Préstamo para toda la vida

Stephania Nieto Rujana, Comunicación Social y Periodismo

El Icetex tiene la llave para abrir el camino para muchos estudiantes colombianos, quienes van en busca de ayuda para cumplir sus sueños.

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Foto tomada de: telemedellin.tv

En el primer piso de un edificio ubicado en el centro de la capital de Colombia, se encuentra una oficina de puertas cristal. En la parte superior de su fachada, tiene un gran letrero color azul, el cual contiene la llave que abrirá el camino para muchos estudiantes colombianos, quienes van en busca de ayuda para cumplir sus sueños. En las siglas se lee: ICETEX.


Entre los más de mil estudiantes, que año tras año solicitan créditos en el Icetex está María Clara Nieto, graduada de la Universidad del Rosario, quien con la ayuda de esta institución pudo culminar sus estudios.


La fila es larga, al parecer hoy hay muchos que vienen a pedir créditos. El panorama que enfrenta Nieto es igual al de muchos, quienes como yo esperamos pacientemente desde las seis de la mañana a que las puertas de las oficinas se abran, con la pequeña diferencia de que María Clara viene a averiguar cuánto debe y cuándo tendrá que empezar a pagar el préstamo que soportó su carrera universitaria; mientras yo, con mi carpeta en la mano, espero entregar mis papeles y empezar a vivir la aventura que Nieto ya culminó.


María Clara Nieto se graduó del colegio de La Presentación en Neiva, Huila. Sus resultados en las pruebas Saber fueron excepcionales, fueron el primer escalón que le permitiría construir la escalera que la llevaría a sus sueños. Esto le permitió que su colegio la nominara a una beca en la Universidad del Rosario, aquella con la que siempre había soñado.


Al igual que muchos jóvenes colombianos, a puertas de salir del colegio Nieto se enfrentaba con una montaña gigante que le impedía visualizar y sentir más cercana aquella idea de convertirse en “rosarista”. No contaba con los recursos económicos para pagar lo que costaba un semestre en la universidad de sus sueños. Aquella nominación a la beca fue la respuesta a muchos meses de oración por parte de su madre.


La fila avanza lentamente, estudiantes tímidos conversan unos con los otros, el clima capitalino también hace parte de esta travesía a lo que muchos denominan ‘solicitar un préstamo’. Nieto muerde sus uñas, hace un pequeño baile en su puesto y como si estuviera un poco desorientada mira a cada lado, al parecer espera la llegada de alguien.


Es claro, ambas estamos pasando por lo mismo. Tomo mi carpeta, la reviso una y otra vez asegurándome de que todos los papeles solicitados estén. María Clara me mira y pregunta: “¿estás solicitando crédito por primera vez? Uy, te entiendo, eso es terrible”.

En la entrevista de admisión, esta rola con alma opita se encontró con un ambiente un poco desalentador: el hombre que se encargaría de realizarle las preguntas la miraba de forma que, según ella, la hacía sentir incómoda; sin embargo, Nieto no dejó que esto le impidiera concentrarse en mostrar su mejor cara para poder entrar. A su salida, la esperaba su madre y con ella muchos meses para recibir una respuesta de la universidad.


El Icetex tiene varias modalidades de préstamo, las cuales van desde el 0% al 100%, yo estoy parada aquí apuntándole a la del 0%. Esta modalidad no exige un pago mensual, el pago total del préstamo será liquidado al final de la carrera. Al igual que María Clara, quien financió su carrera con una extensión de la institución llamada Genaro Diaz Jordán, exclusiva para estudiantes del departamento del Huila, la cual tiene la misma modalidad de pago, liquida la totalidad de la deuda una vez el estudiante se gradúa.


La egresada está en lo que la institución denomina como “año de gracia”, es decir, a cada estudiante se le permite estar un año sin pagar la deuda esperando que este consiga trabajo, lo cual, dice María Clara, “en este país es imposible”. Pasadas unas horas, nos acercamos un poco más a la puerta, he de confesar que el sentimiento de ansiedad incrementa cada vez más.


A un paso de la puerta se encuentra la que alguna vez fue estudiante, toma su teléfono y con agilidad mueve su pulgar, hace una llamada. En la espera que ya lleva cuatro horas, Nieto asegura que la decisión de “meterse” en un crédito tan grande es para valientes, también dice que es una cruz que tocara llevar en la espalda por mucho tiempo y esto le aterra profundamente.


La solicitud del crédito se hace en línea, es un proceso “relativamente” fácil. O eso dicen. Llenar cada cuadro de la solicitud es un procedimiento quirúrgico, cualquier error puede ser fatal para el paciente y, en este caso, para el solicitante.


Quien solicita un crédito debe tener un codeudor, es decir, una persona que pueda soportar la deuda en caso de una fatalidad, la codeudora de María Clara es su madre, Nancy Rujana, una mujer que con un modesto sueldo se atreve a figurar en los papeles. El amor de una madre es grande, dice la gente, y el de esta mujer es del tamaño de la Tierra.


Mis piernas parecen fundirse con el suelo, mi cara roja como un tomate y una chaqueta que me ha tomado como perchero son mis nuevos acompañantes, mi amiga de la fila ha ingresado y está sentada junto a su madre, todo esto puedo verlo desde la puerta. Después, de hablar con esta exalumna rosarista mi cabeza parece un torbellino, da miedo pensar la deuda tan grande que tendré al salir de la universidad.


Una hora ha pasado desde que Nieto entró, y es mi turno de acompañarla. María Clara ya se encuentra en uno de los tantos cubículos que hay, yo en una silla más dura que la madera la observo. Nancy Rujana se quita el esmalte de las uñas mientras su hija se recoge el pelo y hace cuentas en una calculadora, yo espero mi turno y rezo un poco para calmar las mariposas que vuelan en mi estómago: “relájate”, me dije mentalmente.


Mi solicitud tuvo un pequeño error, al parecer mi número de cédula quedó mal, esta paciente se encuentra en estado crítico, la asesora del Icetex tiene el papel de Médico encargado pues deberá reparar los daños causados para que mis papeles entren al sistema y pueda acceder al crédito y sus beneficios, es decir, que la operación sea exitosa y el paciente pueda gozar de buena salud.


María Clara y su madre toman sus bolsos, agradeciéndole al joven encargado se levantan y buscan dónde sentarse. 55 millones es la cifra total de la deuda que la Internacionalista tiene, en sus ojos puede verse un río que en cualquier momento se puede desbordar, sus labios color papel y sus manos temblorosas dejan ver lo que Nieto siente frente a su deuda “es una vida pagando, mami, ¿que voy a hacer?”, dice con voz entrecortada.


Es mi turno, la amable rola que conocí en la fila se despide de forma cordial y me desea la mejor de las suertes, 55 millones es mucho y asusta a cualquiera, pero esta deuda no es nada comparada con lo que será la mía, y la mía seguramente no será nada a comparación con la que algún otro estudiante adquiera en dos años, pero es el precio que debemos pagar aquellos que no contamos con los recursos y que soñamos con graduarnos de las mejores universidades del país.

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