La política, no desde los hombres, sino desde sus ideas: Fabio Valencia Cossio

Juan Sebastián Navarrete, Comunicación Social y Periodismo

Habló de su vida y de lo que para él significa ser conservador en Colombia.

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Fabio Valencia Cossio, un hombre que, a pesar de albergar todo el poder que se puede tener en un partido político, como lo es el Centro Democrático en Colombia, a la hora de hablar no es más que otra persona del común. Humildad, solidaridad, inteligencia, carisma y honestidad son unos de los tantos adjetivos con los que se puede describir a este personaje. Un hombre que cordialmente abrió las puertas de su oficina, ubicada cerca al World Trade Center de la Calle 100 en la ciudad de Bogotá, habló de su vida y de lo que para él significa ser conservador en Colombia. Su lugar de trabajo va acorde con su forma de ser. A pesar de estar ubicado en uno de los mejores sectores de la capital, no está lleno de lujos y demuestra su sencillez y la seriedad de alguien tan influyente como lo es él para política colombiana.


Su rostro y sus canas demuestran la experiencia que ha de tener un personaje que a lo largo de su vida ha tenido varios cargos públicos e importantes como  presidente del Senado, ministro de Interior y Justicia, embajador, consejero presidencial y ministro delegatario en funciones presidenciales.

A lo largo de su extensa carrera política, Fabio Valencia ha estado relacionado con algunos de los nombres más importantes dentro de la historia política del país. Personajes como Misael Pastrana, Belisario Betancur, Andrés Pastrana, Juan Gómez Martínez y Luis Alfredo Ramos. Pero, entre todos estos, cabe resaltar un nombre que marcó un antes y un después en la política colombiana. Álvaro Uribe Vélez, presidente de la República entre el 2002 y 2010, personaje con el que tuvo confrontaciones y debates, pero, ante todo, una gran amistad al final, la cual ha perdurado desde su reencuentro político en 2008, tanto así que en su propia obra, O cambiamos o nos cambian, es el mismo expresidente quien realiza el prólogo. En su mandato ocupó los cargos más altos que tuvo durante su carrera.


- Fabio, es de conocerse la gran amistad que usted ha mantenido con el expresidente Álvaro Uribe, con quien se conoce desde la universidad. Teniendo en cuenta la gran influencia política y social que tiene el expresidente, ¿cómo ve el futuro político como líder del expresidente después de las acusaciones en su contra, que que tanto afectan su liderazgo?

- Realmente yo creo que el presidente Uribe está en este momento haciendo un gran esfuerzo por el país, es una persona que ha ocupado la Presidencia por dos periodos, que ha tenido todas las dignidades del país, lo que debería es ya estar descansando.

Sin embargo, él aceptó y es por solicitud que le hicimos muchos amigos de él y muchos ciudadanos en Colombia, encabezar una lista al Congreso y formar un partido. Como líder natural optó por asumir riesgos y oponerse a lo que está pasando en el país, que en este momento está en una crisis profunda porque el presidente Santos nos retrocedió diez años y estamos ante un inminente peligro de un cambio del sistema económico y político.


- ¿Cómo ve usted este país sin Álvaro Uribe?

- La política no se puede hacer sobre los hombres sino sobre sus ideas. Me parece que él ha dejado y está dejando un gran legado, no solamente ideológico, sino programático. Deja un partido muy sólido y en el momento en que él no esté, habrá logrado formar unos nuevos liderazgos y obviamente las ideas, su trabajo y su devenir como hombre histórico en el país, pues van a seguir siendo un referente para las nuevas generaciones.


- Fabio, una anécdota con el expresidente Uribe.

- Tengo muchas anécdotas con él, tanto en la universidad como después en la vida política en la que estuvimos en bandos diferentes: él, de un sector liberal progresista y yo, conservador progresista. Más o menos iniciamos el proceso político paralelos, nos juntamos en algunas decisiones políticas regionales en el momento y, por eso, son muchas anécdotas para contar.

Desde corta edad, Valencia empezó a trabajar en política, tanto así que ya hacia sus 22 años estaba colaborando en la campaña presidencial del conservador Misael Pastrana Borrero. El conservatismo es la ideología que ha defendido desde la universidad y a lo largo de su carrera, y que además lo define como político, estando así en varios partidos hasta llegar incluso a crear el suyo, aquél que se llamó “Movimiento Progresista del Coraje".


- Usted se confiesa conservador desde los 16 años. ¿Qué considera que es ser un conservador?

- Bueno, yo he sido un conservador progresista. Inclusive, mi movimiento político se llamó Movimiento Progresista del Coraje, y yo nací en el conservatismo progresista de Jota Emilio Valderrama.


Yo concibo el conservatismo como una ideología que defiende los valores de la familia, los valores de la vida, de la libertad y los valores esenciales de nuestra cultura y de nuestra nacionalidad. De manera que ser conservador no es ser estático sino estar frente a la defensa de los valores fundamentales de la nacionalidad, obviamente, renovándose y buscando siempre lo mejor para los ciudadanos.


- Teniendo en cuenta que vivimos en un país tan polarizado, es necesario saber sobre la contraparte de lo que hablábamos. ¿Qué es para usted la izquierda hoy en día en nuestro país?

- Pues mire, yo creo que la izquierda ha venido mutando, ha venido cambiando desde las épocas que me tocaron a mí en la universidad, de movimientos como el MOIR (Movimiento Obrero Independiente Revolucionario) o como la JUCO (Juventud Comunista Colombiana). Todos ellos realmente terminaron como guerrillas. La ideología ha mutado, pero se ha mantenido la esencia de lo que ha sido la izquierda internacional. La izquierda en Colombia es lo que estamos viendo en países como Venezuela, Nicaragua y Cuba y esa es, para mí, una izquierda fracasada.


- En Colombia uno de los principales problemas es la corrupción que existe en las diferentes instituciones. En su libro 'O cambiamos o nos cambian', usted dijo: “no hay crisis en las instituciones sino en la gente que está en ellas”. ¿Acaso las instituciones no las hacen las personas?

- Yo reafirmo eso. Lo malo no son las instituciones sino quienes las representan; lo malo no es el Congreso, sino que haya malos congresistas; lo malo no es la institución de la Presidencia, sino que haya un mal presidente; lo malo no es la justicia, sino que los magistrados sean inferiores al deber y a la responsabilidad de aplicar correctamente la justicia.


Entonces, la institución es fuerte, la institución de la democracia. La democracia es buena, pero si los hombres que la practican la hacen mal, la hacen perversa, pues la institución no es la mala, sino el que la ejecuta. De manera que el problema no es de las instituciones, sino de quienes las representan y, por eso, yo creo en el sistema democrático, creo en la libertad, pero también creo que es importante hacer una serie de cambios fundamentales para combatir la corrupción, para hacer que quienes asuman las responsabilidades lo hagan pensando en el bien común y en las mejores condiciones para el desarrollo del país.  De manera que sí, las instituciones son buenas, pero lamentablemente cuando los hombres no las interpretan bien, las hacen ver negativas, pero no es la institución, es el hombre que la ejecuta.

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