Lo que no la mata, la motiva

Juan Esteban Castro Acosta, estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Jennifer Pedraza, candidata a la Cámara de Representantes, negoció con el Gobierno la asignación de 4,5 billones a la educación pública, en 2018. Recibió amenazas, pero quiere quedarse en Colombia para luchar por sus ideas.

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Lo que no la mata, la motiva
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Sharon Dayan Cortés Martínez, Comunicación Social y Periodismo

Desde el 2017, Jennifer Pedraza ha estado liderando movilizaciones sociales



La candidata a la Cámara de Representantes estudió Economía en la Universidad Nacional. Negoció en el 2018 con el Gobierno la asignación de 4,5 billones a la educación pública. Fue amenazada, pero quiere quedarse en Colombia para luchar por sus ideas.


Los jóvenes marchaban y exigían al Estado una mayor asignación de recursos para la educación pública en Colombia. Las protestas empezaron en octubre y duraron alrededor de 2 meses y 6 días. Acordaron salir regularmente los jueves de cada semana y reclamarle al presidente Iván Duque y a su gabinete mayor atención a la infraestructura, cobertura y calidad en los colegios y universidades públicas del país. Finalmente, luego de una negociación entre el Comité Nacional del Paro y el Gobierno Nacional, a mediados de diciembre de 2018, se acordó la distribución de 4,5 billones para este sector.


Una de las estudiantes que lideraba las marchas, y hacía parte del comité y Consejo Superior de la universidad pública más importante de Colombia, la Universidad Nacional, se dirigió el 10 de octubre del mismo año, en medio de las manifestaciones, al Capitolio Nacional, sede del Congreso de la República. Una obra inaugurada en 1926 y ubicada en el costado sur de la Plaza de Bolívar, en el centro histórico de Bogotá.  Cuando la joven llegó a esta imponente infraestructura, le comentaron que no podría entrar al recinto porque aún no había quórum en la plenaria del Senado, un hecho que ocurre usualmente en este órgano legislativo. Por lo tanto, tuvo que esperar 6 horas en las mismas escaleras donde fue asesinado, 104 años antes, el abogado y militar liberal Rafael Uribe Uribe.


Cuando por fin pudo entrar y comenzar su discurso para exigir mayor financiamiento a la educación, no le dejaron presentar unas diapositivas que traía preparadas y fue interrumpida en la mitad de su intervención por el entonces presidente del Congreso, Ernesto Macías, quien le dijo de una forma algo despectiva: “Le quedan 30 segundos, niña”. Desde ese momento, Jennifer Pedraza no solo quiso seguir luchando por sus derechos, sino defender y representar a los bogotanos en el Congreso. Parece que cuando alguien la menosprecia, lo tomara como un reto.


Diana Munar, una joven politóloga y seguidora de Jennifer, conoce cómo fue el proceso de Pedraza desde que empezaron la universidad y dice que “es muy difícil abrirse un espacio en la política. (…) no es común que las mujeres pongan una voz pública y es lugar que le cuesta mucho más que a un hombre”.


—¿Por qué las personas deberían escoger a Jennifer como Representante a la Cámara por Bogotá?


—Hay dos aspectos fundamentales-responde Diana-. Primero, es inusual encontrar mujeres jóvenes haciendo política y hay que darles una oportunidad a las nuevas generaciones,además que Jennifer también tiene una formación académica y social con su lucha en las movilizaciones. Segundo, por su trayectoria política. Ella ha estado representando a los estudiantes en distintos escenarios de la Universidad Nacional y luego en el paro nacional. Su voz debe ser relevante en el Congreso.


Jennifer nació en Bucaramanga, una ciudad perteneciente al departamento de Santander. Tiene 25 años y desde los 15 se mudó sola a Bogotá, un sitio que habitaban más de 7 millones de personas en 2012, pero que tratan de tener cierta distancia unas con otras. Es un lugar frío y mantiene un ritmo de vida más acelerado al que estaba acostumbrada. Todo lo hizo para aprovechar el regalo de sus padres, su educación. Pasó el examen de admisión que solicita la Universidad Nacional a todos sus alumnos y entró a estudiar Economía. No ha perdido la inocencia en su rostro desde entonces. Tiene ojos rasgados, que se cierran prácticamente cuando sonríe, pero una mirada radiante y despierta escondida detrás de unas gafas grandes de marco negro y una frente amplia y lisa. Mantiene el mismo corte desde que entró a la Universidad, solo deja que su cabello negro le llegue hasta sus hombros. Mide apenas 1,54 centímetros, aunque su voz firme y sonora emite en quienes la escuchan un sentido de respeto, valor que respalda en cualquier situación y que ha resaltado en su candidatura para la Cámara de Representantes o Cámara baja del Congreso.


No obstante, hay estudiantes que no tienen el mismo concepto sobre Pedraza. Zai Niño, trabajadora social y egresada de la Universidad Nacional, piensa que “en la institución hay una crisis de representatividad. Pasamos de tener unos líderes estudiantiles muy cercanos a los alumnos, a contar con unos que solamente estaban en función de su grupo político”.


—¿Por qué crees que Jennifer Pedraza no representa a los estudiantes?


Porque cuando ella se convirtió en líder estudiantil, no hacía, precisamente, reuniones con los otros alumnos- dice Zai-. Nunca vas a ver a Jennifer convocando una asamblea con otros jóvenes, como se hacía antiguamente en la Universidad. Ella asumió una vocería de los estudiantes cuando estuvo, por ejemplo, en el Comité Nacional del Paro, sin preguntarle nada a las bases. (…) Además, algo que me motivó a criticarla fue un episodio bochornoso que ella protagonizó en febrero de 2020, cuando se fue a los golpes con otra joven frente al teatro Jorge Eliecer Gaitán.  Esto hizo que tanto su nombre, como la identidad de la Universidad quedaran manchados y desde ahí supe que ella no merecía ser nuestra portavoz.


Por lo anterior, Pedraza manifestó que efectivamente ocurrió este evento. Pero desde su versión afirma que “una chica me quería pegar ese día, aunque yo no quise buscar ningún bonche (pelea)”.


Luego de terminar las negociaciones con el Gobierno, creyó que su aparición en los medios y el reconocimiento público habían terminado, pero no fue así. Algunas páginas de internet empezaron a difundir noticias falsas sobre Jennifer, como que supuestamente era la esposa de Rodrigo Londoño, un exguerrillero que ejerció como último comandante  de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, conocido con el alias de “Timochenko”, o que también había recibido dinero del Estado para que se callara y aceptara los acuerdos en la negociación durante el paro. Entonces, para algunos era una guerrillera y para otros una vendida.Esto provocó una serie de amenazas en contra de su integridad.


—¿Alguna vez pensaste en irte de la ciudad o del país después de recibir estas amenazas?


—No, no quiero-expresó la joven santandereana-. […] no me gustaría cederle ese terreno a los violentos. El lugar político que el movimiento estudiantil se ha ganado fue algo que nos ha costado mucho. No quiero darles nuestro espacio y participación pública como victoria.


La Unidad Nacional de Protección, una entidad adscrita al Ministerio del Interior, tuvo que brindarle un esquema de seguridad, de 2019 a 2020, en caso de que fuera víctima de algún atentado. En una ocasión la llamaron porque había llegado un cedéa la facultad de Ciencias Económicas de su Universidad, en el cual se encontraba un audio donde la acusaban de haber vendido el paro estudiantil y diciendo que así tuviera escoltas que la protegieran, no se iba a salvar de “seis pepazos (o disparos) en la cabeza”. Nunca supo de donde provenía el audio, dijo que: “La Fiscalía un día me llamó para decirme que habían rastreado un celular […] pero yo les dije que ese era mi número. No hay eficiencia en esa entidad”.


También le tocó salir huyendo de la Universidad del Valle cuando algunos encapuchados arrojaron explosivos cerca de Jennifer y una amiga con la que se encontraba. Incluso, en 2021 fue obligada a mudarse de vivienda, luego de que alguien en redes sociales publicara su dirección residencial. Sin embargo, estos sucesos no desvanecieron su intención de participar en política. Se convirtieron en un incentivo.


Alejandro Ballesteros, uno de sus amigos más cercanos y consejero local de Bogotá, describe a Jennifer como “una luchadora, que nace del movimiento social, […] y que tiene una convicción política clara de querer transformar a Colombia”. Tanto así que decidió acompañarla en su campaña política, luego de que ella escogiera afiliarse al partido político de centroizquierda Dignidad, liderado por el exsenador y candidato presidencial Jorge Enrique Robledo. Colectividad creada en 2021, que aún no cuenta con ninguna curul en el Congreso, pero hace parte de la coalición Centro Esperanza, conformada por los partidos Nuevo Liberalismo, Alianza Social Independiente, Colombia Renaciente y Verde Oxigeno y los movimientos políticos: Compromiso Ciudadano, En Marcha y Colombia Tiene Futuro. Tanto Pedraza como Ballesteros hacen referencia, casi con un discurso grabado, que Dignidad es un proyecto político que junta distintos sectores de la sociedad y recoge las reivindicaciones del agro, de la industria de los estudiantes, de los ambientalistas, entre otros. Pero sobre todo que permite materializar sus ideas y convertirlas de carácter nacional.


—¿Conoces algo sobre las amenazas que recibió Jennifer?


—Sí, esto es de las consecuencias más graves de hacer política en Colombia- cuenta Alejandro-. Se vuelven una herramienta de intimidación para aquellos que no piensan como nosotros. Claro que estos actos incomodan un montón, pero nos dan mucha más fuerza para seguir llevando nuestras ideas a la gente y no impedirá que sigamos construyendo nuestra línea política.


En los primeros meses de 2022, Pedraza ha estado entregando volantes en las calles, desde la localidad de Ciudad Bolívar, ubicada en el sur de Bogotá, hasta la localidad de Usaquén, en la parte septentrional. También ha asistido a todos los debates organizados en diferentes universidades y plataformas de redes sociales como TikTok o Instagram. Siempre hace énfasis en dos propuestas, la primera es reformar los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992 porque, según ella, les congelaron el presupuesto a las universidades públicas y, la segunda, es modificar la Ley 1005 que rige al ICETEX, entidad del Estado que otorga créditos a estudiantes universitarios, para que deje de cobrar intereses sobre los intereses, consecuencia de los préstamos que le pidió al Banco Mundial.


En cada evento político que tiene, va acompañada de varios jóvenes que se ofrecieron como voluntarios para su campaña, una chaqueta morada con los logos de su partido político y unas pastillas de marca Strepsils para aliviar el dolor de garganta. Manifestó que lo más difícil de la campaña ha sido dejar de compartir tiempo con su perra Bianca, que adoptó hace dos años. Aunque tenga ojeras y gotas de sudor en la frente, dijo que no está cansada y va a seguir luchando por los derechos de los jóvenes y no tan jóvenes, incluso con los que tiene diferencias y le siguen deseando la muerte. No se asusta fácilmente. Aunque sepa que esté en peligro, no quiere perder la oportunidad de transformar a Colombia.

Lo que no la mata, la motiva
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