Una prenda que puede cambiar el mundo

María Alejandra Pérez Mora, estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Según las Naciones Unidas, la segunda industria más contaminante del mundo es la textil. Por eso, un proyecto de ley sobre moda sostenible es la alternativa para mitigar el daño

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Una prenda que puede cambiar el mundo
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Nunca antes había sido tan fácil comprar ropa. Todo está a un click de distancia o a una persuasión elaborada por la publicidad en la web. El auge de las redes sociales motivó a los influencers a ser tendencia con modas actualizadas para sus audiencias. Sin embargo, esto no es gratis, así como aumenta la interconectividad con observadores, la industria aumenta la cadena de producción para ser tendencia. Esto ha despertado la alarma ambiental.


Las Naciones Unidas señalaron que la producción textil es responsable del 20% de las aguas residuales globales y del 10% de las emisiones globales de carbono. Entre esas cifras, solo el 5% de desechos textiles se reciclan en Colombia de un 9,4% representado en la producción sobre el total del PIB. Por eso, en el mes de marzo, diseñadores como Juan Pablo Martínez, Salomé Gómez, Faride Ramos, entre otros, estuvieron con el representante a la Cámara Juan Carlos Losada para avanzar en la redacción de un proyecto de ley que obligue a implementar procesos sostenibles en las diferentes cadenas de producción de la moda en Colombia.


Durante la jornada también se abordó la necesidad de generar conciencia en los consumidores. Este proyecto de ley busca la protección de la biodiversidad colombiana por medio de la moda sostenible, también llamada moda ética o slow fashion. Esto incluye políticas sostenibles para realizar el ciclo ecológico de diseño, confección, transporte, reciclado y reutilización.


En Colombia, empresas como Ecovintage, Lish Clothing, Dvito y Juan Pablo Martínez LTDA, han participado en el proyecto de ley para incentivar la producción de prendas que puedan mejorar nuestro mundo; adopta prácticas socio-ambientales y económicas que no dejan de lado las tendencias culturales. Lo favorable de la moda ética es que ofrece ropa biodegradable que se descompone con mayor facilidad e incentiva la confección de prendas eco-amigables afín a nuevas colecciones.


Por ejemplo, Zero Waste, más que una tendencia, es una conciencia de consumo implementada por empresas como Viste Colombia, que actualmente es una Organización No Gubernamental. El interés es que el consumidor reconozca las características del producto al comprar, para que, al finalizar el ciclo útil, la ropa pueda ser un desecho de abono fértil y de compostaje; es decir, ser transformada en residuos orgánicos. Esta conciencia nos permite como sociedad indagar los efectos de nuestras acciones y cómo repercute el instinto de usar y tirar. Tan solo un movimiento de reciclaje extiende la vida útil de las prendas cuando son elaboradas con materiales naturales libres de tóxicos. Así nos cuidamos todos.


En contraste, el slow fashion corrige lo que el fast fashion deja: los residuos peligrosos que contaminan el medio ambiente. Las aguas residuales de la industria textil contienen desechos de algodón, aceite, sólidos colorantes, entre otros químicos. En el mundo se generan cada año 92 millones de toneladas de residuos textiles, de los cuales entre el 75 y el 85% se queman o acaban en los vertederos. Según el DW, las prendas de moda rápida acaban en países como Bulgaria o India. Al ser países pobres, las telas reemplazan la leña para ser usadas en las estufas de la gente. Así, los tejidos quemados contaminan el ambiente ya que contienen gran proporción de plástico.


La moda sostenible busca aminorar el impacto de los residuos peligrosos. Por medio de la ecoeficiencia, se busca que la ropa sea biodegradable y, así, se obtenga un aprovechamiento de recursos existentes de los textiles ya producidos. Empresas como Tania Rincón, GEF, Punto Blanco, Casa Lefay e incluso Decathlon apuntan a ecodiseños a base de insumos orgánicos. De esta manera, se proponen no usar químicos nocivos, sino fabricar con telas ecológicas. Estas se pueden verificar con la certificación de Global Organic Textile Standard (GOTS) o Naturtextil IVN Certified, como se ha aplicado en el Reino Unido con el Código de Reclamaciones Verdes.


La moda sostenible es una nueva visión para cuidar el medio ambiente, una estrategia para salvar el mundo. Ciertamente, la inmersión de los gobernantes en Colombia, con la creación de proyectos de ley eco-amigables, es fundamental para cuidar y valorar la sustentabilidad de la vida que se determina por el cuidado de los recursos naturales. Asimismo, el reconocimiento de la biodiversidad es determinante para preservar la flora y fauna cambiando los hábitos de consumo dañinos del fast fashion. Nuestras manos ayudan a enmendar el daño por la producción y el consumo textil nocivo. Todos hacemos parte para dejar una herencia a las siguientes generaciones de una tierra un poco más sana, más limpia. El cambio comienza con una sola prenda.

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