Un exitoso modelo educativo

Alejandra Castellanos García, Comunicación Social y Periodismo

En estos centros educativos prima la idea de que los alumnos deben aprender a su propio ritmo y de acuerdo con sus fortalezas. 

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En los últimos tiempos, la sociedad ha ido evolucionando y transformándose cada vez más rápido. Ahora, las personas son creativas y se adaptan a nuevas situaciones. Es por esto que la educación moderna surge como una respuesta a la sociedad actual, tratando de cambiar la enseñanza tradicional por una más vanguardista, con el único fin de hacer del aprendizaje algo atractivo para que los estudiantes del siglo XXI adquieran capacidades para afrontar los retos de la vida.


A este modelo educativo pertenece Santiago Gallo, un joven de diecinueve años que estudiaba en una institución educativa tradicional. Su forma de ser, libre y descomplicada, lo llevó a escoger un camino diferente. Hace poco más de seis años, decidió continuar sus estudios en un colegio de enseñanza moderna, el Fontán Capital.


Santiago comienza un día de clases a las 9:00 am. Acude al colegio vestido de manera casual, pues en esta institución no se usa uniforme. Lleva jean, chaqueta impermeable y zapatos deportivos, ropa con la que se siente cómodo y abrigado para el frío de la mañana.


Mientras caminamos hacia el taller de Autonomía superior, al cual él pertenece, pasamos por el de los principiantes.


-Allá está el taller Base –.


Santiago señala a una casa de estilo campestre con tejas de alfarería. En su interior hay varias mesas redondas dispersas por el lugar, donde cada alumno tiene su propio cubículo, y en los extremos se ubican pufs para tomar una pausa.


El taller Base es donde el estudiante ingresa para conocer la dinámica del colegio. Luego de esto, dependiendo del nivel de autonomía del alumno, puede ser dirigido a cualquiera de los otros seis talleres: Explorador, Investigador, Innovador, Ascenso, Autonomía avanzada y Autonomía superior. “Los niños son orientados y acompañados por un analista, que en un colegio tradicional es llamado profesor”, afirma Ruth Arandia, coordinadora académica.


Continuamos nuestro recorrido rodeados de vegetación y un ambiente silencioso. En los talleres se observa a varios jóvenes, sentados frente a su computador, realizando las actividades que tienen programadas. Las clases no son magistrales como en un colegio tradicional. Aquí los temas son desarrollados por cada estudiante de manera autónoma y a su ritmo de trabajo. En el momento en que aprueban un tema, por medio de una sustentación, continúan con el siguiente.


Al llegar al taller, Santiago saluda a sus compañeros con gran entusiasmo. Toma su computador, abre la plataforma digital y comienza a trabajar en el área de humanidades. La primera actividad del día es hacer una exposición para explicar las dictaduras militares en América Latina, ejercicio que a él no le gusta. Por esta razón, acude al analista, un hombre de aproximadamente 35 años, que lo recibe amablemente y le asigna otra tarea.


“Los analistas hacen lo mismo que los estudiantes, toman su computador y comienzan a trabajar. Si te ponen una actividad que no te gusta, la puedes negociar y cambiarla, podemos hablar con ellos y llegar a un acuerdo”, añade.


En este colegio no existen las calificaciones ni las tareas para la casa. Los alumnos son evaluados por proceso y por progreso, mediante barras de porcentaje, el cual debe ser del 100% para finalizar una materia. Así mismo, cada persona tiene un plan de estudios diferente, asignado por el colegio de acuerdo con sus necesidades. “Nosotros organizamos los currículos con una ruta de aprendizaje muy específica que le ayuda al estudiante a autogestionar su proceso, encaminándolo a desarrollar sus habilidades y conocer sus dificultades”, asegura Ruth Arandia.


Después de dos horas, Santiago culmina el desarrollo de la actividad de humanidades e inicia a resolver unos ejercicios de matemáticas, su área favorita. Por ser tan bueno con los números, en una hora ha terminado todo y decide ir a almorzar.


Llegamos a una casa de dos pisos, con grandes ventanales y un aviso de color azul en lo alto que dice “Donde el Chef”. En este lugar funciona el restaurante. “Para comprar alimentos es necesario tener un carné parecido al del SITP, el cual se debe recargar y acercar al lector que está ubicado al lado del mostrador”, relata.


En el almuerzo lo acompaña su compañera Sylvana Lopera, su mejor amiga hace año y medio. Todos los días cuadran su horario para poder compartir juntos este momento. “Lo que más me llamó la atención del modelo educativo moderno es que me brinda la posibilidad de manejar mi tiempo, mis descansos y mi ritmo de trabajo”, cuenta Sylvana.


A Santiago le gusta el arte y la actuación, actividades que el colegio le permite realizar para que cumpla su sueño de ser un gran actor de cine. “El colegio me brinda la posibilidad de estudiar y al mismo tiempo asistir a mis clases en una escuela de formación actoral, así como programar mis tiempos de descanso”, afirma. Es la 1:00 pm y Santiago termina su día de clases y se dirige a la escuela de actuación.


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