Videojuegos, ¿perjudiciales para el ser humano?

Juan Sebastián Barón Malaver

Las ventajas que tienen los videojuegos para una persona son muchas, aunque traten de ocultarlas.

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Videojuegos, ¿perjudiciales para el ser humano?
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Los videojuegos son malos… o por lo menos eso dicen algunos padres de familia, periodistas, psicólogos e, incluso, científicos investigadores. Pero ¿cuáles son sus argumentos? Algunos sostienen que hacen a los niños sedentarios, alejándolos de la actividad física y la vida social. Otros indican que reducen el desarrollo mental de una persona debido a lo poco “intelectuales” que son. Hay otros que incluso dicen que los niños y adolescentes se vuelven violentos por su culpa. Les achacan a esta industria los problemas de la sociedad moderna, y defienden a capa y espada que los videojuegos son de las peores cosas que le han podido pasar a la salud y a la mente humana. Es aquí donde cabe preguntarse, ¿cuál es su justificación? ¿cómo defienden estos argumentos?

Aquí, una posible respuesta: podríamos estar frente a un cambio generacional. Sus argumentos son los de una población mayor que no entiende los cambios tecnológicos ni a las nuevas generaciones, y acuden a la nostalgia de “todo lo pasado fue mejor”. Como no conocen los videojuegos, o no pueden entender cómo funcionan, los atacan y los demeritan, como si acabarlos supusiera una mejora para la sociedad. Pero esto no es del todo cierto, ya que, si algo hemos visto en los últimos años es que los videojuegos son de las mejores cosas que le pudieron pasar al ser humano y hasta le ayudan a mejorar en un montón de aspectos, aunque suene exagerado. Veamos cómo y por qué.

Para aquellos que sostienen que los videojuegos dañan la vida social y la salud física de los niños, no saben en qué contexto viven. Como explica un artículo reciente del diario español Marca, en la actualidad los videojuegos son fundamentales para la relación social de los menores, ya que la gran mayoría, si no todos, hablan sobre sus juegos favoritos y de las formas cómo los afrontan, qué les generan y cómo superan sus retos. Por ejemplo, hoy en día casi cualquier niño conoce Fortnite, un juego gratuito multiplataforma. Aquel que no, podría ser tratado como un bicho raro y tendrá mayor dificultad para relacionarse con sus allegados que sí juegan.

Pero esto no solo aplica para los niños. Muchos adolescentes y adultos también ven en esta industria una gran posibilidad de socialización. En internet existen miles de foros activos que hablan de videojuegos, de desarrolladoras o de un género en particular. Esto es un gran chance para que los amantes de la industria compartan sus opiniones y pensamientos con personas de todo el mundo que los entienden y pueden generar conversaciones sobre ellos.

Por el lado de la actividad física, existen muchos videojuegos que involucran movimiento real. El que es quizá el caso más famoso es Just Dance, un juego que le pide al jugador que baile en la vida real y, de esta forma, sumar puntos virtuales. Sin embargo, tampoco es necesario hacer tanto movimiento para quemar calorías jugando. Según un estudio publicado en la revista científica Meta-Analysis, el simple hecho de estar concentrado jugando reduce la necesidad de los niños de comer entre comidas, evitando que ingieran alimentos chatarra para satisfacer esta necesidad.

Pero las ventajas de los videojuegos no paran en lo físico, y van también a lo mental. Un estudio realizado por el psicólogo Sandro Franceschini de la Universidad de Padua, determinó que los videojuegos ayudan a los niños con dislexia a leer mejor, ya que los hace reaccionar rápido físicamente a lo que se les está presentando en la pantalla. Por ejemplo, si el juego le dice “oprima X”, el niño tendrá que leer esa instrucción muy rápido y reaccionar de igual forma pulsando el botón para realizar la acción en el momento correcto. Esto hace que tengan que leer mejor si quieren aplicar bien los comandos del juego.

Adicionalmente, los videojuegos también mejoran las habilidades de ubicación y visión espacial. Tal como lo indica la organización Understood, juegos como Minecraft, que tienen mapas inmensos, hacen que los jugadores deban aprender a ubicarse para poder volver a sus casas virtuales o avanzar por el mapa en búsqueda de nuevos elementos, sin perderse. Por otra parte, según el grupo de salud IMQ, los videojuegos hacen que una persona mejore en sus habilidades de solución de problemas, en las áreas de planificación, organización y pensamiento flexible. Y no solo eso: este mismo grupo indica que estimulan varios sentidos al mismo tiempo, haciendo que la concentración de una persona aumente.

En cuanto a la violencia, se trata de un tema delicado. Sin embargo, casi nada tiene que ver un niño o un adolescente violento con un videojuego. En un estudio realizado por la doctora Jeanne Funk y publicado en la revista Applied Developmental Psychology, los niños no se vuelven violentos por jugar, sino que, al contrario, los tranquiliza.Lo único que pudo evidenciar en su investigación es que algunos menores se vuelven menos empáticos, pero lejos de ser violentos. Esto también aplica a los más grandes, ya que los videojuegos los separan de una realidad difícil que pueden estar afrontando, tranquilizándolos y permitiéndoles vivir nuevas experiencias desde sus casas. Es muy probable que aquel que se vuelva violento sea por una causa externa, ya sea de su ambiente o porque tiene una afección mental, pero los videojuegos no provocan este sentimiento de ninguna manera.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Los videojuegos ayudan a las personas, no les hacen daño. No hay evidencia suficiente que indique que estos no ayuden a socializar, que afecten el físico, que no propicien el desarrollo intelectual y que sean la causa directa de la violencia. Aquellos que tratan de demeritar esta industria lo hacen porque no saben a qué más echarle la culpa en una sociedad que, en muchos aspectos, funciona mal. Ven en los videojuegos una excusa fácil para justificar lo malo. Y no pueden estar más equivocados. Los videojuegos son el resultado de la evolución humana. Hacen parte del presente y futuro de la especie, y quien no los acepte o los ataque por los argumentos que vimos en esta columna está condenado a quedarse en la falacia del “todo tiempo pasado fue mejor”, quizá hasta que los videojuegos se conviertan en ese pasado mejor y entonces sí empiecen a aceptarlos. Quizá ya demasiado tarde, habiendo perdido sus valiosos beneficios.

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