730.000 dólares que debía en efectivo por una mala jugada en la bolsa. Estos, junto a muchos otros casos similares, alertaron a la sociedad sobre el lado oscuro de esta actividad.


La plataforma Robinhood, usada por Alex Kearns y orientada hacia principiantes, especialmente jóvenes, es una de las más populares y registró un aumento de más de 3 millones de nuevos inversores en 2020, de los cuales la mitad no tenía ningún tipo de experiencia con las inversiones. Según el Pew Research Center, el 41% de los inversores activos son menores de 35 años. Esto en parte se debe a que aplicaciones de este tipo, como Acorn y Stash, simplifican los procesos de inversión y lo hacen ver como un videojuego entretenido, mientras alientan a sus usuarios a invertir grandes sumas de dinero y a realizar prácticas de comercio bursátil riesgosas, llevando el mensaje de que "mientras menos riesgo están dispuestos a asumir, menor rentabilidad podrán sacar".


Esta filosofía deforma lo que se consideran fortalezas a la hora de incursionar en esta industria, en debilidades. Según Brett Steenbarger, profesor clínico asociado de psiquiatría y ciencias del comportamiento en SUNY Upstate Medical University de Syracuse, esto se vería reflejado en que estas personas pasan horas estudiando el mercado minuto a minuto, dejando a un lado sus familias, tiempos libres y hasta llegando a presentar insomnio.


Un poco de éxito puede llevar a acciones codiciosas. La solución sería invertir prudentemente, pero tampoco funciona así. Steenbarger afirma que, si un comerciante intentara no dejarse llevar por la tentación de invertir cantidades riesgosas de dinero, este tendría dificultades para asumir un mayor riesgo en oportunidades sólidas y sub utilizaría su capital. En pocas palabras, su monólogo interno le diría: "Si hubieras entrado allí, podrías haber hecho una fortuna", lo cual solo demuestra que es bastante difícil de escapar de esta psicología oscura, como una droga.


Y es que no es muy descabellado pensar que las drogas son un personaje presente entre los traders jóvenes. En 2014, Kevin Roose, autor del libro Young Money: El mundo oculto de los jóvenes que incursionaron en Wall Street después de la crisis económica del 2008, realizó el perfil de ocho jóvenes empleados en los mayores bancos de E.E.U.U., y encontró que la droga más común entre los trabajadores de la industria financiera no es la cocaína, sino el Adderall, un medicamento con anfetaminas, cuya función es tratar el trastorno de hiperactividad con déficit de atención, pero que sus consumidores lo usan para mantener su ritmo de trabajo y poder rendir más.


Todo esto sin contar además el inminente riesgo de caer en los mares de estafas de los “cursos de bolsa” que inundan las redes sociales y venden el sueño de aprender a manejar el mercado financiero como un profesional de Wall Street y “salir de pobres”.


Uno pensaría que no mucha gente cae en los avisos que dicen "¡Gane $32.000 dólares en menos de siete días siguiendo esta estrategia de trading!", pero los jóvenes, incluso aquellos con unos años de más, sedientos de dinero fácil y rápido, cegados por las herramientas de neuromarketing que muestran testimonios de personas exhibiendo carros y casas lujosas mientras dicen haberse vuelto millonarios invirtiendo poco tiempo y dinero, terminan endeudados por asistir a estos “seminarios” que, según la Comisión Federal de Comercio estadounidense, pueden llegar a cobrar hasta $50.000 dólares, donde el 97% de usuarios aseguran ganar muy poca o ninguna cantidad de dinero.


Este no es de ninguna manera un llamado a que los jóvenes le den la espalda a la actividad económica más popular y dinámica del momento. Todo lo contrario, este baldado de agua fría es para evitar que el hambre de conseguir dinero fácil y rápido, no les haga perder la poca sanidad y dinero que le ha quedado a la mayoría de las personas después de esta pandemia.

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