Atrapado

 

Mateo Bonilla Moreno, estudiante de Comunicación Social y Periodismo.

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Ilustración por Mateo Bonilla Moreno

En los días que la guerra destruyó la sociedad, los golpes provocados por pequeñas piedras eran balas en las ventanas. Juan, quien estaba perdido en sus pensamientos, observaba a través del cristal cómo ese terreno árido y tóxico fue, en algún pasado, un campo de malezas, mientras los diminutos meteoros trataban de regresarlo a la realidad.


Sus pensamientos ya no tenían el poder de trasladarlo a un mundo ideal, a un mundo construido por él. Todo estaba en ruinas. Pero hoy algo ha cambiado, ya tomó la decisión. La máscara de gas ha desaparecido de su rostro y Juan, ahora, se encuentra frente a la puerta que ha estado cerrada por años.


“Hay algunos que nunca logran conocer a sus ídolos, hay quienes no se otorgan motivos, hay pocos que se dan la razón”, espetó Juan para sí mismo, abriendo la puerta oxidada del último lugar en la tierra que desprendía calor y dando un paso de muerte al exterior. Abrazó los gases sulfurosos. Así terminaría un período de soledad, o iniciaría uno nuevo. Ya que la muerte no es tan terrible cuando la nada es protagonista.

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