Un héroe vestido de cartón

Sebastián Rocha G., Comunicación Social y Periodismo

La historia de Luis Cruz que, detrás de sus trajes de Transformers construidos a escala, con 40 kilos de cartón y pintura, se ha convertido en las sonrisas y la admiración de conductores, transeúntes y turistas, pero también de su familia.

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Foto: Sebastián Rocha

Muchas personas, en el afán del día a día, buscan los medios necesarios para suplir sus necesidades. Vendedores ambulantes, impulsadores de marcas en almacenes de cadena, vendedores de catálogos y un sinfín de medios que surgen para logran conseguir el sustento diario en un estilo de vida cargado de innumerables retos.


Vivir de la informalidad es la realidad de muchos colombianos. Por distintas razones, millones de personas, como en el caso de Luis, no cuentan con un empleo formal que les brinde prestaciones sociales, ARL, seguro médico, entre otros, necesarios para subsanar necesidades tan esenciales como la salud y que viven, prácticamente, de la generosidad y el apoyo de los demás.


Pero la forma en la que Luis Cruz, un bogotano de 43 años, lucha por conseguir su estabilidad y la de su familia es bastante particular y muy típica de un colombiano echado para adelante.


De lunes a viernes, en un semáforo de la Avenida Boyacá con calle 25 sur en Bogotá, lugar rodeado de apartamentos, barrios populares y un pequeño jardín de preescolar donde centenares de niños observan, entre unas pequeñas rejas verdes, a coloridos robots como Optimus Prime, Bumblebee y Megatron, protagonistas de la popular saga de Transformers y también a despampanantes vehículos de  la policía de Nueva York, camiones y automóviles de lujo de carreras que captan la atención de cientos de conductores y transeúntes que pasan por este importante corredor vial de la capital.


Los “Transformers”, los populares juguetes de Hasbro que surgieron durante los últimos treinta años del siglo XX, fueron el objeto de inspiración de este bogotano que infunde, durante todo el tiempo, una enorme sonrisa en su rostro.


Pues bien, este es el trabajo que Luis ha estado desempeñando durante los últimos catorce años en un mundo inmerso en medio de la informalidad, en el que puede llegarse a ganar hasta sesenta mil pesos diarios, como afirma él, con algunas lágrimas en sus ojos, “si Dios me lo permite”.


Él, un hombre que ha sabido vivir la vida, es un guerrero descomplicado, alto, con varias cicatrices en su cuerpo producto de cirugías y de laceraciones. Estas últimas, consecuencia de la intolerancia de algunas personas que lo han agredido por su medio de trabajo.

Su hogar, en un segundo piso de una casa amarilla del barrio Las Acacias, en el sur de Bogotá, refleja el gran amor en el que viven junto a él su esposa, sus dos hijos y su madre. Robots, autos de todo tipo, dibujos y su más reciente fabricación, una patrulla de policía patrocinada por una reconocida marca de electrodomésticos colombiana, adornan gran parte de la entrada. Ese gusto por fabricar Transformers, con sus propias manos, empezó luego de tomar la decisión de no seguir tolerando humillaciones e indignas condiciones laborales como contratista. “Me cansé de ser al que siempre humillaban. Ellos me dieron con un mazo en la cabeza y yo les voy a dar con un alfiler en el corazón”, enfatizó.


En medio de una enorme crisis económica, inmerso en un mar de zozobra producto de haber renunciado a su empleo en el año 2004 y, además, cargando consigo el primer embarazo de su esposa Jenny, tomó la decisión de convertirse en el Transformer para rebuscarse la vida.  Con 600 mil pesos y algunos materiales reciclables que encontró, construyó su primer prototipo y salió a rebuscarse la vida.


Jenny, una mujer generosa que refleja una enorme amabilidad y que ha estado con él en las buenas y en las malas y hasta en las dolorosas, no estaba de acuerdo con la decisión de su esposo.  “Mi hijos lo inspiraron y lo impulsaron. Yo, a pesar de que al inicio no estaba de acuerdo con esta locura de que él creara disfraces y se saliera a las calles, siempre lo apoyé”, afirmó.


Pero detrás de este robot con corazón de humano, con sus manos visiblemente desgastadas por el pegamento, las pinturas y químicos que utiliza para fabricar sus transformers, hay un hombre con mil historias y anécdotas de vida.


“Me considero una persona loca, melancólica, respetuosa, un muy buen padre, buen hijo, héroe, verraco” y como bien dice él, un ‘nairoman’ que, aunque sin dinero, siempre infunde una enorme energía positiva.


Y cada día que pasa, recuerda todas las adversidades que la vida le ha puesto en el camino. Hace varios años, luchó contra un cáncer linfático bastante agresivo que casi apaga su creatividad. Pero el amor de su madre y el de su familia, lo mantuvo con vitalidad y fuerza para seguir adelante; siempre acompañándolo durante las sesiones de quimioterapia y radioterapia.


“Es una persona a la que yo he admirado siempre, desde niño ha sido muy alegre, inteligente y sobre todo, con muchas ganas de salir adelante”, expresó su madre en medio de un sutil llanto.


Pero ahí no termina todo. Justo cuando se acercaba el nacimiento de su hijo, fue víctima de un acto inaceptable de tolerancia por parte de un grupo Skin Heads o Cabezas Rapadas en el que fue atacado por estar vestido con una réplica de una patrulla de policía de Estados Unidos. Esto le provocó una peritonitis que le infectó gran parte de su estómago y muy cerca de órganos vitales como el hígado y el páncreas.

Todos estos sucesos han hecho que, al paso del tiempo, se incremente su amor hacia lo más importante en su vida según él: sus hijos.


“Ser padre es lo más bello. En cada momento que puedo, intento disfrutar con ellos al máximo. A mi hijo pequeño lo disfrazo y lo molesto a cada rato. Y a mi otro hijo, David Felipe, lo admiro por sus diversos talentos, aprendió a tocar guitarra muy rápido y es un gran dibujante. A mi esposa le agradezco por todo lo que ha hecho por mí y el apoyo que me ha brindado en todas mis locuras.  La comprensión, el entendimiento en los buenos y malos momentos siempre deben prevalecer en una familia”.


Ahora, también se le ve en varias fiestas infantiles, como siempre, con su actitud luchadora con su gran lista de Transformers y el reto de hacer divertir a los más pequeños.

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