La vida de un misionero moderno: servicio y aventura

María Alejandra Pérez Mora, estudiante de #ComSocial y Periodismo

Una nueva cultura evangelista florece en el mundo contemporáneo. Entre los más de 600 millones de fieles en América Latina, los misioneros en Colombia también se reinventan para continuar con su propósito.

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La vida de un misionero moderno: servicio y aventura
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Yubeli María Pérez Rivas

Gracias al Movimiento Evangélico, que nació en el siglo XVIII, una nueva cultura evangelista florece en el mundo contemporáneo. Entre los más de 600 millones de fieles en América Latina, los misioneros en Colombia también se reinventan para continuar con su propósito.


Yubeli María Pérez Rivas, misionera cristiana paisa de 38 años, cuenta que cuando llegó a Burkina Faso, en África, lo hizo para ser parte de un equipo intercultural de misioneros. Trabajó al norte del país hasta que empezaron los problemas de seguridad: asesinatos, secuestros y ataques terroristas, tanto a la población local como a las misiones. Los grupos extremistas desplazaron a la población. Y muchos de los extranjeros que trabajaban allí en distintas misiones de evangelización volvieron a sus países de origen, o se fueron a otros campos. Pero Yubeli Pérez decidió quedarse. Se trasladó a un centro de niños y jóvenes discapacitados, dirigiendo la evangelización y los estudios  bíblicos. Fue testigo del secuestro y del asesinato de dos miembros de la comunidad. Sin embargo, su llamado fue más fuerte que la incertidumbre o el miedo. En la actualidad, no hay otros misioneros con ella.


La vida de esta misionera antioqueña ha sido una travesía entre la gracia y el llanto, el amor por el servicio y el dolor que, asegura, también le causa su trabajo. En mayo del 2012, aterrizó en Burkina Faso para ser directora del Internado del Centro, una institución donde tenía más de 200 niños a su cuidado. Su llegada a África fue el resultado de una visión que se convirtió en su llamado: “Hubo tiempos de oración en los que le pedí a Dios que me usara al servicio de otros. Un día, en el momento de la alabanza, con los ojos cerrados, las manos extendidas y mientras sonaban los cánticos en el Instituto Cristo para las Naciones en Medellín, una imagen vino a mi mente: vi una bandera de un país desconocido, roja y verde, con una estrella amarilla en el centro. La busqué en internet, y esa fue la primera vez que oí el nombre de Burkina Faso. Empecé a estudiar francés como un acto de fe y a buscar contactos por internet para poder llegar a ese país al que Dios me estaba llamando. Un año y medio después, estaba pisando el continente africano”.


Yubeli María Pérez es una entre los más de 600 millones de fieles en América Latina, según el Pew Research Center. Los misioneros modernos anuncian al hombre que derramó su sangre en la cruz por la humanidad y que, por amor y cumplimiento a las profecías bíblicas, trajo salvación y redención del pecado: Jesús.  Como resultado, ponen su fe al servicio de los más necesitados. Este modelo de predicación nace en el siglo XVIII como parte del resurgir del Movimiento Evangélico que se oponía a la vinculación de la iglesia con el poder político y a las doctrinas no bíblicas de excomunión y castigos severos a pecadores que imperaban en la Edad Media. Esta visión la impulsaron misioneros como Jonathan Edwards, George Whitefield, John Welsey y William Carrey desde 1723 hasta 1900. Con ellos comenzó la revitalización misionera, lo que hoy se conoce como las misiones modernas. Y hoy este renovado Movimiento Evangélico hace presencia en América, Europa, Asia, India y África y crece cada día, aun cuando parece que nuestro mundo es cada vez más laico.


En efecto, según Chirstianity Today, el número de misioneros modernos no ha dejado de aumentar desde 1972. En ese momento se registraban cerca de 3.400 misioneros alrededor del mundo. Para 1992, había al menos 48.000 y hoy son más de 300.000 personas al servicio de la prédica de las enseñanzas de Jesús, lo que se conoce como la Buena Noticia.



Misiones modernas y conexiones con otras organizaciones


Yubeli Pérez explica que, cuando hablamos de misión, se trata de la asignación de un trabajo concreto y en un lugar específico: “Somos enviados por una organización o una comunidad religiosa determinada. Pero todas tenemos en común que son misiones cristocéntricas, basadas en la bondad, el favor de Jesús y la voluntad de servicio”. Pérez pertenece a Cristo para las Naciones, una institución formadora por misioneros protestantes que trabajan en colaboración con fundaciones como Ciudad Refugio, Fundación Salva, Brazos Abiertos y Casa de Libertad, entre otras. “Nos vinculamos con fundaciones para trabajar con las personas. Gracias a esto hemos llegado a muchos lugares. Hemos llevado tanques de agua a Barú, Armenia y Amazonas en Colombia, a Perú, Brasil, Ecuador, México, Alemania, Italia y distintas zonas de África. Hemos ayudando en situaciones de extrema pobreza, predicando la palabra de Dios y vinculando a las personas con iglesias o institutos que pueden ayudarlos y discipularlos, si así lo desean”, explica Sandra Castaño, directora de comunicaciones y parte del equipo de formación juvenil de Cristo para las Naciones.


Desde Colombia, las misiones evangélicas son enviadas por iglesias, así como por fundaciones y organizaciones no gubernamentales que trabajan con un objetivo común: la expansión de la Buena Noticia. El apoyo entre ellas es constante y por su trabajo destacan Manos Unidas, El Minuto de Dios y Fundación Proclade, entre otras, todas abocadas al servicio de los vulnerables.


Los Misioneros de Yarumal es otra de estas instituciones. El padre misionero Hernán Pinilla fue uno de los pioneros de las misiones de esta institución entre 1990 y 1995. Desde entonces, no ha cesado su trabajo y su vocación lo llevó primero al continente asiático –a Camboya, Filipinas, Tailandia– y luego por América Latina. Su labor ha conseguido vincular su institución con los misioneros de México, los misioneros de Guadalupe y los misioneros de Quebec, Perú y Camboya.


Pinilla conoce y ha sido testigo de la modernización de las misiones. “La Iglesia ha cambiado con el tiempo. Durante la Conquista y la Colonia, había un celo apasionado por anunciar el Evangelio, y se hacía incluso a la fuerza, casi violentamente. Hoy, anunciar la Buena Noticia se hace como una propuesta de libre elección para los fieles y de una manera dialogante”, explica. Los Misioneros de Yarumal trabajan con culturas y religiones diversas. Entran en un diálogo con las comunidades y hacen una propuesta libre del Evangelio, para que, quienes lo deseen, se sumen a la fe de Cristo y, a quienes no, el instituto los continúa apoyando desde la educación y el servicio social.



Difundir el Evangelio en un mundo más laico



Por otra parte, un mundo en el que muchas ideologías contemporáneas se alejan de la doctrina del evangelio, y los jóvenes y adultos  se declaran agnósticos y ateos –6,3% de la población colombiana, según cifras de World Vision implica nuevos retos para la iglesia. Según cuenta el pastor Andrés Fajardo, de la Iglesia El Lugar de Su Presencia en Bogotá, uno de los principales desafíos es encontrar personas que estén dispuestas a seguir a Cristo por encima de la satisfacción personal. Además, se trata de no crear un asistencialismo dependiente, sino más bien un proceso de formación que capacite a las personas en estado de vulnerabilidad para su formación integral y espiritual. “Un proyecto que solo dé ayuda social no va a cambiar la vida de la gente; simplemente le va a calmar el hambre por días o semanas. Pero si eso lo acompañamos de algo que sí le pueda transformar su vida y su manera de pensar será un verdadero cambio para ellos y las siguientes generaciones”, explica el pastor de jóvenes. Hoy, El Lugar de Su Presencia tiene convenio con el Banco de Alimentos para llevar biblias y comida a zonas marginadas de Colombia y está vinculad con proyectos como Recupera tu Silla, Todos Comemos y Gestión del Adulto Mayor, entre otros.


Asimismo, el padre misionero Salvador Medina, del Instituto Misionero de la Consolata en Colombia, explica que el Evangelio y la Fe equivalen a la vinculación de la iglesia con temas globales que están conectados para la predicación:la justicia, la paz, la defensa de los derechos humanos y la ecología se unen con el Evangelio. Por eso, el Reino de Dios es una sociedad más fraterna y justa. El Evangelio es la relación de la ética y la espiritualidad”. Este instituto cuenta con 1500 misioneros, congregaciones en 28 países de Europa, África, Asia y América, y en Colombia están ubicados en 13 municipios.



La vinculación al proceso misionero



En la actualidad, la prédica se encamina a quién y cómo actuó Cristo; forjando, de este modo, un legado generacional que procura enseñar a través del ejemplo de vida. Con esta motivación, los institutos misioneros brindan con capacitaciones grupales e individuales a quienes quieren comenzar el proceso de misiones. Estos procesos comienzan en las páginas web de estas instituciones, por medio de las redes sociales, por vía telefónica o desde los miembros de distintas instituciones evangélicas. Tras el proceso formativo, los interesados pueden servir como laicos o creyentes, de acuerdo con la motivación y preparación que reciban en la organización misionera. “El discipulado misionero es el aprendizaje que el joven recibe cuando va a misionar con nosotros. Allí tiene un acercamiento no a las prácticas religiosas sino a la persona de Jesús. Y, desde allí, sea laico o creyente, pone su profesión al servicio de la misión”, explica Francisco Martínez, misionero y formador de Juventudes Misioneras en el Instituto de los Misioneros de la Consolata.


Así, el movimiento misionero moderno rompe barreras territoriales, estigmas culturales y derrumba paradigmas raciales e idiomáticos. No obstante, como explica Yubeli Pérez, atender al llamado misionero requiere de gran fuerza del espíritu para no flaquear en momentos de dificultad: “Te enfrentas a tiempos de soledad muy profundos y te adaptas a hacer cosas nuevas. Pero la fortaleza que viene a través de la firmeza del carácter te impulsa a predicar esa fe para otras generaciones. Y esa esperanza llega por la palabra de Dios”. Actualmente, esta  colombiana dirige con orgullo el centro de talentos y acompañamiento espiritual a jóvenes y niños africanos, Casa Esperanza. Y con amor fraterno, perseverancia y bondad es referente entre muchos misioneros; tantos que, como ella, son inspirados en la figura de Cristo y movidos por la voluntad de servicio para impactar al mundo.


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