La mujer detrás de los Ríos Vivos

Anggie Paola Awad Cortés, María Fernanda Gaitán Torres, Comunicación Social y Periodismo

Isabel Zuleta ha dispuesto su vida para visibilizar las secuelas del megaproyecto Hidroituango sobre quienes hacen  su historia al lado del río Cauca.

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Todavía no había sido pronunciado el nombre de la organización, y el auditorio Luis Carlos Galán ya había estallado en aplausos. Isabel Cristina Zuleta, con una enorme sonrisa en su rostro, subió al escenario a recibir el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos 2018, otorgado a Ríos Vivos. Su cabello, castaño y frondoso, se mecía de un lado a otro, con tanta naturalidad y con tanta vitalidad como ella.


Pero de Isabel Zuleta lo indomable no es solo su cabello. Es una mujer que  lleva en su espalda una región cobijada por algo en común: un río.  Ella, una socióloga de 36 años, ha dispuesto su vida por una causa: dignificar la vida de ‘los cañoneros’ quienes hacen su historia al lado del río Cauca, en los distintos municipios de Antioquia: Ituango, Valdivia, Toledo, Briceño, Sabanalarga, Yarumal, Peque, Liborina, Nechí, Tarazá, Caucasia, Cáceres, San Andrés de Cuerquia, Buriticá, Santa Fe de Antioquia y Olaya. 16 regiones que representan su vida, su origen y su lucha.


Un líder social muchas veces no sabe cómo termina siéndolo. Después de nacer y crecer en Ituango, Isabel Cristina Zuleta se apropió de lo que algunos llaman ‘causas perdidas’. En medio de las montañas imponentes de Antioquia, esta mujer interesada por la historia y el conflicto armado hizo parte de organizaciones locales abogando por los derechos de las mujeres y luchando contra la violencia de género. Todo mientras era una estudiante de sociología, en la Universidad de Antioquia.


De la unión de mujeres interesadas que se reunían a debatir y a reflexionar sobre las problemáticas sociales nace Ríos Vivos: un movimiento de asociaciones base de las subregiones del occidente, norte y bajo cauca, en Antioquia; quienes son afectados por el megaproyecto Hidroituango. Sin embargo, no fue hasta la llamada de uno de sus profesores de la universidad, que las tertulias de cigarrillo y tinto se esfumaron. Y llegó el año o la acción en el 2008: Zuleta inició la conformación del colectivo Ríos Vivos y, con este, las reclamaciones por las irregularidades del megaproyecto Hidroituango en la región. De esta forma, Isabel Cristina organizó a las comunidades afectadas y, desde entonces, ha trabajado arduamente para visibilizar los impactos negativos que este ha generado.


“Cuando uno se para a ver el gran cañón siente la grandeza de la naturaleza, la imposibilidad de dominarla”, dice la ambientalista. Quienes conocen a Isabel saben que su labor no es nada fácil. “He recibido alrededor de 21 ataques”, cuenta Isabel con voz suave. Es explícita y contundente en el término “ataques”, pues no solo ha recibido amenazas. Isabel habla de un intento de secuestro o de desaparición forzada, de seguimientos, estigmatización por los medios y persecuciones con “el uso del derecho penal”.


Según Carlos Montoya, entonces coordinador de la línea conflicto, paz y posconflicto de la Fundación Paz y Reconciliación, los líderes están siendo amenazados conforme a su relación directa con los contextos en su territorio. De esta forma, pueden ser amenazados porque adelantan procesos desde la junta comunal, porque denuncian temas de minería ilegal o de cultivos de uso ilícito, porque abogan por los derechos de restitución de tierras o, como Isabel, por los derechos ambientales.


Pero así como los amenazan, los ríos se conectan. Claudia Julieta Duque es una de las mujeres que ha llegado a Isabel por una misma causa: la defensa de la vida. En el 2013,  Duque sintió que debía abogar por unos ambientalistas quienes habían sido detenidos arbitrariamente en Antioquia. Entre ellos estaba Zuleta. “Seguí la noticia con atención y, tras su liberación, la contacté para iniciar un trabajo periodístico que está en marcha desde entonces y aún no termina”, dice Claudia Julieta Duque, otra mujer y periodista que ha sufrido en carne propia los vejámenes de los intereses particulares.


La periodista es una de las pocas que cree en la legitimidad de Ríos Vivos —también porque sabe que los medios pueden ser cajas de resonancia en intereses institucionales—. Ella en una disputa pública con Andrés Villamizar, entonces director de la UNP (Unidad Nacional de Protección), logró que la UNP firmara un convenio con una ONG para realizar estudios de riesgo y talleres de protección colectiva a Ríos Vivos. “Fue allí cuando mi amistad con Isabel se fortaleció”, afirma Duque. La periodista concibe a Isabel como “una mujer admirable, fuerte, capaz y sensible, que a pesar de su juventud ha sabido llevar el peso de la enorme responsabilidad que implica representar a los afectados por Hidroituango”.


“La he visto igualmente preocupada por la emergencia, la presa, el desvío del río, las amenazas, los asesinatos; que por los dramas individuales de los miembros del movimiento, como el de la señora que durante la evacuación en Puerto Valdivia necesitaba una hierba especial que sólo crece a las orillas del Cauca”, continúa Duque. Pero Claudia Julieta no es la única que ha visto este ímpetu de Isabel. Milena Flórez, una amiga de Isabel, vocera regional en Ríos Vivos y barequera del Cañón, recuerda aquella noche—justo antes del desalojo de unas viviendas en Ituango—en la que hasta los niños se armaron con lápices en el refugio improvisado. En medio de la oscuridad, un joven de la organización se alejó un momento de la concentración, sin imaginarse que sería atacado por unos hombres. Sin embargo, logró escapar haciendo uso de su agilidad. “Gracias a Dios la que salió no fue Isabel”, dice Milena.


Ríos Vivos ha sufrido los golpes de aquellos que han querido acallar su voz y apagar su lucha. En el año 2010, en el puente de Chirí, EPM—Empresas Públicas de Medellín—ubicó una reja que le impedía a la comunidad pasar hasta la vereda, sin el debido permiso. La inconformidad los llevó a organizar un paro. “Una noche estábamos ahí y hubo una balacera, nosotros salimos corriendo para la iglesia”, cuenta Milena Flórez, quien describe a Isabel como una ‘fuerza’, como una mujer guerrera y luchadora: “si no fuera por ella, si Isabel no hubiera llegado al territorio, no sabríamos qué hubiera pasado con nosotros”.


Milena conoció a Isabel cuando ella apenas comenzaba a recorrer las regiones con la intención de hablar con las personas para informarlas de los efectos del megaproyecto. Hoy conforman la Asociación de Mujeres Defensoras del Agua y la Vida—Amarú— con la que alzan su voz para evidenciar el atropello del que han sido víctimas, también por la hidroeléctrica.


En Amarú desborda el arte y la creatividad, sobre todo si se trata de los ríos. Ellas diseñan y elaboran mochilas artesanales en las que los trazos y los dibujos acompañan mensajes como el que escribió Isabel Zuleta en una de sus redes sociales: “No todas las mujeres saben amar, algunas saben a río”. Y aunque es una forma de transmitir lo que sienten, la razón por la que han recurrido a fabricarlas es mucho más profunda. Cuando sus actividades diarias—como la pescadería, la agricultura y, principalmente, el barequeo—se vieron afectadas, tuvieron que recurrir a venderlas para poder obtener el sustento diario. El barequeo, cultura milenaria que consiste en la extracción de oro de las orillas de los ríos por medios artesanales, les permitía a las mujeres del Cañón tener un trabajo independiente. “La libertad de los ríos está asociada con la libertad de los quehaceres y con el respeto a las culturas ancestrales, como el barequeo”, afirma Isabel.


El trabajo de esta líder social no ha sido fácil. Ella guarda con recelo sus anécdotas, sus posiciones y comparte lo que debe compartir, pues los hechos la han obligado. Isabel ha tenido que presenciar cómo han ido apagando la vida de líderes que, como ella, han buscado que los ríos puedan circular con total libertad. Nombres como el de Nelson Giraldo, Luis Alberto Torres Montoya y Hugo Albeiro George Pérez han quedado grabados en su corazón, y en la memoria de todos los miembros de la familia Ríos Vivos.


Aunque nadie es profeta en su tierra, Isabel tiene quien la respalde: su familia de los ríos. Son ellos contra ‘el monstruo’, así llaman los Ríos Vivos al proyecto de EPM. No es en vano, pues como describen, ‘el monstruo’ les arrebató vidas, economía y su gran cultura cañonera. Para Ríos Vivos es crucial que el país pueda visibilizar los atropellos cometidos no solo contra ellos, sino contra la naturaleza que, como dice Isabel, se resiste a ser dominada.


Isabel Zuleta continúa luchando para que todos los miembros de Ríos Vivos y de su comunidad puedan sonreír como lo hizo ella, aquel día en el que recibió el premio al resultado del esfuerzo colectivo. En ese momento, cuando los aplausos cesaron, luego de sostener la distinción entre sus manos, Isabel se aproximó a los micrófonos y pronunció un discurso con un mensaje de vida, de agradecimiento y de libertad: “...el ser humano no puede habitar en el aire, y todavía no conocemos que sea posible ir a otro planeta. Necesitamos esta tierra y la necesitamos para todos, necesitamos el aire limpio, necesitamos las aguas libres y las aguas limpias;  no necesitamos megaproyectos que destruyan la vida”. Y aunque aquellas palabras salieron de su boca, no solo las pronunció Isabel. También habló la región que ella lleva consigo y todos aquellos que han perdido su cultura y que no se callarán por el ruido de las balas.

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