¿Cómo me veo?

Valentina Gutiérrez Pulido, Comunicación Social y Periodismo

¿Cuándo se está listo para ser?, ¿para ser libre, amado, respetado?, ¿para ser valorado, aceptado? El momento en que decidimos aceptar nuestros cuerpos no está determinado por la edad.

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¿Cómo me veo?
Foto:
Unsplash, Gemma Chua-Tran

El programa Keeping Up With The Kardashians lleva 14 años al aire y el próximo 18 de marzo se lanzará la temporada 20 en donde se marcará el final de seis mujeres que han vivido una incesante búsqueda por la aceptación de la sociedad. Después de tanto tiempo, han conseguido ser admiradas por su belleza. No obstante, ninguna ha llegado a conquistar y gobernar su propio cuerpo. Kim Kardashian, por ejemplo, cumplió 40 años y aún sigue persiguiendo un cuerpo ajeno. La industria que ha creado este tipo de programas ha hecho de Instagram un espejo idílico donde es imposible mirarse y quedar satisfecho.


En un espacio como Instagram, donde habitan todos los rostros y cuerpos, es común que hombres y mujeres se comparen, sin embargo, no es sano compararse con la ficción. Kendall Jenner publicó recientemente una foto donde modelaba un bikini rojo de la marca Skims de su hermana Kim, y en pocas horas la imagen ya tenía 11 millones de likes. Al principio, sus seguidores admiraban su silueta, pero pronto comenzaron a llegar comentarios de personas que, desde el anonimato, mostraban preocupación por las consecuencias que podría tener el mensaje de un ‘cuerpo perfecto’ y más cuando ella y al resto del clan Kardashian-Jenner han sido juzgadas por mostrar cuerpos irreales con millones de dólares invertidos.


¿Es natural pensar que está bien querer vernos en el cuerpo de alguien más? Cuando miro la cantidad de influencers que han ganado seguidores por su estado físico, siempre imagino que hay alguien, en otro lugar, que los mira como espejo. Estas personas buscan constantemente seguir y parecerse a las personas que supuestamente han conquistado su autoestima. Sin embrago, cuando vemos a las Kardashians solo vemos la punta del iceberg. Basta con ver la noticia más reciente sobre el divorcio de Kim, quien en su deidad ha mantenido un matrimonio por mucho tiempo que la consumía, y ahora, sin complacerse con su belleza, tampoco se siente feliz. ¿Es así cómo se quieren ver?


La noticia de una diosa de Hollywood llegó hasta mi hogar cuando disfrutaba de una gran charla con mi mamá, de esas que solo puede tenerse entre madre e hija. Mientras hablábamos de nuestro día, escuchamos en la televisión que Angelina Jolie había dado recientemente una entrevista a la revista Vogue y entre sus declaraciones dijo que nunca se había sentido tan cómoda como ahora a sus 45 años, ni siquiera cuando era joven. Además, afirmó que para ella la vejez es una victoria ya que considera que aún no es feliz y piensa que logrará serlo dentro de unos años, a los 50, espera. Y entonces, me pregunté: ¿Por qué hay mujeres que logran aceptar su cuerpo y otras viven en la constante búsqueda de hacerlo?, ¿existe una edad establecida para lograr conseguir el amor propio? Sin tener respuestas acudí a la sabiduría de mi mamá:


–¿Te sientes mejor con tu cuerpo ahora que cuando eras joven? –le pregunté.

–Sí –dijo sin titubear– cuando era joven solía arreglarme para los demás y ahora, con esposo e hijas y con la madurez que las experiencias de vida me han regalado, me arreglo por y para mí.


Es momento de recordar una escena de la película francesa Angel-A, dirigida por Luc Besson en 2005, donde una hermosa mujer europea le dice a un hombre con poca autoestima que mire el reflejo en su espejo y le diga qué ve. Una mujer hermosa- le responde él. ¿Y al lado de ella qué ves? - pregunta ella. No lo sé- afirma el hombre desconcertado. Con frecuencia somos incapaces de reconocernos a nosotros mismos y es más fácil ver la belleza de los demás, incluso cuando ni ellos la han visto. La escena continúa, y mientras desaparece la mujer, el hombre se mira fijamente al espejo y le cuesta decirse que se ama. A causa de esto, la voz de la mujer le dice: “Mira tu cuerpo arruinado por falta de amor y de confianza, ¿no ves que merece tu atención? Entonces no rechaces este cuerpo lastimado que te soportó por tanto tiempo y nunca se quejó”.


Al ver a las Kardashians solo veo cuerpos lastimados y arruinados, lo más irónico es que quieren venderlos y hacerlos ver como ‘perfectos’. Lo que no sabe el consumidor es que al comprarlos deja su magia por replicar un acto ya desmontado. En ellas ahora muere un sol y vive entera la soledad del adiós a su reinado. No se trata de censurarlas y obligarlas a dejar de subir fotos de sus cuerpos o a que dejen de vender sus productos, se trata de llamar la atención de aquellas y aquellos que las ven como el único prototipo de belleza y pretenden imitarlas cuando saben que para eso necesitan millones de dólares.


Entre más vemos nuestro reflejo, a través de la mirada de miles de personas, más insatisfechos nos encontramos con nuestros cuerpos. Para aceptarnos, debemos entender que el momento indicado no está determinado por las personas que nos ven ni por la edad que expone nuestra piel, sino por el momento en que cada persona decide verse como el sol irrepetible que es, cuando deciden mirarse ante su reflejo y decirse que se aman.

¿Cómo me veo?
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