Empezaron dos; fueron cinco y quedaron tres

Jose Cortés Motta, Comunicación Social y Periodismo

El zoológico Guátika tuvo la experiencia de ver, y tratar, el nacimiento de los primeros jaguares en cautiverio en Latinoamérica.

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Madre e hijo jaguar descansando en la hierba del zoológico Guátika el 24 de agosto de 2019, primer zoológico en reproducir jaguares en cautiverio en Latinoamérica.
Foto: José Orlando Cortés Motta

El 2015, un año el cual se vivieron muchos acontecimientos, como el cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela, fue también el año en el que llegaron visitantes inesperados al zoológico Guátika, en el municipio boyacense de Tibasosa, aproximadamente a tres horas de Bogotá.

Era mayo del 2014, y Guátika se preparaba para la llegada de su primera jaguar, perteneciente a la subfamilia de los Panterinos. Según la Agencia EFE, China es el principal destino de tráfico ilegal de jaguares en Latinoamérica. La hembra fue rescatada del tráfico ilegal en Palmira, por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (C.V.C). Su crianza con humanos la convirtió en una jaguar bastante amigable. Al llegar, ya se habían elaborado todos los proyectos para crear el hábitat natural de la felina.

Llegó bastante tímida por el ambiente y las personas nuevas. Rodeaba el perímetro a diario, cada mañana, familiarizándose con su nuevo hábitat. Los cuidadores, entre ellos, Mayerly Tamayo, ingresaban a la zona de manejo (zona en la que los cuidadores alimentan, inspeccionan y verifican a los animales) para interactuar con la nueva jaguar. Jugaban con ella, la alimentaban, hasta lograban acariciarla, pero siempre con una distancia segura. La jaguar tiene una mirada dominante y misteriosa; no se sabe cuál será su siguiente movimiento.

Por protocolo de educación y seguridad, los nombres de los animales no serán revelados en el artículo.

“Era muy consentida, muy obediente, juiciosa; siempre estaba a la expectativa de uno”, dijo Mayerly Tamayo, cuidadora de animales del zoológico. Esto es algo bastante extraño en un animal salvaje y carnívoro, pues estar dispuesta a obedecer las órdenes de sus cuidadores no es un comportamiento habitual de un jaguar. “Era una jaguar hembra de tres años cuando llegó al parque y fue el día más emocionante de mi vida en el trabajo”.

Tiene unas manchas con un patrón único, asimilando el camuflaje de un soldado, pero simétrico. Este patrón de manchas les sirve para identificarse entre ellos, algo así como nuestras huellas digitales. Cada mancha pareciera celosa de la otra, ninguna llega a rozarse entre sí.

Mientras estaba hablando con Mayerly y otro veterinario sobre los jaguares, llegamos a su hábitat. Vi pasar a la jaguar hembra de la cual tanto se me había contado. Mientras el viento agitaba su pelaje y sus bigotes, se acercaba al vidrio que me separaba a mí y a otros turistas de una muerte inmediata. Un vidrio de seguridad templado y laminado de 4 centímetros. Se acercó a mí, tan cerca que pude apreciar cada uno de sus músculos. El terror se apoderó de mí.

Los meses pasaron y llegó un día impactante, pero importante, para el zoológico Guátika. Llegó un jaguar macho, bastante agresivo, con el récord de ser el jaguar más longevo reportado en cautiverio, de unos 19 años. Los jaguares son los felinos más longevos, siendo capaces de vivir hasta 15 años; en cautiverio, esta cifra puede aumentar en unos dos o tres años. Fue entregado por el zoológico Santa Fe de Medellín, estos cambios entre zoológicos generalmente se hacen cuando alguno no cuenta con ciertos animales o les sobran. Un jaguar de aproximadamente 100 kg era el más longevo en Colombia; podía llegar a comer unos 7 kilos de carne, aproximadamente lo que pesa un brazo humano de un adulto.

Me pasaron una foto de este jaguar macho cuando llegó. Tenía la mirada más agresiva y dominante que jamás había visto. Inmediatamente, una sensación fría recorrió toda mi columna. Estaba enojado, estaba claro, no quería estar ahí.

Cuando se intentaba ingresar al jaguar macho al hábitat con la hembra, se notaba en el ambiente una sensación pesada, las miradas penetrantes que intercambiaban ambos jaguares entre sí era algo que todos podían percibir, se tuvo que hacer un proceso que tomó varios intentos para integrarlos. El jaguar macho, desafiante como siempre, no solo le dio problemas a la jaguar hembra sino también a sus cuidadores; siempre intentaba atacarlos. Pero al cabo de dos meses, lograron convivir en el espacio de exhibición del zoológico.


En un domingo de julio, varios turistas se dispusieron a pasar por el hábitat de los jaguares a conocer al nuevo miembro. Era una mañana cálida, pero con fuertes vientos, algo habitual en las montañas cundiboyacenses, cuando de repente notaron que la jaguar hembra no salía de su cueva, pero estaba lamiendo algo. ¿Qué era? ¿una pata? ¿un pedazo restante de comida? “Fue muy gracioso”, recuerda Leonardo Camargo, el dueño del zoológico, “porque prácticamente fue un turista el que se dio cuenta”.

- ¡La jaguar está dando a luz! - gritó un turista -, ¡Hay un bebé en la exhibición!

Inmediatamente Mayerly Tamayo y el cuerpo de trabajadores del zoológico salieron corriendo; no lo podían creer, estaban emocionados, felices y orgullosos de que, en Guátika, nacieran los tres primeros cachorros en cautiverio en Latinoamérica.

- ¿No tuvieron que hacer ningún proceso? – le pregunté a Leonardo.

- A lo que él respondió, de manera tajante: - No, nada. No fue fecundación artificial. Todo se dio naturalmente-.

Al momento del parto, todo el zoológico se paralizó. Tuvieron que tener la precaución de separar a la hembra y a sus crías del macho, por temor a que las matara. Criaron a las crías, dos hembras y un macho, por separado, hasta que crecieron lo suficiente para convivir con su padre.

- ¿Planean liberar a los jaguares alguna vez? – le pregunté a Leonardo.

- Estos animales ya no van a ser liberados (…)  estamos hablando de un felino grande (…) puede llegar a comerse una persona o a atacarla.


El jaguar es una de las especies en Colombia catalogada como ‘casi amenazada’ de estar en peligro de extinción; esto por la caza discriminada, la ganadería y agricultura, según explica la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. A pesar de los múltiples intentos para reproducir estos jaguares, solo quedan 1500 de estos ejemplares en Colombia; habitan desde lugares casi desérticos como el Desierto de Arizona hasta selvas tropicales como el Amazonas.

El zoológico Guátika cuenta con treinta hectáreas, aproximadamente 30 estadios de fútbol, y más de seiscientas especies; entre ellas, aves, felinos y micos. Anualmente el zoológico invierte más de 120 millones de pesos en comida para los animales. Para los jaguares, el Zoológico obtiene su carne de distintos proveedores. “Otra carne llega de decomisos por la policía (…) cuando encuentran fauna ilegal”, explica Leonardo. Cuando los animales son decomisados por tráfico ilegal, suelen ser dados a los zoológicos o entidades encargadas de la protección animal, para alimentar a otros animales o darles un nuevo hábitat.

En el momento en que nacieron las crías, eran 5 jaguares los que tenían que ser alimentados, es decir, más de 10 kilos al día de carne, entre ellas, de caballo, cerdo o vaca, solo para estos felinos.

Por el Plan de Colección en los zoológicos, que es el tope máximo de animales que tendrá un zoológico; en este caso, Guátika cuenta con un límite de 5 jaguares. Por ende, una de las crías, la hembra, fue entregada al zoológico Piscilago, ubicado vía Bogotá – Girardot, a 5 minutos de Melgar, donde, lastimosamente, el jaguar macho de ese zoológico acabó con la vida de la hembra. Tres años después, el padre de los cachorros murió a sus 21 años, la era del jaguar más longevo en cautiverio había terminado. Dejó a una madre sola, con sus dos hijos machos acompañándola. Estos jaguares ya no serán liberados; vivirán su vida entera encerrados en su hábitat artificial, ya sea por protección de la especie o de nosotros que somos indefensos ante un animal tan ágil y carnívoro.


El sol cae, las puertas se cierran y es otro día más entre los muchos otros que les esperan a la jaguar hembra y a sus dos crías.

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