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Zapatos hechos en Colombia apuestan a romper estereotipos de la masculinidad

Miguel Ángel Zambrano González

A sus 27 años, este joven emprendedor le está apostando a quebrantar los estereotipos de género en el mundo de la moda mediante sus diseños en calzado.

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Universidad de la Sabana

Vestido de pantalón negro y camiseta gris cuello tortuga, Daniel Uyazán me abrió las puertas de su casa. Mi primer impulso al verlo fue observar sus zapatos. Noté que efectivamente tenía puesto uno de sus diseños: unas botas negras tan grotescas como agraciadas, que llamaban la atención por ser una propuesta diferente al calzado tradicional. De color negro, con un par de hebillas y unos finos taches plateados anclados al empeine, imponían la dureza de este hombre al caminar.

Uyazán no tiene más de 30 años y ya dirige la primera empresa que tiene como objetivo que la comunidad LGBTI calce sus zapatos sin estigmatizaciones. Zandan, nombre de la marca, surgió para satisfacer una necesidad. Inicialmente, Uyazán buscó proporcionarle diseños de calzado a la población masculina, fuera de lo tradicional. Sin embargo, poco a poco el objetivo de su firma evolucionó hasta ser el que hoy la caracteriza.

“Zandan es un juego de palabras. Es la mezcla entre la última sílaba de mi apellido y la primera de mi nombre”, explicó el diseñador. Según él mismo dice, llegar al característico nombre fue complejo. Tuvo que explorar entre diversas opciones. Al principio, consideró bautizarla con algo ajeno a su nombre para poder representar a las personas detrás de la marca y no solo a él mismo. No obstante, esa combinación, que a simple vista no revela quién es el fundador, fue la que más le gustó.

Desde el momento en que me saludó, pude percibir que quien tenía en frente era una persona bastante cálida, pues su voz tenía impresa la empatía que lo caracteriza. En el ambiente en donde me recibió se sintió un tenue olor cítrico, no pude identificar si era su perfume o si se trataba del aroma de la sala. Peculiarmente, y de manera estratégica, en ese espacio de la casa exhibía algunos ejemplares de zapatos que no desentonaban con la decoración de ese pequeño espacio.

Algunos de sus diseños se encontraban sobre los muebles. Sin embargo, mis ojos corrieron en dirección a los característicos tacones de lentejuela que cambiaban del color rosa al dorado. Aquel emblemático par reposaba en una de las mesas. A excepción de los zapatos, aquella sala no estaba fuera de lo convencional; contaba con una mesa pequeña donde se hallaban los tacones rosados, junto a ella uno de los dos sillones color café y un mueble de entretenimiento, con una consola de videojuegos y su respectivo televisor, el cual contenía otros dos de sus diseños en la cúspide de su estructura. Cada quien tomó asiento en uno de los sofás y allí empezamos a conversar.

De los lápices y cuadernos a las pasarelas

Graduado de Diseño Industrial de la Universidad Autónoma de Colombia, Uyazán siempre quiso relacionar su carrera con la moda, su pasión. Para él, el diseño industrial “abarca muchas cosas de muchos diseños”, agregando que en sus primeros años de ejercer esta carrera se encontraba con trabajos dirigidos al material publicitario: “A mí, con mis primeros empleos, me pasaba eso de que te da jartera ir. Entonces me dije a mí mismo: ‘No, yo no me puedo quedar haciendo esto toda mi vida porque no es lo que yo quiero’”.

Con la intención de encontrar su vocación, poco a poco fue dirigiéndose por el camino de la moda. Sin embargo, curiosamente su interés no estaba precisamente en diseñar ropa. Afirmó con severidad que el diseño de ropa le gustaba, sin embargo, consideraba que “era hacer más de lo mismo, y yo no quiero hacer más de lo mismo”.

Buscando la manera de enlazar sus estudios con la moda, se dio cuenta que el diseño de calzado no era algo que se encontrara con frecuencia. Desde un principio, para él fue evidente que el calzado masculino, particularmente, era un foco de poca atención y que, además, tenía poca gracia. En su opinión, los hombres, a diferencia de las mujeres, no suelen prestarle mucha atención a su calzado: “Los modelos de los zapatos que hay para los hombres siguen estando ahí: normales, iguales, convencionales”. Tras ilustrar su primer par, Uyazán empezó a ver sus dibujos de manera diferente, no sólo a él le gustaban sus diseños, sino también las personas demostraban tener interés en ellos.

A pesar de que la intención inicial de Uyazán era brindar a los hombres la posibilidad de usar zapatos con más estilo, un chico que gustaba de vestir y actuar como una ‘Drag Queen’ se acercó a él buscando ayuda. Aquel joven deseaba encontrar un par de tacones que no le generaran incomodidad, que se ajustaran a la forma de sus pies y le permitieran hacer sus shows de manera más cómoda.

Las ‘Drag Queens’ pertenecen a una subcultura de hombres que buscan imitar, de una manera exagerada, algunos rasgos de las mujeres mediante un personaje o una caracterización, utilizando aquel personaje para realizar un show. Es por esto que aquel joven, cansado de utilizar los tacones de las mujeres, tomó la decisión de acercarse a Uyazán, dado que su anhelo era tener unos tacones que no le incomodaran a la hora de hacer su show.

Desde ese entonces, para este joven diseñador, el crear zapatos se trata de un tema de diversidad, de apoyo a la comunidad LGBTI. Mediante sus diseños, ha logrado quebrantar y cuestionar los tradicionales prejuicios sociales que aún se encuentran en nuestra sociedad. Para él, haber logrado que sus diseños diluyan la diferencia entre hombres y mujeres -por lo menos en calzado – representa una gran victoria, ya que han gustado tanto a las personas con mentalidad liberal, como a las más conservadoras.

Con efusividad, Daniel comentó que para él es admirable que las ‘Drag Queens’ tomen el riesgo de subirse en unos tacones, teniendo en cuenta que la mayoría de sus shows están llenos de bailes y, en sus palabras, “maromas”. Para él, “entaconarse es para machos machos, y nada les pasó por ponerse unos tacones, no vulneró de alguna manera su masculinidad”.

De cierta manera, tanto Zandan, como la historia de vida de Daniel, representan la constante lucha que tiene la comunidad LGBTI contra la discriminación.

Una marca sin etiquetas

En el poco tiempo de recorrido que lleva Zandan, esta marca ha logrado perdurar gracias a dos pilares muy importantes para Uyazán: el primero de ellos es el recibimiento de la comunidad LGBTI y la visibilidad que, mediante la marca, le ha sido posible obtener a esta minoría de la población.

Otras personas que han inspirado el crecimiento de la marca han sido los familiares de Daniel. “Yo me considero afortunado, teniendo en cuenta que mi familia me ha apoyado a pesar de ser conscientes de que es un negocio poco convencional, y que además va dirigido a un sector de la población que socialmente aún está muy cargado de tabúes”. Para él, encontrar esta fortaleza en su familia ha implicado el no desfallecer ante las adversidades por las que ha atravesado con su negocio.

Su tía, una de las dos personas más importantes en su vida, fue la primera de la familia en enterarse de la orientación sexual de Uyazán. “Siempre he tenido plena confianza con ella, en cualquier cosa. Por eso fue a quien primero le conté que soy gay”, dijo. Desde el momento en que ella lo escuchó, lo ha aceptado tal y como es y ha sido uno de sus más grandes apoyos.

De la vida dentro del clóset, Uyazán recuerda con mucha gracia que en el colegio se sintió obligado a inventarse novias. Desesperado por la presión de sus compañeros, que estaban disfrutando del romance en su etapa de la adolescencia, tomó la decisión de crear historias ficticias para evadir los comentarios indolentes de sus pares. “Creo que más que todo lo hice por evitar que me hicieran más daño, como una forma de defensa”, afirmó el empresario.

La astucia y determinación de este joven emprendedor han sido los factores clave para que pudiera alcanzar el éxito que tiene actualmente. Sin embargo, no ha llegado hasta donde está sin esfuerzo. Uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado Uyazán de la mano de Zandan ha sido todo el proceso que conllevó haber ganado el apoyo de Fondo Emprender.

La carga emocional que tuvo en el momento, las responsabilidades que se le agregaron, los desafíos a los que tuvo que hacer frente y las vicisitudes de presentar su marca y no ser comprendido, fueron un gran reto para este joven emprendedor. A pesar de esto, él nunca desfalleció y determinado como él solo, manifestó con convicción: “Siempre hago el gol, como sea, pero lo hago”.