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El Covid, una pesadilla con los ojos abiertos

Yenifer Tatiana Gutiérrez Pinzón

El coronavirus llegó a una familia del municipio de Chocontá, Cundinamarca. A pesar de las medidas de bioseguridad, que habían implementado, sus vidas se vieron afectadas drásticamente; en particular la de Stella Castro Cárdenas.

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Yenifer Tatiana Gutiérrez Pinzón

En Colombia, la cifra de muertos por covid-19 supera los 4 millones 900 mil personas. Muchos nacionales tuvieron que vivir la muerte de sus seres queridos, como fue el caso de la familia Martínez Castro, quien en menos de dos meses perdió a dos de las personas más importantes en sus vidas. A pesar de ser un tema difícil de hablar y pese a su estado de salud, ella empezó a contarme sobre lo que le había pasado, con la nobleza que la caracteriza.

De cabello rojizo y crespo, ojos almendrados color café, pequeñas pecas en sus mejillas y una sonrisa que escondía una tristeza insuperable. Stella Castro Cárdenas, una chocontana de 58 años, reconocida en el municipio por ser una mujer trabajadora, amable, alegre, servicial y, sobre todo, por ser la dueña de uno de los restaurantes típicos de la región “El Piqueteadero del Cerdo”. Junto a su esposo, llevaban deleitando a todos sus clientes, por más de 15 años, con platos como longaniza, cerdo, rellena, chanfaina, papa criolla y costilla. Trabajaban de domingo a domingo para poder darle estudio a su hijo e hijas. Siempre eran conocidos por ser una familia unida y económicamente estable.

El virus, covid-19, llegó a Colombia el 6 de marzo de 2020 y acabó con lazos y tejidos familiares y así como esta familia, hay muchas. A diario hay personas que pierden a sus padres, hijos, hermanos, sobrinos, tíos, y demás seres queridos.

En el año 2020, por la contingencia del covid-19, el Gobierno Nacional declaró cuarentena estricta en todo el país. Por esta razón, su restaurante no tenía servicio y sus ingresos económicos eran nulos, debido a que era su única fuente económica. “La pasábamos encerrados, para no contagiarnos. Mi esposo y yo no dejábamos que nuestros hijos se expusieran al contagio del covid”, me confesó Stella. Cuando el comercio comenzó a reactivarse, sin duda alguna ellos también comenzaron a trabajar de nuevo en su restaurante, pero no tenían previsto que esta decisión les traería consecuencias...

—Nunca pensé que iba a llegar una enfermedad a mi hogar –suspiró-.

El 6 de julio de 2021, su esposo, Jorge Martínez, comenzó con tos, dolor de cabeza y desvanecimiento, pero su familia pensaba que era un resfriado porque la noche anterior había salido tarde de trabajar. Pasaron 2, 3, 4 días y la salud de Jorge empeoró. Después de una larga conversación entre Stella y sus hijos, decidieron llevarlo al Hospital San Martín de Porres de Chocontá. En el hospital, los médicos dieron la orden de remisión porque no estaba saturando bien. Stella, con preocupación, pero, sobre todo, con el amor que le tenía a su esposo, lo acompañó en el hospital de Chocontá y en la clínica El Country, a donde fue remitido posteriormente. Una semana después de la hospitalización de su esposo, el jueves 22 de julio de 2021, Stella no pudo ir a visitarlo porque se sentía mal. Se había contagiado.

Ese jueves en la noche, Stella se encontraba aislada en una de las habitaciones de su casa, con fiebre y dolor de huesos, pero no era grave; estaba con medicamentos y suero para combatir este virus. A los dos días, la llamaron de la clínica El Country, donde tenían a su esposo, avisando que su estado de salud era delicado. A Stella inmediatamente se le subió la tensión y tuvieron que llevarla al hospital de Chocontá, donde lograron estabilizarla. Sin embargo, por parte de la clínica, El Country, no daban ningún reporte acerca de su esposo. El domingo, 25 de julio de 2021, Stella estaba en la habitación 204 del hospital almorzando, cuando recibió una llamada de la clínica informando que su esposo había fallecido.

—Sentí que todo se derrumbaba, fue un dolor muy grande –hablaba con profunda tristeza y lágrimas en sus ojos-. No lo podía creer.

Horas después de la noticia, del fallecimiento de su esposo, Stella se agravó. La remitieron para la Clínica de Zipaquirá, donde tuvieron que entubarla. “Ese domingo lo recuerdo como uno de los peores días de mi vida. Primero, la muerte de mi papá; y luego, el delicado estado de salud de mi mamá”, recalcó Cindy, la hija mayor de Jorge y Stella.

La familia Martínez Castro, estaba pasando por uno de los momentos más difíciles que han tenido que afrontar, como lo describen ellos mismos. Su madre que se encontraba en UCI, no mostraba mejoría y las cenizas de su padre estaban listas para ser reclamadas. “Orábamos mucho, todos los días, le pedíamos a la Virgen por la recuperación de Stella y el eterno descanso de mi cuñado”, manifestó Miriam Castro, hermana de Stella.

Había pasado una semana desde la muerte de Jorge, cuando el papá de Stella, Heliodoro Castro, fue hospitalizado por estar infectado de covid y una complicación en su corazón hizo que su estado de salud fuera más delicado. Heliodoro Castro, de 84 años, estuvo en el hospital de Chocontá durante 5 días, los médicos no les daban esperanza a sus familiares, estuvo 1 día agonizando. “Era muy difícil ver a mi abuelito en ese estado –me contó María Pinzón, una de sus nietas-, los últimos días lo tuvieron que amarrar a la cama porque se quitaba el oxígeno, estaba sufriendo mucho”. Mientras tanto, desde la Clínica de Zipaquirá, llamaron a Ana Matínez, la hija menor de Stella, para avisarle que su mamá había reaccionado. La felicidad inundaba la casa de la familia Martínez Castro, pero otro suceso lamentable estaba por ocurrir.

El 31 de julio de 221, murió Heliodoro Castro, padre de Stella... Y, con él, 291 personas más fallecieron por causa del covid-19, según datos suministrados por el Ministerio de Salud. “No soportábamos una pérdida más, todos estábamos desconsolados”, contó Miriam Castro. Los familiares esperaron a que Stella estuviera mejor y regresara a su casa para contarle la noticia del fallecimiento de su papá.

El lunes, 2 de agosto de 2021, le dieron la salida a Stella y ese martes siguiente, sus hermanas se reunieron y con mucha valentía fueron a la casa de ella a darle la noticia. “Fue un dolor muy grande, estaba esperando salir de la clínica para ver a mi padre”, dijo Stella. Sin embargo, después de pasar su duelo, afirma que todo fue la voluntad de Dios, ella no quería ver sufrir a su esposo, ni a su papá. Su vida cambió radicalmente.

Actualmente, debido a las secuelas, no puede trabajar, está en terapias para mejorar la movilidad de sus brazos y de sus piernas. Anhela recuperarse y abrir de nuevo el negocio que tenía con su esposo y que ahora atenderá con su hijo mayor.

Con lágrimas en los ojos, aferrada a la vida y con el apoyo de sus seres queridos, “solo me queda seguir adelante, aprender a vivir con la ausencia de mis dos grandes amores, que ya no están conmigo, pero por quienes seguiré luchando. Por ellos y por mi familia”, exclamó Stella.