Estoicismo, fútbol e inteligencia

Juan Camilo Colorado López, estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Omar Pérez logró 10 títulos en Colombia. Ahora tiene dos emprendimientos: un restaurante y una escuela de fútbol.

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Juan Camilo Colorado López

Conseguir al “10” argentino no es una tarea fácil; nunca lo ha sido. El argentino no es una persona que le guste mucho hablar con los medios, a duras penas daba una entrevista cortita al finalizar los partidos cuando era escogido como ‘el mejor de la cancha’ (eso sí, esa distinción se la llevaba seguido) o en algunos eventos comerciales de los patrocinadores que apoyaban a los equipos en los que jugó, pero nada más.


Omar Sebastián Pérez Marcos nació en Santiago del Estero, Argentina, el 29 de marzo de 1981. Es alto, pero no tanto. Su contextura no es la más robusta pero aun así lograba cuidar la pelota como a su tesoro más preciado y la trataba con delicadeza; ‘la ponía como con la mano’. También tiene las cejas pobladas, tiene muy poco pelo y tiene una mirada que solo la podían descifrar los delanteros que jugaban en su equipo, porque para los defensores era todo un misterio saber en qué lugar del campo haría un pase entre líneas y a quién. Su apodo más distintivo es ‘Chipakero’, según explica Juan Pablo Arévalo, periodista de Futbolred, que es por el Chipaco, una especie de torta hecha con harina de trigo y chicharrón, típica de la región noroeste de Argentina.


El argentino entrenó por más de 8 años en la sede deportiva del club rojo y blanco de Bogotá, viajaba desde su lugar de residencia hasta Tenjo (un municipio a 45 minutos de la capital colombiana) todos los días, madrugado. Yo también fui a ese recinto deportivo, pero no a entrenar, sino a recoger testimonios de gente que lo conoció. Hacía mucho frío en la sabana bogotana, casi tanto como en la tribuna norte de El Campín cuando, en un clásico capitalino, Omar anotó su gol 100 como profesional. En la radio sonaron Carlos Vives, Selena Gómez y otros artistas que apaciguaron un poco los nervios que sentí ese día y sienten los periodistas cuando dan los primeros “pinitos”.


“Él venía poco a tomar tinto”, afirmó la señora Yolanda, tendera en la sede deportiva de Independiente Santa Fe. “Los argentinos son más de tomar mate”.


Omar ha mostrado fortaleza emocional en los momentos más difíciles. Lo demostró en la final de la Copa Sudamericana del 2015 contra Huracán, de Argentina, cuando pateó el primer penal de la tanda (abajo, duro y al rincón). También la vez que rechazó una propuesta que le hizo Atlético Nacional en el pico de su carrera para que jugara en Medellín: “Nacional me ofrecía 10 veces más que Santa Fe. Era estabilidad para mi familia, futuro para mis hijos. Pero por el hecho de saborear lo que estábamos cerca en Santa Fe [...] no se dio”. Pero, sin duda lo demostró el día que decidió jugar contra Vélez Sarsfield por la Sudamericana del 2011, un día después de la muerte de su abuelo Helio que lo iba a ver jugar. En palabras de Carlos Eduardo González, historiador santafereño, fue un acto de estoicismo. “Decidí jugar porque me lo pedía la familia y especialmente mi abuelo. Sabía que él, estuviera donde estuviera, iba a verme”.


El santiagueño es el máximo ídolo de la historia del Expreso Rojo para muchos hinchas; y es que sus triunfos dan prueba de ello. El “10” consiguió 9 títulos con el equipo, entre los que se destacan los dos internacionales de Santa Fe: la Sudamericana de 2015 y la Suruga Bank de 2016. Pero también consiguió otros títulos con Boca Juniors y Junior de Barranquilla (la Copa Libertadores, la Copa Sudamericana y el torneo finalización del 2004, respectivamente). Todos estos logros son el reconocimiento al esfuerzo, la fe y la garra con la que Pérez afronta cada día de su vida.


“Si no hubiese existido Copete [Jonathan], no hubiera salido Omar Pérez”. Esa fue la frase con la que cerró Agustín Julio refiriéndose al gol con el que Santa Fe salió campeón luego de 37 años. Contundente. Me reuní con Julio un jueves muy caluroso, por cierto. Me atendió con su sonrisa y su acento cartagenero; él siempre ha sido muy efusivo y esa vez no fue la excepción. Aunque el encuentro fue un poco distante al principio, poco a poco nos fuimos soltando y la conversación fluyó. “De Omar me acuerdo en la final del 2009; él no comenzó jugando, pero ya para el segundo tiempo entró con un dedo inyectado, infiltrado (anestesiado), y marcó el primer y el segundo gol. El resto ya es historia; lo conoce todo el mundo”.


Omar pudo haber llegado muy lejos jugando fútbol. Desde que debutó con Boca Juniors el mundo se dio cuenta que era un “pibe” con condiciones. Pero le diagnosticaron sinovitis y sus planes cambiaron. Aunque se recuperó de esa seria lesión de los ligamentos, él supo que desde ese momento en adelante no podría rendir como alguna vez lo hizo. “Muchas noches me puse a pensar eso, pero también me puse a dar gracias por lo mismo [...]; ahora estoy feliz con mi carrera. Fueron casi 20 años [en el fútbol] que me brindaron muchos títulos, compañeros y aprendizajes”. Así respondió Omar Pérez a una pregunta realizada por un periodista del Gol Caracol.


“Aquí en Santa Fe siempre se han pagado muy buenos salarios. Y, además han habido jugadores que han recibido muy buenos premios individuales; entre ellos Omar Pérez”, confesó el gerente deportivo del club. Pero hoy la realidad es otra. El argentino ya no juega fútbol profesionalmente; sin embargo, logró juntar su más grande pasión con una nueva forma de ganarse la vida: Santiago del Estero Parrilla y OP10.


Santiago del Estero Parrilla es un restaurante argentino ubicado en Chía que abrió sus puertas hace aproximadamente dos años y se ha convertido en una parada fija para los hinchas del fútbol. El lugar no es ostentoso, pero sí tiene un ambiente hogareño y los visitantes usualmente cuentan con la suerte de tomarse una foto con el ídolo argentino. La carta del restaurante está elaborada de tal forma que el cliente viaja a las raíces de la comida argentina, colombiana y del mundo; es decir, usa tecnicismos del fútbol para ilustrar mejor el menú (la previa, liga argentina, liga colombiana, la intercontinental, el tercer tiempo, divisiones menores, etc). Los comensales pueden disfrutar de la gastronomía gaucha mientras escuchan música en vivo.


Por otro lado, está OP10. Esta escuela de formación deportiva que apenas está comenzando es el proyecto que más ilusiona al argentino. La escuela también se ubica en Chía y entrena a niñas, niños y adolescentes desde los 4 hasta los 18 años de edad. “Es mi nuevo bebé, es algo que estoy apreciando, es ese norte. Seguramente pocos nos conocen, pero la competencia en liga y los viajes internacionales nos hará darnos a conocer. Es un proyecto a mediano y largo plazo”, afirmó el exfutbolista.


“Es mejor dejar el fútbol que el fútbol lo deje a uno”, dijo Agustín; y Omar inconscientemente atendió ese consejo. Ahora su vida es otra; fuera de las canchas, pero con una familia unida, con muchos proyectos para su vida y con la ilusión de algún día convertirse en director técnico. En el recuerdo del hincha quedará el argentino que vino a Colombia y nunca más se fue.

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