Prefiero trabajar en la calle que en una oficina”

Lina Fernanda Padilla Guerrero, estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Deissi Mayorca, vendedora ambulante, dice que le va mejor en su “carrito”, en el cual vende jugo de naranja, que soportando un horario laboral de oficina.

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Prefiero trabajar en la calle que en una oficina”
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Ubicada en la Carrera sexta en Cajicá, Deissi se parquea todas las mañanas. Es madre de dos hijos y cabeza de hogar a sus 36 años.

Todos los días, a las seis de la mañana, Deissi Mayorca llega con sus naranjas y sus dulces a parquearse con su carrito sobre la carrera sexta en Cajicá. Esta mujer, cabeza de hogar, es una más de miles de personas en el empleo informal. Según la OCDE, en el año 2021, Colombia se ubica en el top cinco, de 34 países miembros, con una tasa del 51,3%.


A simple vista, Deissi Andrea Mayorca parece una vendedora ambulante como cualquier otra. Se instala y su carro es bombardeado por ciclistas. Alista sus herramientas, y aguanta la lluvia o el sol de ese día. Esta mujer, de 36 años y criada en el Huila, se esfuerza todos los días por sacar adelante a sus hijos.


No tener su título como topógrafa le afecta laboralmente, pero no le impide sacar adelante a sus hijos y a su familia. “El juguito de naranja a todo el mundo le gusta”, dice Deissi. “Trabajaba en una empresa de ingenieros, pero por la pandemia me quedé sin empleo, al igual que mi esposo”. Desde hace siete años tenía un puesto de perros calientes hasta que llegó la pandemia y cerró. Ahí se enfrentó ante la nueva realidad, esa que no tuvo ni un porcentaje de piedad. El DANE informó que en abril de 2022 la tasa de desempleo fue de 11,2% y hubo 2,9 millones de personas desocupadas en marzo.


Lo que vino después fue la oleada de necesidades y angustias que la obligaron a salir a rebuscarse la vida. Al igual que familiares y colegas, la pandemia la afectó en todos los aspectos. Según cifras del DANE, el trabajo informal en el primer trimestre de este año llegó al 43,0% de mujeres laborando informalmente en el país, mientras que el trabajo informal, en hombres, fue de un 43,8%.


El esposo de Deissi es ornamentador. Él tomó la decisión de construir el carro. Es un carro de no más de un metro de alto y otro de ancho. Hecho para soportar unos recipientes y unas cuantas naranjas.


El domingo es su día favorito, ya que puede recolectar hasta 90.000 y 120.000 pesos. “Depende mucho del día, del clima, pero yo monto mi carrito siempre de la mejor manera”, dice.

Prefiero trabajar en la calle que en una oficina”
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Ubica su carro en la carrera sexta en Cajicá.

En solo cinco minutos, llegaron más de cinco ciclistas. Su puesto ya es una parada tradicional para algunos deportistas. Es una señora atareada por los pedidos del día. Al entregar un jugo, ya se alista para entregar el otro. Las pocas oportunidades y la persistencia son las que hacen que esta mujer siga exprimiendo naranjas, para soportar los gastos diarios.


Deissi dice que no volvería a trabajar con esos horarios de ocho horas insoportables y mal pagados. “Lo he pensado, pero he mirado ofertas laborales y realmente gano más trabajando aquí todos los días. Es un horario más flexible, tengo más tiempo para compartir con mis hijos. No estoy todo el día en una oficina. Actualmente ya no te quieren hacer un contrato, todo es por prestación de servicios”.


Sosteniendo a sus hijos y familia, Deissi, todos los días, abre su puesto de trabajo sin falta.

Dice que es una nueva oportunidad que la situación actual le regaló y, gracias a esta, su familia ha logrado salir adelante. Un año y medio lleva este emprendimiento, que le ha dado de comer, de comprar sus cosas, de tal vez salir a comer un helado.


“Así como hay días buenos, hay días malos”, agrega, agradeciendo a Dios de tener la oportunidad de sonreír todos los días, e irradiar a algún personaje que pase por el carrito construido con amor que es como ella lo describe.