Nombre, ¡qué problema! 

María Paula Montoya, Comunicación Social y Periodismo

Es difícil creer que su nombre, parte de su identidad, le pueda generar tantos contratiempos, pero sucede, incluso, que puede llevarlo a pagar los platos rotos de alguien más.

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Nombre, ¡qué problema! 
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Imagine usted que su nombre, ese que lo hace sentir único, que quizás sus padres o familiares escogieron con tanta ilusión, le genere problemas, y no aquellos de "pusieron mal mi nombre en el café o en el documento" o de "lo repetí varias veces y no entendió", sino unos mucho más serios.

De aquellos que hacen que las autoridades lo vean como un delincuente.


Ese es el caso de Luis Felipe Vertel Urango, un campesino cordobés que pasó 6 años en la cárcel Las Mercedes, de Montería, por los delitos del paramilitar Luis Gonzaga Bertel Durango. Este último, el delincuente real, hacía parte de las AUC y fue uno de los perpetradores de la masacre de la Familia Padilla, en la que fueron asesinadas 11 personas entre 1994 y 1997 en los departamentos de Córdoba y Antioquia.


Por la falta de una investigación minuciosa, pues había tres diferencias marcadas en los nombres: Luis Felipe fue condenado en 2007 a 40 años por homicidio agravado, concierto para delinquir y hurto calificado y agravado. De esa condena se vino a enterar hasta el 2015 cuando fue capturado por las autoridades y alegó durante seis años no ser responsable de ella, hasta que, por fin, a principios de este año, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia ordenó su libertad inmediata.


Vertel Urango, con V y sin D, volvió a su hogar, con 6 años perdidos y sin haber podido despedir a su madre, quien murió mientras él cumplía la condena del señor Bertel Durango, con B y D.


Y aunque este es el más grave actualmente, se podría decir que en un país como el nuestro nadie está exento de vivir la homonimia. Según la Registraduría Civil, en 2019 había 578.106 homónimos. Entre ellos, Lorena Henao (Montoya), nombre que tenía la conocida Viuda de la Mafia, temida por su actuar en el Cartel del Norte del Valle, la única mujer en formar parte del clan de los Henao.


En Cali, hay otra mujer llamada Lorena Henao (Loaiza) que, a diferencia de su homónima, trabaja a diario por representar al país por medio de la salsa, pues es la presidenta de Amigos del Son, una de las asociaciones de melómanos más antiguas de Cali, con una trayectoria de más de 25 años. En muchas ocasiones Lorena ha vivido momentos incómodos por su nombre, desde ser parada en un retén hasta ser acusada de deudas que ella no adquirió.


De igual modo, en 2005, un hombre llamado Jorge Enrique Briceño fue arrestado por la Fiscalía General de la Nación por una orden de captura que estaba dirigida a Víctor Julio Suárez Rojas, jefe Militar de las FARC, quien utilizaba ese mismo nombre como alias, junto con otro y por el que es más reconocido: “Mono Jojoy”.


La lista de casos puede ser larga y quizá entre las casi 125.000 personas privadas de la libertad habrá alguna que está pagando por los crímenes del tocayo.


Pero ser privado de la libertad no es el único riesgo de compartir nombre con un delincuente, también puede generarle problemas migratorios, como la negación de visas o ser llevado, al mejor estilo Alerta Aeropuerto, a salas de interrogación, pues su nombre coincide con el de alguien que es buscado.


Esto último le sucedió a Juliana Galvis en un viaje del colegio cuando tenía menos de 15 años. Ella viajaba de Bogotá a Orlando y en el aeropuerto de la ciudad norteamericana fue fichada por los agentes y llevada a una sala aparte para hacer una revisión más exhaustiva de su equipaje. La situación no pasó a mayores, pero la experiencia le quedará como anécdota.


Otro caso de homónimos relacionado con un famoso delincuente es el que han vivido, no uno, sino dos hombres que tienen el mismo nombre que el jefe del cartel de Medellín. Sí señor, hay dos hombres más que se llaman Pablo Escobar, pero de parecidos al conocido capo no tienen nada. Uno es paisa, se llama Pablo Emilio Escobar, se gana la vida vendiendo arepas en un puesto en Bogotá, nació cuando apenas Escobar (el malo) empezaba su carrera criminal. El otro hombre es un historiador caleño llamado Pablo César Escobar López. Ambos sufrieron pequeños inconvenientes con las autoridades quienes al escuchar aquel primer nombre y apellido reaccionaban, casi que preparándose para el operativo de sus vidas, mientras que estos hombres que ni siquiera tenían una edad parecida a la de "el patrón del mal" los observaban al principio con sorpresa y a medida que sucedían con más frecuencia con risa o fastidio.


Desde los documentos de identidad, pasando por las huellas dactilares, el ADN e incluso la identificación facial, la tecnología ha avanzado hasta el punto de que lograr verificar si quien tenemos al frente es realmente la persona que dice ser no es una misión imposible. Por eso, resulta increíble que casos como los mencionados se presenten y, peor aún, que en muchas ocasiones ni siquiera se solucionen fácilmente con las herramientas ya mencionadas y las personas pierdan tiempo de su vida por la falta de un proceso investigación e identificación adecuada, profunda y minuciosa. Pues si la Fiscalía y los investigadores lo hubieran hecho adecuadamente, por ejemplo, Luis Vertel nunca hubiera llegado a la cárcel, no solo por las claras diferencias entre los nombres sino también porque las edades no coincidían y las de sus hijos tampoco, cabe aclarar que el hijo de Bertel Durango estuvo presente en las masacres mientras el de Vertel Urango apenas estaba de brazos.


Sería importante, entonces, considerar que si todas las herramientas existentes no son suficientes, debería haber una forma fácil y accesible no solo de saber si uno tiene un tocayo en las listas de buscados, sino quizá, como sucede en Perú, tener la oportunidad de obtener un certificado de homonimia para personas naturales, expedido por la Registraduría Nacional.


Hoy Luis Felipe Vertel está de vuelta en casa, en un mundo quizás completamente diferente al que tenía antes sus ojos cuando fue encarcelado. Con un niño que ya camina, un sinsabor con la justicia y el gobierno y una única petición de que se limpie su nombre.

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