Pandemia digital

Alejandra Pérez, Comunicación Social y Periodismo

El covid-19 ha dejado miles de muertos y más de 12 millones de enfermos en el mundo. Estados Unidos encabeza la lista de los países con más contagiados y Colombia se acerca a la fase más peligrosa.  

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Los rayos del sol cruzan entre las cortinas del cuarto, se escucha el canto de los pajaritos anunciado la mañana. No hay carros ni personas afuera, todo se ha detenido. El ajetreo constante y el ruido de las calles desapareció de un momento a otro. Incluso, algunos animales se pasean tranquilos entre los callejones de las casas y las vías principales. El planeta parece estar cansado de la humanidad e intenta darle un respiro a la explotación constante a la que se enfrenta día a día.

Sin embargo, dentro de los hogares la vida continúa. Las clases virtuales y el teletrabajo han sido el diario vivir de los colombianos, pues estamos enfrentando algo completamente nuevo para nuestras generaciones. Es la primera pandemia en una era digital. El covid-19, como lo ha bautizado la Organización Mundial de la Salud, o coronavirus, conocido así mundialmente, es un virus originario de la ciudad de Wuhan, China, que en poco más de siete meses se ha esparcido con gran velocidad en diferentes países y, hasta la fecha de publicación de esta nota, ha dejado 550.440 muertos y 12.081.232 enfermos a nivel mundial.


En Colombia, tenemos más de tres meses de cuarentena y, para muchos, el encierro ha sido como un castigo. Pasan los días y la rutina siempre es la misma: desayuno, trabajo, almuerzo, trabajo, cena y a dormir. Al día siguiente, lo único que cambia es la comida. “No me gusta estar encerrada, siento que me dan ganas de llorar. Extraño mi trabajo, mis compañeros, estar en la calle. Se le hace a uno el día eterno”, afirma Elsa Alfonso, una mujer de 65 años, que está acostumbrada a salir de casa desde las 5:30 de la mañana.


Distracciones


Hacía ya casi un mes que Elsa había renunciado a su trabajo (dos semanas antes de la cuarentena) y su rutina había cambiado drásticamente, pero cuando quería salir lo hacía sin ningún problema, sacaba al perro, caminaba por los parques de Cajicá y, cuando se aburría, volvía al apartamento a hacer un tinto. Ahora, las horas del día parecen eternas.


Ir de la cocina al cuarto se ha convertido en su nueva rutina, ver cómo se esconde el sol a través de las montañas es lo único cambiante en el ambiente. Salir, una de las actividades a las que ya estaba acostumbrada, es ahora su mayor enemigo, pues, pese a que Colombia había ingresado en fase de supresión, ha sido evidente cómo la curva de contagios ha empezado a subir tras la apertura de ciertos sectores económicos en el país.


Sentarse en el borde del sofá, viendo por la ventana con el tinto en la mano, es lo único que no ha cambiado y, desde que comenzó la cuarentena, se ha convertido en la nueva estrategia de distracción para Elsa en estos días difíciles. Sin embargo, cuando su hija, Claudia, y su nieta, Alejandra, terminan su trabajo, se reúnen a compartir en familia.


Aunque parezca loco, la familia Suárez hace mucho más ejercicio que antes, dice Claudia. “Prendemos el televisor, nos conectamos por videollamada con nuestros familiares, colocamos un video de ejercicios en casa y comenzamos a seguirlo. A veces es chistoso, porque uno está saltando y el otro hace algo completamente diferente y se supondría que todos estamos haciendo lo mismo”, afirma Alejandra.


Aun cuando la actividad física no falta, las pequeñas risas durante el entrenamiento ayudan a distraer la mente. Cuando terminan la rutina, Alejandra y algunos de sus familiares, juegan stop a través de las pantallas y pasan el tiempo en familia, conectados desde la distancia.


Tecnologías


“Esta ha sido la oportunidad para escribirme con los que están lejos. Ha fortalecido esos lazos de amistad y lo ha vuelto a uno más compasivo con las personas que no tienen los mismos recursos”, asegura Claudia. “Tal vez, que esta pandemia haya ocurrido en una época altamente tecnológica, nos ha hecho valorar más las simplezas de la vida: ir a estudiar o a trabajar, sentir la lluvia sobre nuestro rostro, o un simple abrazo de un amigo, son algunas de las cosas que extrañamos”, dice Alejandra.


La pandemia nos ha cambiado la vida, nos ha dado un pequeño respiro de la ajetreada rutina que tenemos día a día. Sin embargo, vivimos en una época consumista y el sistema no nos permite parar, por lo que aun estando encerrados debemos continuar con nuestras responsabilidades.


Claudia, desde que se levanta está en frente del computador y, entre reuniones y gráficos de Excel, pasa el día ante sus ojos. Alejandra tiene el horario un poco más flexible. Las clases son virtuales y estar en la casa hace que pueda organizar mejor su tiempo, pero, como ella afirma, la pereza, algunas veces, gana la batalla ante los trabajos, la tentación de la cama, Netflix o las redes sociales resultan siendo su enemigo. No obstante, para Elsa la tecnología ha sido de gran ayuda para matar el tiempo y conectarse con sus seres queridos.


Beneficios


Pese a que el cambio ha sido difícil, no todo es tan malo como parece. La cuarentena ha permitido un espacio de introspección y reflexión. Estábamos tan acostumbrados a estar rodeados de ruidos, estrés, cansancio, y no sólo los seres humanos, sino los animales también.  Los roles han cambiado. Ya no son los animales los que están encerrados, de hecho, son ellos los que ahora deciden salir a conocer la civilización, los ríos y mares están recuperando su esencia y el aire se purifica.

Para varias personas, esta situación ha permitido encontrarse con esa parte “humana”. Aquellos que viven del día a día son los que más afectados se han visto, pero gracias a la solidaridad de algunos, se hallaron soluciones para no dejarlos de lado. “La industria, incluso algunos ciudadanos particulares, se ha volcado a dar recursos para aliviar en algo esta emergencia”, afirma Claudia.  De hecho, “el simple acto de guardar la cuarentena es un gesto de empatía y protección hacia los que nos rodean”, afirma.

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