Ciclo callejero

Martín Pinzón Lemos, estudiante de Comunicación Social y Periodismo.

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Laura Nathalia López, de Comunicación Audiovisual y Multimedios

El maldito sol rompe el sueño. Me levanto frente al cuadro de verdes y azules que es el mar norteamericano. Son las doce. Debo empezar a laburar. Paseo por la gran ciudad, al lado de naves de lujo. Estoy cercado por opulentos edificios. Llego a mi puesto cuando, mientras espero con una taza, donde se sirve café, empiezan a llover los dólares de un lado a otro. Los de Wall Street son unas perras, pienso sonriente. Tras recostarme unas horas, decido irme a gozar de los excesos de la noche.  


¡Viva la rumba! Levito por la zona rosa, bañado en alcohol. Bailo al ritmo del Pop en cada discoteca, después de aspirar el polvo de la felicidad. La gente en las filas no para de observarme. Les doy asco. Muchos se quejan, algunos murmuran, otros se ríen; sin embargo, no importa, siempre que no termine atropellado. De la nada, aparecen dos policías y entro a una patrulla.  


Minutos después, me arrojan frente a un parque. El mareo apenas permite recoger mi abrigo. La cabeza da vueltas sin control. Apilo un par de periódicos, colocándolos en un banco. Cubro el esqueleto con cartones, contemplo las estrellas. Ahí, aúllan los ronquidos.

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