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Indígenas en Colombia: 'con las uñas', salvan vidas de contagiados por coronavirus

Juana Salcedo, María Camila Torres y María Isabel Magaña, Comunicación Social y Periodismo

Las limitaciones para acceder a servicios de salud y agua potable en los departamentos del Amazonas y La Guajira, elevan los riesgos de contagio y mortalidad en al menos 32 resguardos indígenas del país.

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Image by Studio Ócular

Foto: Unsplash

Las cifras que hallarás en esta nota se actualizaron por última vez el 23 de junio. Por el periodo vacacional de la Universidad de La Sabana, se retomará la actualización diaria de este producto en agosto, con el inicio del semestre académico 2020-2.

En medio de una pandemia que ha puesto en la cuerda floja la vida de muchos, Eliceo Matalpi tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: atender a su padre Heraclio, quien pertenece al resguardo indígena Comeyafú, cerca de Leticia, en el Amazonas colombiano, desde casa. Tuvo que hacer las veces de médico cuando apenas sabía una que otra cosa sobre primeros auxilios.

 

La zozobra inició cuando días atrás Heraclio, de 77 años, empezó a presentar síntomas propios del COVID-19: dificultad para respirar, fiebres altas y fuertes dolores de cabeza. El virus fue cogiendo fuerza en su cuerpo, desarrollando más y más síntomas hasta que fue necesario canalizarlo desde casa, proceso que implica introducir una aguja dentro de una vena para lograr transmitir medicamentos directamente al cuerpo. Pese a lo tormentosa que pudiera ser esta labor,  Eliceo logró hacerla con éxito, desempolvando los recuerdos de aquel curso de primeros auxilios y medicina que tomó alguna vez. 

 

Eliceo y Heraclio hacen parte de los casi dos millones de indígenas que hay en Colombia, quienes conforman más del 4% de la población del país, según datos del Dane. Y como él, muchos han tenido que experimentar la incertidumbre que trae consigo esta pandemia, porque no solo tienen que enfrentarse a los problemas estructurales de abandono con los que lidian día a día, sino también a un virus que pone en peligro la integridad de sus comunidades por no tener los medios para afrontarla.

 

Según confirmó la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) el virus se ha llevado ya a 28 indígenas colombianos, dejando con vida a 834 infectados que aún intentan ganarle la batalla a esta epidemia. Pero el nudo de esta historia apenas inicia: al día de la publicación de esta nota, se ha confirmado la llegada del virus a 32 resguardos indígenas, poniendo en riesgo de contagio a más de 367.850 familias.

Entre las comunidades indígenas más golpeadas por la pandemia se encuentran las que residen en el extremo sur de Colombia, en el Amazonas. Según datos del Sistema Nacional de Información Cultural, este es el territorio de Colombia que más población indígena tiene, con 47.000 miembros, de los cuales se han contagiado 596, según datos de la ONIC. Esto representa el 71% del total de contagios en el Amazonas, donde hay 837 casos activos de COVID-19. Esto tiene al límite la capacidad médica, puesto que, en el territorio, solo existen 114 camas hospitalarias destinadas a la atención clínica y ninguna UCI, según datos del Registro Especial de Prestadores del Servicio de Salud. 

 

“La situación en el departamento del Amazonas es absolutamente dramática y calamitosa. Actualmente, el departamento tiene el mayor número de contagios por 100.000 habitantes y la mayor tasa de mortalidad por millón de habitantes en el país. Esto se debe a la condición fronteriza con los países de Brasil y Perú que hoy registran el mayor número de contagios a nivel del continente”, afirmó Harold Valencia, representante a la Cámara por el Partido de la U.


 

Como Eliceo, muchos en la capital del Amazonas han tenido que ponerse la bata de doctor para atender a sus familiares, puesto que en el territorio hay tan solo dos centros médicos, que para algunos indígenas quedan a más de dos horas de camino en carretera semipavimentada. “Para llegar a varios resguardos indígenas cerca de Leticia, es necesario recorrer una carretera de 172 km, de los cuales solo 55 están pavimentados. Pero ahí no termina el recorrido, después es necesario caminar por casi dos horas selva adentro para poder llegar a los resguardos”, explica Eliceo.


Esta situación es la que viven también los indígenas de la comunidad de San Juan de Atacuari, en el Amazonas, quienes tienen que atravesar toda una odisea para llegar a una UCI. Esta comunidad, según un reporte hecho por la Silla Vacía, hace parte del municipio de Puerto Nariño, y habita a más de 59 familias indígenas.

Llegar al puesto de salud de Puerto de Nariño no es tarea fácil, pues  los habitantes del resguardo deben viajar por río en unas lanchas rápidas que pueden demorar una hora y media, pagando un pasaje que cuesta entre 12 mil y 15 mil pesos, según explica La Silla Vacía. Para acceder a una UCI, deben viajar por el río Amazonas para luego ser trasladados a otra parte del país, como Bogotá. 

 

Pero las piedras en el camino no cesan con la llegada al centro médico, pues estas instituciones no tienen las condiciones apropiadas para atender la emergencia. Esto ha sido denunciado por los directivos del Hospital San Rafael, quienes dijeron que este centro tan solo cuenta con una planta de oxígeno que tiene más de 30 años de uso y 6 ventiladores para atender aproximadamente a 48.144 habitantes.


Lo más alarmante de esta historia es que el Amazonas colombiano no es el único territorio habitado por indígenas que posee problemas para sobrevivir la pandemia. A 1.752 kilómetros, al otro extremo de Colombia, el pueblo Wayuú enfrenta desafíos similares en la Alta Guajira. Hasta la fecha se han registrado 7 contagios en sus comunidades.

“Realmente es muy difícil el acceso a los centros asistenciales por muchas razones. Existen dificultades en el transporte por las distancias entre las rancherías y los centros más cercanos y, además, está la falta de dotación de estos para enfrentar la emergencia”, explica María Luisa Ruiz, delegada de la Mesa de Diálogo y Concertación para el pueblo Wayuú. 

 

Como si fuera poco, esta comunidad debe enfrentarse a otro problema que agrava aún más su situación. Según datos de la ONIC, tan solo el 13% de la comunidad obtiene agua de un acueducto de red de distribución, mientras que el otro 87% se abastece de este recurso mediante aguas lluvias, pozos, jagüeyes, ríos, entre otros. Esto quiere decir que más de la mitad de los integrantes de esta comunidad no cuenta con un servicio de acueducto óptimo para cumplir, tan siquiera, con