VI. Preocupados y expuestos ante la galopante desinformación

La desinformación es otro de los asuntos que preocupan profunda e igualmente a la industria periodística y a las audiencias. Aunque este no es un fenómeno novedoso, el aumento en el volumen y la velocidad con la que se crean, distribuyen y consumen noticias falsas sí es un problema del que diferentes sectores de la esfera pública se están ocupando con mayor atención (Vafeiadis & Xiao, 2021). La desinformación destruye la noción de verdad en una sociedad, y en un país como Colombia, con una trayectoria de conflictos políticos y armados, se convierte también en combustible para estimular la emotividad, la polarización ideológica, y los discursos de odio.

Al respecto, la investigación del Instituto Reuters muestra que seis de cada diez colombianos (61,5%) están preocupados porque no distinguen entre lo que es real y lo que es falso respecto a los contenidos que circulan en la Internet. Únicamente casi dos de cada diez personas (18%) en el país no se muestran inquietas al respecto. En la misma dirección se pronunció el reporte de Edelman que para 2022 advirtió que la preocupación entre sus encuestados porque las noticias falsas en Colombia se utilizaran como armas había alcanzado su “máximo histórico” al registrar un 80%, cuatro puntos porcentuales por encima del promedio global (76%). Este porcentaje de preocupación, en un listado de 27 países del mundo estudiados, es solo superado por los informados en España (84%), Indonesia (83%) y Malasia (83%).

Al ser indagados por el Instituto Reuters sobre a qué tipo de noticias falsas se habían visto expuesto, casi seis de cada diez colombianos (57,8%) dijeron haberlo hecho a los contenidos políticos, mientras alrededor de cinco de cada diez personas (53,6%) se expusieron a desinformación relacionada con la pandemia del COVID-19. Ambos resultados coinciden con hallazgos de investigaciones académicas en diferentes lugares del mundo y se articulan con las coyunturas nacionales. Sobre esto último debe recordarse que buena parte de la agenda pública en Colombia en el primer semestre de 2022 estuvo copada, como se dijo antes, por las contiendas electorales. Además, durante el periodo persistieron la preocupación por la desaceleración en la vacunación contra la COVID-19 y las amenazas de nuevos picos de la enfermedad entre la población colombiana.

Investigadores como Tandoc (2021) y Peña-Ascacíbar et al. (2021) advirtieron el mismo predominio de lo político en lo que podríamos denominar ‘agenda fake’ en Estados Unidos, y en España e Italia, respectivamente. En tanto, Nieves-Cuervo et al. (2021) recordaron en su investigación que alrededor de la pandemia hubo una explosión en la producción y consumo de información entre la que se colaron rumores y manipulaciones, al punto de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) promovió el término ‘infodemia’. Los académicos destacaron, al respecto, que Colombia, junto a Perú, es uno de los países en una lista de seis naciones latinoamericanas cuyos ciudadanos reconocieron una alta incapacidad (73%) para identificar la información falsa sobre la pandemia.

Ahora, uno de los resultados del informe del Instituto Reuters que más llama la atención es la emergencia en Colombia de temáticas falsas distintas a las políticas o médicas. Estas son, las desinformaciones respecto a celebridades (actores, músicos, deportistas, entre otros), cambio climático y medio ambiente, e inmigración. Esto se puede explicar, entre otras razones, por el incremento en el consumo de contenidos –entre ellos los falsos– de entretenimiento por parte de las audiencias más jóvenes y que consultan especialmente en redes sociales (Ramos & Rodrigues, 2021). Entre estos mismos públicos, el interés por asuntos de sostenibilidad medioambiental también ha ido en aumento (Jasrotia et al., 2022). La inmigración, por su parte, es un problema que ha afectado profundamente a Colombia en la última década, en particular, por cuenta de la crisis humanitaria en Venezuela. Por desgracia, la xenofobia contra los venezolanos ha sido un terreno fértil para el crecimiento de noticias falsas contra esa población migrante que es utilizada por los extremos políticos para incrementar los miedos del electorado (Ordóñez & Ramírez Arcos, 2019).

Los fenómenos de la desinformación y la desconfianza en la institución periodística conforman un binomio en Colombia; se amalgaman. El 80% de los consultados por Edelman en 2022 considera que los periodistas y reporteros “intentan deliberadamente engañar a las personas diciendo cosas que saben que son falsas o exageraciones graves” (p. 22). Una noticia, sin duda, lapidaria para el periodismo colombiano.